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Kortabarria posa para el fotógrafo en la sede de ELA en Bilbao. El próximo 5 de julio cumplirá 58 años, la edad límite permitida por ELA para sus dirigentes. Foto: roberto zarrabeitia |
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germán kortabarria
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"Me ha tocado hacer sindicalismo en una época difícil"
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El 'número dos' de ELA abandona la ejecutiva del sindicato este próximo martes después de toda una vida consagrada a edificar y hacer crecer la organización. A pocos días de su marcha, el veterano líder hace memoria de su trayectoria y de la historia laboral y política reciente de Euskadi.
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secretario general adjunto de ela
ibai cereijo
bilbao. Germán Kortabarria se toma su tiempo para ilustrar con detalles los hechos acaecidos durante los últimos 30 años. Hay mucho que contar, es la historia de toda una vida. Es consciente de que "la vida no acaba aquí" y se va "muy contento" con el trabajo realizado.
¿Le da pena dejar el sindicato?
Los ciclos se acaban. He cerrado una etapa que ha sido muy interesante y muy rica. Creo que las cosas se han hecho bien y, en la pequeña parte que me toca, me siento muy contento. La vida no acaba aquí.
¿Se va completamente?
Todavía puedo serle de utilidad al sindicato, pero naturalmente me alejaré de las tareas de responsabilidad. La gente tiene que tener el campo libre para actuar según sus criterios.
¿A qué se va a dedicar?
Quiero dejar constancia escrita de algunos debates que se han producido dentro del sindicato en estos años.
Ha sido militante de ELA durante casi 40 años y ha pasado los últimos 19 en el comité ejecutivo. ¿Ha visto los frutos de su labor?
Me ha tocado hacer sindicalismo en una época especialmente difícil. Las relaciones laborales están cambiando, pero ELA está sabiendo responder. No hemos hecho un sindicalismo mecánico, sino de respuesta, de cuestionamiento. La afiliación y el nivel de representación nos dicen que muchos trabajadores enlazan con este modelo. En cuanto a los frutos en las condiciones de trabajo, también son importantes. Ahora estamos intentando establecer barreras a la precarización.
Usted fue el primer liberado de ELA antes de la legalización de los sindicatos. ¿Cómo recuerda aquellos inicios, sin un marco de ganarías legales, bajo amenaza de persecución?
Yo empecé a militar en mis tiempos de estudiante y me convertí en liberado a finales del 75. Cuando murió Franco, yo andaba buscando un local para el sindicato en Donosti. Mi trabajo era fundamentalmente de abogado, aunque me tocaba hacer de todo. La mera participación en una huelga era causa de despido, así que en los primeros conflictos en los que participé hubo muchos despidos.
¿Cómo fueron los primeros años que siguieron la muerte de Franco?
Desde la muerte del dictador hasta 1979, hubo grandes incertidumbres sobre el modelo sindical que se iba a implantar. Nosotros salíamos de la clandestinidad con un grupo preparado y entusiasta pero muy reducido y desigual geográficamente. Nuestro principal objetivo era sobrevivir.
¿Recuerda alguna anécdota que ilustre el ambiente de aquella época?
Una vez nos reunimos en Azpeitia para preparar los estatutos de ELA, y a la vuelta nos pararon en un control. Llevábamos los estatutos de varios sindicatos europeos y al 'gris' que inspeccionó el coche aquello le sonaba muy raro. Entonces, el que iba conmigo le dijo que yo era abogado de sindicatos. Nos dejó ir porque aquello seguramente le sonó al Sindicato Vertical.
¿Cómo recuerda la pugna que precedió a la aprobación del Estatuto de los Trabajadores entre el modelo de gran sindicalismo estatal, protagonizado por UGT y CC.OO., y las organizaciones de ámbito regional que trataban de hacerse un hueco?
Se llegó a plantear un modelo de sindicalismo único, como en Portugal. En 1979 se negoció el Estatuto de los Trabajadores, que iba hacia un modelo de negociación colectiva con enormes resortes de centralización. En ese esquema, el convenio de ámbito superior se imponía al de ámbito inferior. Era una estrategia para hacer desaparecer al sindicalismo que no fuera de ámbito estatal.
Sin solución de continuidad, estalló la crisis industrial de los años 80…
Nuestro trabajo consistía en tapar agujeros. Cuántos expedientes de crisis, cuántas empresas habremos cerrado, cierres que teníamos que negociar con poquísimo margen. Fueron años muy duros.
Sin embargo, fue en esos momentos cuando ELA comenzó a cobrar la fuerza que le concedió la mayoría sindical años más tarde, ¿no?
Eso es cierto, pero no sabemos que habría pasado en una situación de bonanza económica. Creo que habríamos seguido creciendo, porque la clave fueron las decisiones estratégicas que tomamos.
A principios de los 80, ELA tenía una representación del 20% y ahora supera el 40%. ¿Qué decisiones estratégicas tomó el sindicato que cimentaron ese ascenso?
Nuestra decisión fundamental fue hacer un sindicato, y hacerlo en serio. Eso requería una cuota para garantizar la financiación. Hoy día, nuestra cuota es similar a la de otras organizaciones, pero en aquella época era relativamente alta. Otros sindicatos casi regalaban el carné por 50 pesetas al mes y nosotros la pusimos en un mínimo de 200 pesetas.
¿Cómo se fraguó la decisión de crear la caja de resistencia, que todavía hoy día es uno de los símbolos de ELA?
Teníamos una verdadera obsesión por hacer una organización sólida. Y para organizar bien la solidaridad y la pelea, una caja de resistencia es imprescindible.
