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Mesa de redacción
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Los poderosos
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Oscar Subijana
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dando un repaso a las fotografías de la última cumbre del G8 celebrada en Alemania uno repara en el mastodóntico presupuesto que los más ricos emplean en dos días de reuniones, al final, infructuosas. Del país bávaro no ha salido un documento concreto, con cifras de inversión, con fechas de aplicación. Eso sí. La anfitriona, Angela Merkel, ya se ha puesto la medalla de los logros. Porque asegura que todo lo pactado de palabra durante la cumbre será plasmado en el papel en la próxima cita en Bali. Como en otros cónclaves de alto nivel, el presidente de EE.UU., George Bush, marcó el tono negativo al rechazar que un papel con datos concretos registre su firma. Ni apoya las medidas para evitar el cambio climático ni lo va a hacer en el futuro. La maquinaria americana de producción de energía no puede permitírselo. En el lado positivo, los más ricos sí llegaron a pactar una amplia partida de millones de dólares para mejorar la deprimente situación de los países más pobres. Ahora bien, si les dejan, los todopoderosos mandatarios serían capaces de gastarse en 10 cumbres como la de esta semana la limosna que han decidido destinar a los más desfavorecidos que, por otra parte, nunca llegará en su integridad. El circo de los poderosos, el intercambio de gestos de poder, los abrazos de los que mandan, las decisiones que condicionan un futuro incierto, la cumbre alemana nos coloca a todos ante un grupo de mandatarios que actúan con escasos escrúpulos, y que con sus decisiones, condicionan los niveles de aplicación de la libertad en otros estados. Es deprimente administrar desde un balneario el desarrollo de aquellos países que sólo buscan tener salud como forma de acabar con los males que más les preocupan. El hambre, el sida, pandemias muy alejadas de un G8 que es puro teatro. |
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