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Estreno de 'La tía de Charlie', dirigida por Marina Shimanskaya; la obra se escenificó como trabajo de fin de año de los grupos de Tercero de Arte Dramático. Foto: samuel gibert |
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TELEVISIÓN
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El escenario del aprendizaje
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Algunos sólo quieren disfrutar: de la música, el teatro o la danza. Otros, en cambio, se plantean un futuro. La escuela privada de artes escénicas Artebi les ofrece la oportunidad de realizar su sueño.
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ESTE es mi tercer año y estoy a punto de terminar el curso de estudios superiores de arte dramático en Artebi. Al teatro le dedico todo el tiempo que puedo. Cualquier hora que pase sin mirar el guión o sin pensar en el traje que voy a llevar es tiempo perdido. Lo que se te ofrece es tan grande que tienes que estar a la altura", explica Samuel Gibert, de 28 años.
Recibió el premio al mejor actor de reparto en Cáceres por su interpretación en La Posadera, la obra de final de curso preparada por los alumnos de Artebi, y ahora sueña con un futuro próximo de máscaras y telones.
La oferta de esta escuela de artes escénicas situada en el barrio bilbaino de Deusto contempla la formación reglada en música (LOGSE), danza (grado elemental) y estudios de arte dramático. "Desde el inicio quisimos que este centro fuese interdisciplinar y que aglutinara teatro, danza y música, aunque en la práctica resulta difícil aunar todo", dice Roberto Bienzobas, su director. "A veces se hacen intentos dentro de los cursos, como el teatro cantado y bailado con participación de músicos, pero es difícil juntar a los alumnos en los momentos oportunos y conseguir una academia como las americanas, donde está todo integrado y donde se estudia para que teatro, ballet y danza sean una simbiosis".
A Artebi acuden 550 alumnos (135 de ellos son alumnos de Teatro, 101 aficionados y 34 futuros profesionales). Las edades y las intenciones son variadas. Algunos buscan el disfrute y otros intentan forjarse un futuro. Carmele Garay da clases de introducción a la música a los más pequeños. "Cada año se buscan objetivos muy diferentes según cómo sean los niños, pero de lo que se trata esencialmente es de que vayan metiendo en su registro interior la música clásica y que sean capaces de vivenciar el ritmo, ya que para la gente mayor es más difícil conseguirlo", explica. "Pero, antes de eso, lo primordial es la integración", continúa. "Aunque siempre tengo objetivos musicales, el primer semestre lo dedico sobre todo a conseguir que se sientan a gusto". Según Garay, la música aporta a los niños "concentración y afán de superación, algo que después se ve reflejado en los estudios".
Para Roberto Bienzobas, el director de la escuela, "las vías que después tienen los alumnos para mostrarse resultan muy limitadas. En música, la gente que sale de la escuela se junta para hacer cuartetos o quintetos; en teatro, los buenos alumnos terminan casi siempre en Madrid o Barcelona y en danza ocurre lo mismo".
actividades y ciclos de teatro Desde la propia escuela, impulsan algunas actividades como el Festival de danza de Artebi en el teatro Barakaldo, audiciones o diversos ciclos de teatro, como aquél en el que participaron Samuel Gibert y otros compañeros.
"Aunque cada uno de nosotros tiene intereses distintos, yo creo que todos queremos hacer un buen trabajo en la escuela y disfrutarlo", comenta Gibert. "A mí sí que me gustaría dedicarme a esto profesionalmente y en ello estoy. Hay muchas salidas, pero ninguna de ellas te garantiza nada. Una es irse a Madrid, donde se supone que están las oportunidades para trabajar en grandes compañías; también está la opción de la televisión o el cine y, por último, la que a mí me resulta más interesante, que es la de quedarse por aquí e intentar dedicarse al teatro".
De la escuela se lleva un muy buen recuerdo. "Para mí es muy importante todo lo que he vivido aquí, todo lo que he aprendido; a nivel artístico el cambio es tremendo porque al paso de los tres años uno va evolucionando, aprendiendo, adquiriendo tablas... y más o menos va descubriendo sus propias posibilidades como actor, escenógrafo, analista...".
Además de interpretación, los alumnos aprenden producción teatral, canto, baile, música... "De manera un poco limitada, porque obviamente no da tiempo a todo en tres años", cuenta la actriz Yannick Vergara, que ahora trabaja en la serie de ETB Goenkale. Vergara recuerda el paso por Artebi con cariño y explica que mantiene relación con los compañeros de promoción, con los que no ha podido actuar en la gira de fin de curso. "Me dio mucha pena, pero no llegaba a todo", comenta.
"Durante el primer año compaginé la escuela con el trabajo en una distribuidora de películas; en segundo curso fui dejando el trabajo y, ya en tercero, me he metido de lleno en la escuela. Tanteé un poco las posibilidades y vi luz en esto". |
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