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Las cámaras lo ven todo
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Carmen Torres Ripa
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los sordos y los mudos "hablan" y "escuchan" por el movimiento de los labios. Esta habilidad la desconocemos el resto de los mortales, porque no hemos ejercitado esa posibilidad del ser humano al no tener necesidad. Pero hoy -en este hoy del siglo XXI- podemos saber, por la posición de la boca, todas las intimidades contadas a media voz. Hasta los cuchicheos que se dicen al oído, en el más confidencial de los secretos. Esos secretos de los políticos antes de intervenir en el hemiciclo, por los pasillos del Parlamento, en las conversaciones del Senado y creo (si este es el deseo de los micrófonos ocultos) que se puede saber lo que se confiesa, con las puertas cerradas, en las sedes de los partidos, en las confidencias de un pub y hasta las palabras amorosas que se susurran en la intimidad de una alcoba. Incluidos los jadeos pasionales sofisticados, y los desahogos sexuales groseros y de mal gusto. Ya se ha perdido la intimidad privada y podemos ver sin careta las miserias que rodean a estos grandes líderes del panorama nacional que, al fin, son pobres y vulgares seres humanos de a pie.
Este preámbulo es para decirles simplemente que las cámaras lo ven todo.
Igual usted estaba zapeando, y se quedó sin ver y oír esta perla cultivada que va rodando como una pelota de un sitio a otro. El bisbiseo de Rajoy a Zaplana fue para recordar la frase de Abraham Lincoln: "Hay momentos en la vida en que lo mejor que puede hacerse es no despegar los labios".
El affaire fue como sigue. Mariano Rajoy, sentado en su escaño azul, le dice a Eduardo Zaplana a su lado: "Zapatero no se creía que iba a hacer lo que hice, ni de coña, con lo cual se queda así un poco… y luego salió la otra, que se veía que tenía otro rollo preparado y sobre la marcha tuvo que hacer una intervención un poco extraña". Tapándose la boca como si cuchicheara -la verdad es que eso hacía- con astucia mediocre, el líder de la oposición continuó: "tengo una pregunta absurda por la tarde…" Y el compañero de partido le amplió sus dudas: " yo todavía no lo he hecho porque la hice mal". Y de pronto, como una ráfaga de humo negro dice el gran jefe: "cuidado con las cámaras". Y el "silencio, se rueda" termina.
Pero la película queda para la posteridad y usted la podrá ver por Internet todas las veces que quiera. Ya escribía Antonio Machado: "El ojo que ves/ no es ojo porque tú lo ves, /es ojo porque te ve".
María Teresa Fernández de la Vega, la Vicepresidenta, "la otra", ha tenido el buen gusto de no molestarse por la insolencia de Rajoy. Sin embargo, la COPE, con uno de sus representantes al frente -un periodista que curiosamente tiene un apellido santísimo- como un gallo de corral, se ha lanzado al ruedo político para quejarse de la osadía de "haber utilizado sin su permiso" (sin el permiso de Rajoy, quiere decir) la grabación.
Supuesta esta premisa, este señor de la COPE no podría abrir el micrófono cada mañana, porque inicia su informativo-púlpito-opinión insultando y criticando a todos los que no son de su gusto. Además, califica al entorno del presidente como "secta zapateril" y se queda tan ancho. Sin pensar que sus palabras ofenden al mayor dignatario del Gobierno. Pero, claro, aunque es un Jiménez, es santo. Son prerrogativas de la emisora de la Iglesia.
En este país nos falta altura, clase, dignidad y señorío. Menos mal que existen las cámaras de televisión. Unos objetivos que se han ampliado con videos de aficionados y móviles personales. Nadie está libre de ese ojo que te ve siempre. Es como estar desnudo y no darte cuenta que lo estás. Igualito que el cuento de Andersen "El vestido del emperador". El monarca se creía cubierto por un rico y lujoso traje y estaba como Dios le trajo al mundo. Al fin, los cuentos suelen ser grandes verdades. |
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