 |
|
|
 |
Primero mató a su ex novia disparándola, luego se quitó la vida (en la foto) en una céntrica calle de Iruñea en febrero de 2005. |
|
|
|
violencia de género >
|
|
Sin remordimiento
|
|
Las noticias de asesinatos por violencia de género dejan la extraña sensación de que algunos, bastantes o muchos hombres se suicidan o se entregan tras el crimen, ¿pero cuántos? Exactamente el 65% de los agresores en los casos registrados en 2006.
|
El 65% de los hombres que el pasado año mataron a su pareja o ex pareja se suicidaron, se intentaron suicidar, se entregaron a la Policía o cometieron el crimen en un lugar público. En casi la mayoría de los 66 hombres que protagonizaron los casos más trágicos de violencia de género en 2006, su deseo de aniquilar a la otra persona estaba por encima de cualquier cosa. Por encima de su propia vida, por encima de una condena en el presidio o por encima de la vergüenza pública.
Poco se escribe de lo que sucede después del asesinato, aunque se comenta en abundancia. La semana pasada dos clientas y dos cajeras del supermercado de un gran centro comercial de Bilbao departían acaloradamente sobre el último hombre que había matado a su esposa y luego se había suicidado. "¿Por qué no se suicidó primero y luego mató a su familia?", indagaba una socarronamente.
"También hay hombres y mujeres que se suicidan cuando una relación acaba, pero ellos no se llevan a nadie por delante", recordó el jueves a este periódico la presidenta del Observatorio de la Violencia de Género, Montserrat Comas. "Los hombres que asesinan y luego se suicidan tienen un fuerte sentimiento de propiedad", añadió.
He aquí el porqué de estos crímenes, enraizados en décadas de un profundo y tolerado machismo, según esta experta jurista, que en sus más de 10 años de magistrada apenas encontró diligencias policiales y judiciales que incluyeran una declaración de arrepentimiento en la confesión del agresor.
A diferencia de otros crímenes (asesinatos por venganza, fratricidios, etc.), los hombres que asesinan a sus esposas, parejas o ex novias apenas huyen. Tampoco se esmeran en esconder las pruebas ni en falsear el escenario del crimen. Sólo 2 de 66 se dieron a la fuga. El 22 de setiembre un hombre disparó a su compañera en Alicante. Pidió que avisaran a una ambulancia y aprovechando la confusión, huyó. Dos días después y en Torrevieja, un joven asesinó a golpes a su novia. Fue descubierto por un chatarrero arrastrando el cuerpo en la playa y al acabar el año todavía no había sido detenido. Ya está. No hay más.
"A diferencia de otros delitos, ninguno se va al extranjero y cuando se entregan a la Policía no lo hacen por arrepentimiento. Ellos no dicen "¡qué barbaridad he hecho!". Si se lo explican a los agentes con todo detalle es para reafirmarse. Tampoco se vanaglorian, simplemente se autoconvencen de que lo que han hecho está bien. De que ellos están conformes", prosigue Comas.
Un hombre y una mujer de 66 años se encontraban en trámites de separación. Sobre él pesaba una orden de alejamiento y los vecinos explicaron que ella decía que la iba a matar pero que le daba pena abandonarlo. El hombre la degolló y luego le confesó el asesinato a uno de sus hijos antes de entregarse en una comisaría de Madrid el 30 de marzo. Hay decenas de ejemplos como este. "Eran ex novios, dijo que la mató porque sabía que planeaba casarse el mes que viene con otro hombre. Estaba embarazada. Él se suicidó el 26 de abril en Vélez-Rubio (Almería) a la edad de 39 años", se puede leer en un resumen de prensa realizado por el Observatorio de la Violencia de Género.
Otro hombre que no era él. Pero a pesar que han perdido esa relación, a su esposa, su mujer, ¿les da igual lo que les pueda ocurrir después de asesinarlas? "Es que la respuesta es peor que un simple les da igual, es que ellos están convencidos de que han hecho bien en matarla. '¿Cómo puede pretender ella que acepte que se vaya de casa?', suelen pensar", señala Comas.
Todos los abogados defensores incluyen en su petición de pena ante el juez una rebaja de la condena por diversos atenuantes: enajenación transitoria, borrachera, consumo de estupefacientes, fundamentalmente. Pero sólo el 17% de las sentencias de entre 2001 y 2005 reconocen una rebaja en la sanción impuesta. En la mayoría de los casos sucede lo contrario, se aplican agravantes.
ensañarse Los agravantes más comunes son la alevosía y el ensañamiento, dado que en la mayoría de los hechos probados destaca la "extraordinaria brutalidad" ejercida por los autores contra las víctimas, el "carácter sorpresivo de la agresión" y el "aprovechamiento de la situación de indefensión" de las víctimas en la comisión de los hechos, destaca otro estudio del Observatorio. Y es que ellos no pueden soportar ni tolerar que ellas decidan, por ejemplo, rehacer su vida sin él.
El anuncio cuando ella decide romper la relación es uno de los pasos más críticos que debe dar una mujer en esta situación. El Consejo General del Poder Judicial no especifica porcentajes, pero señala que "en no pocas ocasiones la comunicación por parte de la mujer de la voluntad de separarse constituye un factor de riesgo específico en cuanto al detonante de la reacción brutal del agresor".
El psicólogo Asier Bilbao, colaborador habitual de la asociación Clara Campoamor, recuerda que la mayoría de las víctimas "no son conscientes de la situación de peligro en la que se encuentran", ya que a modo de estrategia de defensa minimizan los episodios violentos y el comportamiento de agresor. Perciben el suceso como "una pesadilla", pero luego disfrutan de los momentos de bonanza que viven con él, aunque el psicólogo recuerda que los ratos de tranquilidad van disminuyendo paulatinamente. Sólo un incidente crítico consigue sacarlas de ese estado de aturdimiento y miedo atroz en el que viven, para poder dar el paso de abandonarles y salir adelante.
"Están convencidos de que han hecho bien en matar a su mujer, por eso confiesan"
"A diferencia de otros delitos, casi ninguno de los detenidos decide darse a la fuga"
montserrat comas
Observatorio de la Violencia de Género |
|