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Segismundo López-Santacruz, en una imagen de archivo de su época de director del aeropuerto. Foto: firma |
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La auditoría en el aeropuerto de Bilbao detectó "irregularidades generalizadas"
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La autora del informe asegura que "nunca había visto nada semejante" en toda su carrera profesional.
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Aitziber Atxutegi
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Bilbao. La auditora que detectó las irregularidades en las contrataciones realizadas desde el aeropuerto de Bilbao aseguró ayer en el juicio contra su ex director, Segismundo López-Santacruz, que en toda su experiencia laboral, "y he hecho cientos" de auditorías, "nunca había visto nada semejante". Su jefe en Aena, José Juan Cuesta, ratificó que "por la magnitud, relevancia continuidad e importe" ha sido la auditoría "más significativa" en cuanto a número de problemas que reveló, "y hago unas cuarenta al año", añadió.
Mª Carmen Ruiz Conde explicó ayer que las irregularidades fueron "muchas, muchísimas más de lo habitual", en expedientes "de cantidades elevadas, no eran expedientitos". La auditora admitió que "en todo los aeropuertos se cometen errores", pero lo que descubrieron en el de Bilbao "no lo había visto nunca, de esta magnitud y de forma tan repetitiva". "Se incumplían la práctica totalidad de los procedimientos", afirmó.
Lo primero que les llamó la atención fue el alto porcentaje de expedientes que se adjudicaron de forma directa sin concurrencia -invitando únicamente a una empresa, "algo que debe ser muy residual"-, que alcanzó el 40%, un porcentaje "inusual" y para el que "no había justificación", cuando en Lanzarote fue de un 6%, y en Barajas o Barcelona un 1%. "Y no creo que hubiera más urgencia por terminar las obras que en otros aeropuertos". También detectaron una "excesiva concentración" de las adjudicaciones a dos empresas que alcanzaron ellas solas el 92% en 2000.
Ambos auditores ratificaron que había irregularidades en todas las fases de la tramitación de los expedientes, de forma "generalizada". Entre otras, Ruiz Conde relató cómo "les chocó" que algunas de las tiendas se adjudicaran a empresas sin ningún tipo de experiencia, cuando "era motivo de descalificación inmediata"; se contrataran obras 500 pesetas por debajo del límite para no tener que pasar por los servicios centrales de Madrid; había expedientes adjudicados a la oferta más cara sin justificación técnica; se copió el mismo proyecto en expedientes de obras diferentes; se pagó un bordillo a 26.000 pesetas el metro, cuando el precio de mercado era 1.464, o se compró "una televisión y un equipo climatizador que luego nadie encontró". "También había facturas por 318 millones de pesetas, un cajón de sastre de partidas sin desglosar", concluyó. |
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