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Colaboración
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¿Quién remunera el esfuerzo?
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Patxi Echeverria
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EN un Acto celebrado en Bilbao sobre la "Sosteniblidad económica de Euskadi" el Presidente de CEBEK, José María Vázquez Eguskiza, señaló con acierto que se estaban perdiendo los valores de responsabilidad y esfuerzo que habían hecho posible nuestro desarrollo industrial y que "sería conveniente enviar claros mensajes a los jóvenes sobre el valor del trabajo".
¿Es que los jóvenes lo tienen demasiado fácil y tratan de eludir el esfuerzo? Posiblemente. Pero sin embargo las estadísticas dicen que ninguna generación anterior había hecho, en proporciones similares, el esfuerzo de pasar los exámenes que acreditan una titulación académica o de idiomas. Y tampoco se había visto nunca una participación tan masiva de jóvenes en trabajos voluntarios de ayuda al Tercer Mundo o de socorro desinteresado, como se ha evidenciado en algunos desastres ecológicos.
Pero ¿cual es el mensaje sobre el trabajo que hoy reciben los jóvenes? Pues reciben una avalancha de mensajes negativos respecto al valor del esfuerzo y la responsabilidad.
El empresario tradicional del País Vasco no es hoy en día correctamente valorado y sus innegables cualidades quedan empañadas por un confuso reproche de explotación o insolidaridad. Esta presunción la transmiten, directa o subliminalmente, muchos teóricos sociales, católicos progresistas, sindicalistas y comunicadores que la amplifican a través de los potentes medios de comunicación. Incluso lo hacen también los políticos conservadores cuando les toca afrontar un caso de deslocalización de salida, por supuesto no de llegada.
Y, juntamente con esas valoraciones, la sociedad envía diariamente a los jóvenes un mensaje rotundo sobre la posibilidad de obtener el éxito sin esfuerzo a base de recomendaciones, privilegios o concesiones excepcionales que nada o muy poco tienen que ver con el trabajo. Todos los días llega un mensaje nuevo sobre lo fácil que es conseguir una posición determinada a través de influencias más que de méritos, sobre lo fácil que es enriquecerse sin esfuerzo desde un pequeño Ayuntamiento, desde una ONG o desde el propio Banco Mundial.
Por todo ello resulta muy oportuna la recomendación del Presidente de CEBEK, especialmente por el auditorio ante el que la ha realizado, empresarios y políticos.
Efectivamente los políticos pueden enviar con los hechos un mensaje tajante de que no es posible el enriquecimiento fácil a base de la especulación o los privilegios en connivencia con los Poderes Públicos. Recuérdese que todos los escándalos que se atribuyen a la denostada, por liberal y privatizadora, Ley Española del Suelo, absolutamente todos, han pasado por el trámite de una autorización o licencia administrativa, facilitada por los políticos elegidos en cada pueblo.
En segundo lugar, los empresarios también pueden enviar un mensaje claro a los candidatos a un nuevo empleo de que valoran el esfuerzo hecho en sus estudios y remuneran su trabajo en consonancia con su cualificación, sin que se vean sometidos a los criterios sindicales que llevan tantos años primando la igualdad y la antigüedad, nunca la capacidad y la eficiencia. Es hora de que también los sindicatos ayuden a los empresarios a no dejar atrás a los jóvenes.
Y a los que entran a trabajar sin estudios previos también los empresarios pueden mandarles un claro mensaje de que su esfuerzo en el trabajo y su eficiencia van a ser recompensados con un aumento de sus salarios, no mediatizado por la productividad ajena, y de que, después de un periodo de prueba, serán aceptados a participar de pleno derecho en el proyecto de la empresa.
Es probable que estos mensajes motiven a los jóvenes para continuar un esfuerzo que muchos están deseando realizar. Porque de lo contrario, si el ser empleador, es decir crear empleo, está infravalorado o socialmente bajo sospecha, y si como empleado tampoco se van a ver reconocidos el mérito y la eficiencia, que nadie se extrañe de que los jóvenes, inteligentemente, opten por ser funcionarios, dada la ventaja hoy de calidad comparativa de un empleo público.
La sociedad envía un mensaje sobre la posibilidad de obtener el éxito sin esfuerzo
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¿Es que los jóvenes lo tienen demasiado fácil y tratan de eludir el esfuerzo? |
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