En aquellos tiempos ELA era el sindicato del PNV. Existía un vínculo natural, como el que hoy puede haber entre UGT y el PSOE, o entre LAB y la izquierda abertzale. Hoy eso es historia.
ELA nació en 1911 por una iniciativa del Partido Nacionalista Vasco. Siendo presidente de ELA, Manu Robles Arangiz fue diputado en Las Cortes en los años 30. Ese modelo de relación cambió radicalmente en el año 76 con el visto bueno del propio Robles Arangiz. Manu tomó esa decisión en la misma época en la que los secretarios generales e UGT y CC.OO. eran diputados en las Cortes por el PSOE y el Partido Comunista. ELA fue la primera organización que rompió ese esquema.
¿Por qué lo hizo? ¿Para garantizar una acción sindical sin ataduras?
ELA tiene que estar con los trabajadores abertzales de ahora, los jóvenes, que tienen sus propios referentes ideológicos y culturales. Este país ha cambiado mucho. Aquella vinculación se rompió, pero tardó un tiempo en percibirse en la sociedad.
¿Tardó en percibirse?
El momento en que nuestra independencia del PNV apareció como un flash para mucha gente fue en 1993. El lehendakari Ardanza planteó un pacto social y nosotros dijimos que no, porque aquello no tenía ni pies ni cabeza. Muchos dijeron '¿qué pasa aquí?', muchos se enfadaron.
Desde ese punto, las relaciones entre ELA y el PNV, sobre todo el PNV institucional, el que gobierna, han sufrido un deterioro vertiginoso.
Con el PNV ha habido poca relación. El deterioro se ha producido por el tipo de política que se está haciendo, una política cada vez más ligada a los intereses económicos y cada vez más alejada de los currelas. Además, hay una cuestión de estilo.
¿A qué se refiere?
El Gobierno vasco ha decidido que las reglas de la democracia sindical no van con él. Ha decidido que puede firmar convenios con quien le venga bien, tenga o no mayoría. Hay un abuso de poder por parte del Gobierno vasco y mucha arrogancia.
Precisamente, algunas instituciones y agentes sociales acusan a ELA de actuar con arrogancia. El masivo apoyo social del que gozan, ¿no ha nublado su capacidad para la autocrítica?
ELA es una organización muy autocrítica, no sé si es esa la impresión que damos. ELA se pregunta todos los días si está haciendo bien las cosas. Cuando planteamos un conflicto, la medida nos la da la gente. Dependemos de la afiliación y por eso no nos podemos permitir el lujo de alejarnos de la gente. Nosotros no vivimos del presupuesto político.
¿Reconoce algún error durante su etapa en ELA?
Unas cosas las haremos bien y otras las haremos mal. Nosotros no hacemos la negociación colectiva como la hacemos porque sea cómodo o rentable. En cada caso buscamos el mejor ámbito de negociación para que avancen las condiciones de trabajo. Los datos de la evolución de los salarios, de la precariedad y de los beneficios de las empresas le sacan los colores a cualquiera.
Sin embargo, desde hace muchos años flota en el ambiente un mensaje de que 'en Euskadi se vive muy bien'. ¿No lo percibe así?
En Euskadi hay bastante gente que vive muy bien, pero esto va por barrios. Quizá la situación ya esté cambiando para sus hijos. Hay ámbitos de pleno empleo y con niveles de consumo importantes, pero también hay mucha gente que las pasa putas para llegar a fin de mes.
Por tanto, la confrontación, ¿es una apuesta de largo plazo?
Sí, pero no es la confrontación por la confrontación. Muchas veces se contrapone confrontación con diálogo social. Nosotros estamos a favor del diálogo social, pero diálogo social de verdad, no el de foto y pase usted por caja, sino el que sirve para defender los intereses de la gente.
¿Cómo marchan las relaciones con LAB?
No marchan.
¿No existe el más mínimo atisbo de recuperar la unidad de acción que alió a ELA y LAB durante una década?
La unidad de acción fue excelente. Y aunque para nosotros fue un proceso enormemente duro, fue buena para ELA, fue buena para LAB, y buena para el país. La unidad de acción requiere un acuerdo de fondo que hoy no es posible, y eso me da una pena enorme.
sus frases
"El sindicato ya está en buenas manos. Me voy con absoluta tranquilidad"
"La relación con el PNV se ha deteriorado porque hace una política alejada de los currelas"
"Hoy no es posible un acuerdo de fondo con LAB y eso me da una pena enorme"
una vida dedicada a ela
Con la marcha de Germán Kortabarria, ELA se queda sin uno de sus máximas figuras durante los últimos 30 años. Nacido en Oñati en 1949 y abogado de formación, comenzó a militar en el sindicato cuando era estudiante. Años más tarde, fue el primer liberado de la organización. En aquel tiempo ejercía su labor en Donostia, en medio del intenso clima de represión policial que caracterizó los estertores del Franquismo y los primeros años tras la muerte del dictador. Kortabarria participó activamente en la refundación de ELA en el congreso de Euba-Eibar en 1976. Tras la legalización de los sindicatos en 1977, se trasladó a Bilbao. Desde 1988 forma parte de la ejecutiva de ELA como responsable de comunicación. En los últimos años, ha formado un binomio indisoluble con José Elorrieta. Juntos han aupado a ELA a un nivel de representación superior al 40% y le han dotado de voz política propia. Elorrieta se retirará en 2008, al cumplir 58 años, edad máxima permitida por los estatutos. |
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