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José Mari Luzarraga lleva dos años estudiando las economías países emergentes. Foto: zigor aldama |
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José Mari Luzarraga
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«Hay que crear empresas globales con el corazón en Euskadi y así no destruiremos empleo aquí»
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Tras casi dos años analizando sobre el terreno los países que más están actuando en la Globalización (China, India, México y Brasil), José Mari Luzarraga muestra una visión diferente sobre las estrategias que las empresas vascas deberían tomar para tener éxito.
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investigador de MonDragon Unibertsitatea
Zigor Aldama
shangHai. En este tiempo, Luzarraga ha tenido acceso a decenas de implantaciones productivas, y se ha entrevistado con empresarios y trabajadores vascos cuya labor se desempeña en el extranjero. El resultado lo componen miles de estadísticas que guarda en su ordenador portátil, y que en septiembre presentará en forma de tesis doctoral. En su opinión, los datos nunca mienten, y evidencian que «la globalización productiva ya no es una opción, sino una necesidad vital para las empresas».
¿Por qué?
Porque, la competitividad y supervivencia a largo plazo de las empresas industriales pasa por el éxito en los mercados globales. De la mano de las ventas internacionales es necesario buscar el lugar idóneo para producir cada cosa, y para ello es necesario un análisis pormenorizado que dé como resultado una estrategia empresarial sólida. La cuestión no es si hemos de internacionalizarnos, sino el cómo hacerlo.
¿Qué opciones ve?
En mi opinión, el éxito de una empresa puede verse, generalmente, en la creación de empleo, tanto en la matriz como en las plantas del extranjero. El objetivo es implantar un modelo sostenible que permita crear empleo y beneficios. Al contrario de la creencia mayoritaria, los números prueban que las empresas que más empleo han creado en casa son también las que han llevado fuera la producción, por lo menos en las cooperativas de Mondragón. Esto no es deslocalización, sino una globalización sostenible que permite un crecimiento estable.
¿Qué es entonces la deslocalización?
Se denomina deslocalización al modelo que cierra una planta o actividad productiva en un lugar concreto para llevarla inmediatamente a otro, habitualmente con menores costes productivos. Eso conlleva la pérdida de empleo en la matriz, y la creación en el exterior, generalmente en los denominados LCCs ('low cost Countries', países de costos reducidos). En general, es producto de una estrategia reactiva, que muestra cómo una empresa se marcha fuera obligada por no haber sido capaz de anticiparse a los cambios de los factores externos.
¿Quiere decir que no toma la iniciativa?
Exactamente. El modelo más positivo es aquel en el que una empresa se adelanta a los acontecimientos y da el primer paso. Es el caso, por ejemplo, de Irizar. Un buen ejemplo de cómo se puede internacionalizar la producción incrementando, a su vez, la fuerza laboral en casa. Hay que crear empresas globales con el corazón en Euskadi. De esta forma, no se destruirán puestos de trabajo aquí, y, a su vez, permitirá a las empresas vender sus productos en mercados muy apetecibles, y que aumente también su productividad.
Sin embargo, muchas empresas deciden producir en otros países para vender luego en nuestro mercado. ¿Es acertada esa estrategia?
Para nada. Quienes se internacionalicen deben tratar de abrirse camino en mercados internacionales, porque ahí está el futuro. Las ventas en el extranjero tienen que ser importantes para que una empresa, salvo casos muy puntuales, sea viable. Un buen ejemplo lo encontré en una pequeña empresa vasca que produce componentes de telefonía móvil en China y los vende en México.
No obstante, a pesar de lo que se piensa habitualmente, las filiales fuera no son rentables, ¿por qué?
En muchos casos porque se han establecido fruto de una reacción, en general tardía. Por ejemplo, las empresas de componentes de automoción se marchan, en muchas ocasiones, porque también lo hacen sus principales clientes, y no les queda otra alternativa. En cualquier caso, hay que concebir las plantas en el extranjero como proyectos a largo plazo. También somos muy dados a encorsetarnos en las planificaciones hechas previamente al desembarco en el país, como era de esperar casi nunca acertamos y los proyectos acaban por ser cuestionados constantemente fruto de unas irreales expectativas creadas.
Ha visitado cuatro países que le quitan el sueño a mucha gente, ¿qué diferencias encuentra?
En primer lugar, no hay duda de que China se está convirtiendo en una superpotencia cuyo poder se siente en todas partes. En México, por ejemplo, aunque los indicadores del país son positivos, se vive una crisis creada porque China está haciendo de imán para la industria estadounidense, uno de los pilares de su economía. No es de extrañar cuando hasta las vírgenes de Guadalupe llevan el 'made in China'. Sin embargo, creo que la rentabilidad de las industrias en México es mayor que las de China, y su calidad también.
¿Se podría hablar de dos bloques diferenciados: China e India por un lado y México y Brasil por otro?
Es cierto que comparten elementos comunes. La dificultad para establecerse en Asia es mayor, pero también lo son las perspectivas de futuro. Sin duda, el ritmo al que se mueven los latinoamericanos es mucho menor. Incluso hablaría de un estancamiento en Brasil, que sólo crece un 3%. En 2006, por primera vez, la inversión extranjera en Brasil fue menor que la de empresas brasileñas en el exterior. Para producir, China e India son mucho más atractivas, porque los costos son más bajos y la calidad está en aumento.
¿Es tarde para establecerse en estos lugares?
Salvo en India, que vive su momento dulce, sí. Pero en China, por ejemplo, aunque es tarde, es necesario. Con lo cual, cuanto más tarde, peor. En Brasil y México, el panorama es más complicado, y depende del sector específico del que hablemos.
¿Qué me dice de 'Chindia'?
Es un concepto en alza que supone tener en cuenta a China e India como economías complementarias y, por lo tanto, como elementos de una estrategia empresarial común. Tampoco podemos olvidar que más de un tercio de la población mundial vive en estos dos países, y la capacidad adquisitiva de estos 2.400 millones de personas está creciendo rápidamente, lo cual los convierte en un jugoso pastel para quienes quieren vender sus productos. La mayoría de los responsables de empresas vascas en China no conoce India y viceversa, y eso es un error que se debe subsanar lo antes posible.
¿Oportunidad o amenaza?
Oportunidad, sin duda. Se abre un nuevo mundo de esperanzas no sólo para nuestras empresas sino para un tercio de la población mundial. Pero tenemos que estar preparados y pensar que por taparnos los ojos no dejan de suceder cosas. El modelo de imperialismo estadounidense toca a su fin, y hay que asumir que China e India juegan ya un papel principal en la economía mundial y, poco a poco, también en la política. Eso sí, para que este mundo globalizado funcione correctamente, se debe reforzar el papel de las instituciones internacionales.
La última fase de su investigación le llevará a Europa del Este. ¿Qué espera encontrar?
La verdad es que no lo sé, a pesar de que haya estudiado sus magnitudes e historia económica reciente y entrevistado a algunos responsables de empresas vascas allí creo que es fundamental ir con el folio en blanco y los ojos muy abiertos. Me han sorprendido muchas de las cosas que he visto en estos dos años, y creo que, en muchas ocasiones, nos guiamos por tópicos que tienen poco que ver con la realidad. Tengo cierta curiosidad por Rusia, la visité hace cuatro años y actualmente está sorprendiendo positivamente a muchas empresas vascas. Están comprando mucho y se ha disparado el interés en este país, el cuarto BRIC (Brasil, Rusia, India y China) despega.
sus frases
"China es una superpotencia cuyo poder se siente en todas partes"
"La supervivencia de las empresas industriales pasa por los mercados globales" |
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