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Tierra a la vista
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Tráfico de orgasmos
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Xabi Larrañaga
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Ala hija de Franco le regalaron un cachorro de león, y en la familia le llamaron Bocho. Carmencita le cogió mucho cariño y el dictador también. Al final mandaron al bicho -al melenudo, no al calvo- al zoológico, y quizás fuese por miedo a que le diera el jamacuco, como a algún doberman, y se zampara al Caudillo con una guarnición de pantuflas y angelitos de Lladró. El dato revela que la horterada de domar fieras junto al mueble bar no fue idea de Jesulín y, sobre todo, que hubo épocas en que el rey de la selva hablaba bilbaino. Empezaba una peli de la Metro y se sentía el aliento de Panizo como bruma de mar sobre las butacas.
Hoy nos la jugamos, y no sólo contra el Levante y la salud. Hoy nos enfrentamos a esa media España que, ay la envidia, sueña con que la mosca cojonera deje de incordiar con su excéntrica filosofía. Hoy miran de reojo a San Mamés quienes recuerdan día y noche la excepción -¡tienen un riojano!- porque lo que de veras les jode es la regla, esa manera de entender el fútbol como algo más que once mercenarios saltimbanquis cantando un himno en invierno, otro en otoño y ninguno en la ducha. Hoy no sólo estará atenta a los zarpazos locales la universal -¿xenofobia lo nuestro?- hinchada rojiblanca: también estará pendiente todo aquel que odia el modelo raro, raro, raro del Athletic. Pues la tribu de paisanos es su incómodo espejo, es el alumno que sin chuletas aprueba en una clase de copiones, es quien aún sube al Everest sin bombona de oxígeno y así confirma que, por poder, se puede.
El firmante es seguidor nada fanático de dos clubes, pero hoy le surge el orgullo de la diferencia, el ímpetu del patito feo al que todos desean ver tropezar en la discoteca porque les demuestra que para ligar, ni el físico ni la cartera, lo importante es el espíritu. No les molesta que ganemos, les molesta que existamos. Así que habrá que impedirles el orgasmo. |
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