barcelona. La indignación y el desconcierto reinaban ayer entre los pasajeros de la estación de Sants, después de que el descarrilamiento de un tren colapsara de nuevo el tráfico ferroviario, dejando a multitud de usuarios en las vías esperando un tren que no llegaba y sin recibir información por parte de Renfe.
Un convoy de un tren Euromed que iba sin pasaje y en dirección a Barcelona descarriló hacia las 05.40 horas en El Prat de Llobregat (Barcelona), afectando a la línea C-10 que va al aeropuerto y la C-2, que une Maçanet (Girona) y Sant Vinceç de Calders (Tarragona).
El corte de la C-2 obligó, además, a interrumpir los trenes de media y larga distancia que utilizan las vías de esta línea.
En la estación de Sants de Barcelona, la indignación y la rabia eran los sentimientos predominantes entre los pasajeros que se agolpaban en las escaleras que conducen a las vías 3 y 4, por las que transitan la mayoría de las líneas afectadas.
Sólo tres trabajadores de Renfe, a veces incluso dos, informaban, a pie de vía, de lo que sucedía y avisaban de las salidas.
A las 9.15 horas iniciaba su marcha el tren que tenía prevista su salida a las 7.30 horas en dirección a Madrid, pero una vez más la desinformación dejaba a más de un pasajero en la estación.
Los usuarios se quejaban de que la única información que recibían era la que se oía por megafonía, que advertía de los retrasos, pero sin especificar sus causas y su duración.
Los extranjeros eran quienes tenían mayores problemas, porque los mensajes de megafonía eran sólo en castellano.
Este fue el caso de dos turistas llegadas de Hong Kong, que a las 9.55 horas aún no habían accedido a su tren para Madrid, cuya salida estaba prevista para las 9.30 horas, mientras una de ellas preguntaba si situaciones como esa eran muy frecuentes. Finalmente, sobre las 10.00 horas, una de las trabajadoras de Renfe gritaba que el tren que cubre el trayecto Lleida-Zaragoza-Alicante estaba preparado para salir.
De igual modo, los pasajeros del tren en dirección a Valencia, de salida prevista a las 10.00 horas, seguían a las 10.35 sin conocer la hora de salida y muchos de ellos explicaban enfadados que los trabajadores de Renfe les decían que no sabían nada.
Dos pasajeros que esperaban el Catalunya Express de las 9.33 horas explicaron que la única alternativa que les había dado Renfe para llegar a su destino, en Castellón y Vinaroz, había sido la de un autobús que sólo les llevaba hasta Sant Vicenç de Calders.
Los trenes de Cercanías sufrieron también retrasos variables, como explicaba una de las pasajeras que había llegado con treinta minutos de retraso desde la cercana localidad de Badalona. |