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Josu Sarriegi se echa las manos a la cara ante la mirada de Aranzubia y Forlán. |
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villarreal-athletic el análisis
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La última oportunidad
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Gontzal Suances
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EL Athletic malgastó ayer en Vila-real la última ocasión que tenía de finiquitar el tremendo sufrimiento con el que viene conviviendo desde que comenzara la competición. Mané ordenó un 1-4-4-2 bien aposentado sobre el césped de El Madrigal para comenzar el choque ofreciendo una esperanzadora imagen de juego, además de plasmar con todas las de la ley, que existían verdaderas esperanzas de poder doblegar a los castellonenses.
Aduriz y Etxeberria comenzaban el trabajo defensivo en tres cuartos de campo, posibilitando tanto que la línea de cuatro centrocampistas como la defensa rojiblanca pudiesen defender al Villarreal bastante alejados de la meta defendida por Aranzubia. Con ello, además de alejar de su propia portería el peligro que podría suponer Forlán, los bilbainos conseguían recuperar bastantes balones en zonas claves, otorgando a los de Mané la posibilidad de efectuar las transiciones defensa ataque mediante una posesión de balón muy aceptable.
Así llegaron un par de buenos contragolpes del Athletic, configurándose como la antesala del gol de Iraola y abriendo una pequeña puerta a la esperanza de concluir de una vez por todas con los fantasmas del descenso.
Penalti decisivo
Quizás a partir del gol el equipo comenzó a defender algo más replegado en propio campo y ello posibilitó a los de Pellegrini tener más presencia en zonas de riesgo para el Athletic. Para ser justos, los bilbaínos fueron bastante superiores al Villarreal durante la primera media hora de juego, justo hasta el instante en el que Ustaritz protagonizaba la discutida jugada de pena máxima que a la postre iba a significar el comienzo del fin para el Athletic.
Forlán aparecía para transformar el penalti y dos minutos más tarde se hacía cargo de uno de los tradicionales desajustes defensivos con los que los bilbainos se han ido condenando a los puestos que ocupan en la tabla actualmente.
Eso es lo que le duró al equipo de San Mamés la ilusión por alcanzar la victoria, haciendo gala a partir de este momento del atenazamiento y nerviosismo propios de los equipos que sufren como nadie los rigores de ocupar los últimos puestos de la tabla. Cualquier detalle adverso incide muy negativamente sobre equipos como el Athletic, siendo este aspecto precisamente, junto a sus propias limitaciones de juego, el que llevara a los futbolistas rojiblancos a completar una nefasta segunda mitad de juego.
Para más desgracia, el autogol de Ustaritz, el séptimo en propia puerta del equipo en lo que va de temporada, acababa por anular cualquier atisbo de remontada y dejaba la victoria final en bandeja para un cómodo Villarreal.
Demasiados altibajos
El guión volvió a cumplirse con extrema rigidez, ofreciendo el Athletic demasiados altibajos de juego y sobre todo, de estado anímico. Capaces de hacer bien las cosas en determinadas fases del juego, los leones también son propensos a perder el norte en cuanto algo no funciona bien dentro del campo y eso el equipo lo está notando con crudeza.
Pese a la derrota del Athletic ayer en Vila-real y, teniendo en cuenta los resultados de la trascendental jornada disputada anoche, lo cierto es que los leones de San Mamés dependen de ellos mismos para lograr salvar la dura papeleta en la que se ha convertido la salvación esta temporada.
Con la objetividad que ofrece la realidad futbolística de los equipos implicados en el descenso, era más que previsible que los rojiblancos iban a tener que jugársela en la última jornada en San Mamés ante el Levante.
La visión experta
Iraola abrió una pequeña puerta a la esperanza de concluir con los fantasmas del descenso
Para más desgracia, el autogol de Ustaritz acababa por anular cualquier atisbo de remontada |
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