Los diferentes espectáculos de calle, unos estáticos, otros sin un momento de descanso, inundaron ayer el paseo de Abandoibarra de risas, bromas, música y humor.
Cineastas de principios del siglo XIX, barraqueros con una noria en miniatura, una excéntrica familia a bordo de una caravana, un gigantesco Frankenstein... Y miles de invitados. Nadie se perdió ayer el 707 aniversario de Bilbao.