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Las cuevas de Sara, muy dañadas en las inundaciones, no abrirán este verano
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es una de las zonas más frecuentadas de iparralde, con 110.000 visitas al año. La fuerte tromba de agua de mayo arrasó la instalación eléctrica y de sonido y destrozó puentes y paseos enlosados.
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La tromba de agua, que alcanzó los dos metros, arrasó la infraestructura interior. Foto: J.m. Ondikol
Lander santamaria
donostia. En su interior cuentan que se conservan 45.000 años de prehistoria y 2.000 de historia, pero eso, aunque sigue siendo real, se podía disfrutar hasta hace un mes porque la violenta tormenta que descargó entre la noche y la mañana de los días 3 y 4 de mayo, la ha dejado irreconocible.
La tercera zona más visitada de Iparralde está cerrado y se mantendrá así durante todo el verano y hasta una fecha indeterminada, el tiempo que sea necesario para que su limpieza y reconstrucción permitan el acceso del público.
El alcalde de Sara, Jean Aniotbehere vive uno de los peores momentos que ha sufrido la villa de Sara: "Esperábamos abrir a finales de junio o primeros de julio, pero va a ser completamente imposible, es mucho peor de lo que pensábamos", explica. "A consecuencia de la muy violenta tormenta que se abatió la noche (...) el País Vasco (sic) y el valle de la Nivelle (el río Ugarana que discurre también por Urdazubi) las cuevas de Sara sufrieron daños muy importantes. El lugar pues está cerrado a las visitas hasta nueva orden, y todas las reservas de grupos han sido anuladas. Le pedimos que informe a sus visitantes con el fin de evitarles todo desplazamiento inútil", advierten las agencias de turismo de Bayona, Biarritz y San Juan de Luz que mueven a miles de turistas hacia Sara.
La regata, que los trabajadores saratarras conocen por Lezia (igual que la gruta, de lezea (cueva) de toda la vida y que podría ser la de Lizuriaga, afluente del Ugarana, se desbordó el 3 y 4 de mayo de tal forma que arrastró todo cuanto encontró a su paso, cruzó de lado a lado por el interior de la cueva y depositó montones de ramas, piedras y barro que alcanzaron entre uno y dos metros de altura. Todavía sus efectos son visibles a la entrada, y en el mismo interior, aunque lo mayor ya ha sido retirado y entre la oscuridad apenas se puede advertir nada.
Toda la instalación eléctrica y de luz y sonido han sido arrasados, lo mismo que los puentes y los paseos enlosados, y también el sistema domático creado por Yves Genet, un especialista en física e incansable investigador. Ayudándose de las leyendas de literatura vasca (especialmente las de aita Joxemiel de Barandiaran que vivió en Sara exilado durante la Guerra Civil y desarrolló aquí algunos de sus trabajos más importantes), el físico y escultor creó con la técnica del láser un espectáculo visual con hologramas que hacían todavía más atractiva la visita, pero que también ha quedado destrozado.
"Vasco de origen desde el alba de la humanidad...", califican los saratarras a los prehistóricos pobladores de la cueva, cuyas figuras se representan también en el parque exterior que completa las instalaciones. La gran obra del encuentro del agua y la tierra que nos invitan a visitar, estará cerrada en verano.
El año pasado, 110.000 visitas Sara, declarada una de las villas "más bonitas de Francia" y que vive, por encima de la ganadería, de la cantera y transformación existente, y de la hostelería y el comercio, se ha llevado un buen golpe con el cierre de sus cuevas. Por fortuna, con ocasión del incendio que arrasó el campanario de la iglesia donde Pedro de Agerre y Azpilikueta, el escritor Axular, fue párroco, el Ayuntamiento había sido previsor y actualizado las pólizas de seguros de todos sus recursos turísticos incluida la "pérdida de negocio", por lo que el percance es muy grave pero menos.
Sin embargo, la villa tiene otros recursos (tren de Larrun, museos varios, parque zoológico,...) que la hacen igual de atractiva. Con todo, este verano deberá afrontar la falta de ingresos que suponen las entradas a las cuevas, que acogieron a nada menos que a 110.000 visitantes durante el pasado año 2006.
El alcalde de Sara inspecciona los daños. Foto: J.m. Ondikol |
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