eL general Narváez subió al poder y un gobernador provincial no tardó en felicitarlo. Entonces alguien cercano le recriminó así la osadía: Hombre, usted felicitó a Espartero, a la coalición que lo derribó, a la Unión Liberal... digamos que es muy voluble y cambia con suma facilidad de chaqueta. Y el quedón profesional respondió: ¿Yo voluble?, un respeto, caballero, yo siempre he profesado la misma vocación, ser gobernador civil. Traigo aquí la anécdota porque recuerda a la sempiterna vocación de algunos, que resulta ser la de corregidores, enmendadores, saltadores de vallas, lo que la voz de la calle y, sobre todo, de los antiguos afines señalaría como tocapelotas. Más que políticos parecen columnistas.
Y es que este fin de campaña se han dado a conocer militantes de algo que en público desertan de tal condición. Contábamos ya con el testimonio -vaya expresión, esto es el Diario de Patricia- de ex votantes de IU, EA, PNV y Aralar, y ahora salen a la palestra -ésta, de Aquí hay Tomate- las estrellas descontentas del PSOE. Las razones de tanta renuncia van desde el humano cabreo por no haber sido incluidos en la lista hasta el cabreo humano al comprobar que lo que uno esperaba de los suyos dista de cumplirse. Luego existe una lógica carente de humanidad, esa que anima a Txillardegi a dejar Aralar y retornar al redil debido a que su ex partido asistió al homenaje ofrecido a las víctimas en el Euskalduna. Sin duda no hay color entre ese pecado mortal y la venial muerte de dos jóvenes en Barajas y un anciano en Arrasate, acontecimientos sucedidos en la rua que aún no han condenado sus resucitados amiguitos.
No cabe, sin embargo, confundir los términos. Porque no es lo mismo plantarse antes de que se ponga en marcha la ruleta y fichar por otro equipo después. Una cosa es el tocapelotas, otra el chaquetero y otra el tránsfuga. Es raro que coincidan en un solo sujeto las tres cualidades, y al que lo logra se le suele llamar hijoputa, con mucho cariño y sin ningún matiz ideológico. El tocapelotas, en cambio, hace escaso daño a sus pasados correligionarios, pues su autoestima es infinitamente más alta que su influencia. Estos días leemos cartas en las que despechados miembros de cualquier tribu expresan su intención de abandonarla. Pues muy bien. Es como si uno abandona a su novia y escribe a este diario -o al de Patricia- para explicar su desapego y aconsejar que nadie se acerque a la muchacha. No pasará una semana sin que ella se busque otro maromo y todo vuelva a su ser. Uno, a ser un don nadie. Y ella, a mandar. |