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Xavier, Iker, Gaizka, Argiñe, Kepa, Sonia, María Ángeles, Ibon y Vicente, entre otros, llegados de Usansolo, Igorre, Lemoa, Alcanalí y Pedreguer. |
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Villarreal-athletic el ambiente en el madrigal
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Un lugar llamado 'Milagros'
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Más de 2.000 seguidores del Athletic tiñeron ayer de rojo y blanco la tranquila Vila-Real. El equipo rojiblanco no caminó solo en tierras castellonenses. Sus aficionados dieron toda una lección de comportamiento, pese al resultado adverso.
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VILA-REAL. Ibon es de Amorebieta pero reside en Alcanalí, en el interior de Alicante. Cosas del destino, caprichos del corazón. Su cuñado, Vicente, es de Pedreguer, a unos diez kilómetros de Alcanalí… "y del Athletic de toda la vida", dice, como si le ofendiera la simple posibilidad de que alguien pensara que su pasión rojiblanca tiene algo que ver con el novio vizcaino de su hermana. Ibon y Vicente se conocen desde hace poco más de un año, pero podrían pasar por amigos de la infancia al verlos ahí, de espaldas al estadio de El Madrigal, elegantísimos los dos con sus impecables camisetas del Athletic, fundidos en un abrazo, una mano por encima del hombro amigo, en la otra un vaso de cerveza. Ibon y Vicente cogieron su Renault Megane a las cinco de la tarde, y para las seis y media se habían plantado ya en el Hotel Palace de Vila-Real, con el tiempo justo para recoger sus dos entradas, un tesoro que por nada del mundo estaban dispuestos a cambiar. Ibon y Vicente miraban, y volvían a mirar, y echaban un nuevo vistazo, pero no acababan de dar crédito a la imagen que se presentaba ante sus ojos: la tranquila, destartalada y pacífica ciudad de Vila-Real, el paraíso de la industria de la cerámica, invadida por centenares de hinchas rojiblancos. "¿Cuántos se calculaba que vendríamos? ¿2.000? Pues yo creo que aquí hay más", decía Jon, también de Amorebieta, amigo de Ibon y, como él, con la carne de gallina cada vez que decenas de gargantas entonaban el "Altza Gazteak", o cuando alguien emitía un irrintzi, o cuando un coro de voces blancas y rojas recordaban que aquélla era y que allí estaba la afición de San Mamés.
A las siete de la tarde, dos horas antes del inicio del partido, los aledaños de El Madrigal, viejas y modestas casas de barro de tres alturas, a lo sumo cuatro, sonaban como Pozas en las grandes (y tan lejanas) tardes de gloria rojiblanca. El repertorio, la verdad sea dicha, no se ha enriquecido en exceso en los últimos tiempos, quizás porque estamos en época de vacas flacas, tal vez por culpa de las poquísimas alegrías. "¡Julen, Julen" o "¡Cuco, Cuco" gritaban algunos, los más nostálgicos. Otros recordaban a los divertidos y amables vecinos de Vila-Real que, por mucho que el Submarino Amarillo surque hoy las aguas de la abundancia, de los éxitos y de las competiciones europeas, no siempre fue así, y que el Athletic fue, es y será un trasatlántico de Primera, con mayúscula. A otros les invadía la vena poética y componían irónicos cánticos, jugando con la victoria ante el Villarreal y el descenso de la Real…
A las siete y cuarto de la tarde, el Bar Milagros era el epicentro de la fiesta rojiblanca, quizás por aquello de su nombre y por el capote divino que, a tenor de la clasificación liguera, necesitarían los leones para derrotar al conjunto castellonense. Los hinchas rojiblancos estaban ya eufóricos. A más de uno comenzaban a pasarle factura las horas de coche y autobús, a traicionarle el vino que regó la comida en el Jardín de Alaska, allí donde más de 200 hinchas se sumaron a la invitación de la Peña Vila-Real del Athletic. A esa misma hora, a 300 metros del Bar Milagros, llegaba a El Madrigal el autobús de los leones, que fueron recibidos por unos 300 aficionados. A las ocho y cuarto de la tarde, instalados en el córner de la Tribuna Norte, la hinchada rojiblanca ya calentaba motores. Allí, con una mano en el hombro vecino y la otra en una cerveza, esta vez "sin alcohol", Ibon y Vicente se sentían afortunados de estar allí, y todo lo que le pedían al destino era un feliz regreso a Alcanalí y a Pedreguer. No pudo ser y tocará sufrir hasta el último minuto de la última jornada. |
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