Bilbao. Algo más de 15.000 personas, la mayoría fans de Iron Maiden, protagonizaron la primera jornada del Bilbao BBK Live Festival, con el que colabora DEIA. El público, desde adolescentes a padres de familia, disfrutó del concierto del grupo británico, cuyos temas clásicos, historia ya del heavy metal, se impusieron a una escenografía no tan espectacular como se había anunciado, aunque sí hubo paseos de la mascota Eddie y hasta de un falso tanque por el escenario. La doncella metálica, que sigue joven y en forma, supo adecuarse al contexto e interpretó joyas como Run to the hills, para adueñarse de las colinas de Kobeta.
Hubo mucha caña desde la tarde, pero como anunciaban las camisetas de los fans, allí todos habían ido a ver a Iron Maiden. El sexteto salió a escena a las 22.20 horas, con cierto retraso, pero se le perdonó pronto, cuando Bruce Dickinson gritó "rock in Bilbao" y atacó Different world. La canción señera de su último disco, A matter of live and death, ya indicó por dónde iban los tiros. Los chavales están en forma tres décadas después de su formación. Si no virgen, la doncella metálica apareció sin arrugas y eléctrica, como probó Dickinson, sobrado de garganta, tan viril como capaz de llegar a increíbles falsetes al mismo tiempo. Con pinta de ejecutivo enrollado, lideró con su voz y sus carreras a sus compañeros.
"¿Lleva pantalones cortos Steve?", preguntó un joven a su colega con prismáticos. !Cómo no! El bajista de los Maiden ha creado escuela. Él, y el resto de la banda, todos con pinta de heavies maduros y camisetas sin mangas, hicieron lo que se esperaba de ellos. Ensayaron esas posturas dirigidas a los centelleantes móviles de los fans -pie en el monitor, amenazas a la audiencia como si el bajo fuera un arma de fuego o coreografía conjunta del trío de guitarras con sus mástiles buscando el cielo-, y supieron alternar canciones recientes como The reincarnation of Benajemin Breeg con otras más oscuras de su discografía, caso de Brighter than a thousand suns, con sus piezas más míticas, especialmente las incluidas en su aclamado The number of the beast, cuando se cumplen 25 años de su lanzamiento. Apoyados en un buen sonido, aunque algunos (siempre) pidieron más, y una escenografía atractiva que simulaban un campo de batalla con sus tricheras de sacos de arena y alguna proyección estática puntual, Wrathchild inició el baile de clásicos, que encontró una de sus cumbres en The trooper, con Dickinson como abanderado, agitando una enseña en el escenario.
"six, six, six" La respuesta del público fue febril, como su respuesta -"six, six, six"- a The number of the beast o los botes que recibieron Fear of the dark y el mítico Run to the hills, con los fans cercanos al éxtasis al llegar su crescendo imparable y su emocioante estribillo. La triada de guitarristas, auténticos virtuosos de sus instrumentos que supieron alternarse en los solos y las cabalgadas constantes por el mástil, lideró instrumentalmente un concierto repleto de himnos de estribillos reconocibles y aires épicos que concluyó con el tema Iron Maiden, en el que la banda sacó el tanque previsto, totalmente inmóvil, a lo alto del escenario, conducido por un Eddie (su mascota zombie) de aire. Y se fueron, para clavar la hora del inicio del bis, un 2 minutes to midnight que sonó poderoso y eléctrico, con un Dickinson listo y políticamente correcto cuando anunció que ya tenía ganas de volver a tocar en España. Reaccionó rápido al abucheo general. "Ah, sí, entiendo. ¿Cuántos españoles hay? ¿Y vascos? ¿Y cuántos fans del grupo?", zanjó inteligente antes de iniciar las carreras con The Evil that men do. El clamor final, con una marea de 30.000 brazos lanzando el puño al aire y botando con una sola persona, llegó con Hallowed be thy name. La sonrisa de los fans lo decía todo, aunque algunos pedían más. Uno, algo cargado y entre las risas de sus colegas, les gritó: "salid, que sólo habéis tocado tres; hacedlo en homenaje al Fary". |