MADRID. El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, proclamó ayer que la "transición, la libertad y la democracia" no hubieran sido posibles sin la aportación, el esfuerzo y el compromiso de los trabajadores y de los sindicatos.
En un homenaje al histórico dirigente vasco de UGT, Nicolás Redondo Urbieta, con motivo de su ochenta cumpleaños, Zapatero subrayó que Redondo pertenece a una generación de españoles que "sí ha estado a la altura de las circunstancias" en unos momentos políticos difíciles. "Habéis dejado un país, una España, por la que merece la pena dejarse la piel", agradeció el jefe del Ejecutivo, quien destacó además que el Estado español, tras 30 años de democracia, es un país "que se puede admirar a sí mismo".
En presencia del propio Redondo, del actual líder de UGT, Cándido Méndez, del ex presidente de la CEOE José María Cuevas, del líder de CC.OO., José María Fidalgo, o del ex secretario general de PCE Santiago Carrillo, Zapatero se mostró "orgulloso" de presidir un país que "es admirado y respetado" en todo el mundo y que tiene como "señas de identidad" la paz, la igualdad, la justicia y la solidaridad.
En este sentido, se refirió a los inmigrantes y afirmó que "no vamos a permitir que explote a nadie, tenga el color de piel que tenga".
Sobre la política económica, abogó por un empleo estable y de calidad gracias a la conversión de contratos temporales a fijos y por "ganar la batalla" a la siniestralidad laboral con una estrategia "de largo alcance" que reduzca en un 25% los accidentes en el trabajo.
En un tono de complicidad, ya que Zapatero también es militante de UGT, el jefe del Gobierno se refirió también a las relaciones, a veces difíciles, entre el PSOE y la central sindical. Se mostró convencido de que el "divorcio" entre la UGT y el PSOE en los años 80, las dos huelgas generales, y la renuncia de Nicolás Redondo a su escaño en el Congreso, fue una "crisis de madurez necesaria" porque, a su juicio, en democracia "cada uno debe estar en su sitio", aunque confesó que la crisis en la familia socialista tuvo también "un punto de esquizofrenia" por la doble militancia de la mayoría de sus afiliados.
En compañía de la familia y amigos de Nicolás Redondo, como el Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, o el escultor vasco Agustín Ibarrola, Zapatero rindió un sentido homenaje al veterano sindicalista, "protagonista de las tres décadas más brillantes de la historia de España" y ejemplo -dijo- de una vida de trabajo dedicada a los demás. "¡Viva la UGT, vivan los trabajadores y vivan los Redondo!", concluyó Zapatero. >Agencias |