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Mesa de redacción
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Europa
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Oscar Subijana
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lA Comunidad Europea es un ente supraestatal. La expresión viene bien para saber que todos nosotros cedemos parte de nuestra soberanía como ciudadanos de una Nación, de un Estado, a una organización que, se supone, vela por nuestro interés más allá de nuestras fronteras. Este interés, cuando hablamos de la CE, es más colectivo que individual. Vamos, que las decisiones que se toman en Bruselas, en Estrasburgo, tienen la sana intención de afectar al mayor número de ciudadanos europeos posible. ¿Se siente usted europeo? Quizá esta pregunta hubiera sido necesaria para arrancar la reflexión. Si se siente una estrella más en el emblema europeo, ahora está de enhorabuena, o no. Todos los países que integran la CE están inmersos en el debate sobre la Constitución, el Tratado, en definitiva, un documento en el que queden por escrito los compromisos que den forma al hecho europeo. A Polonia no le gusta el sistema de votación. Gran Bretaña no se fía (nunca se ha fiado) del resto de socios, Francia quiere ejercer más poder del que le corresponde (hecho reafirmado ahora con Sarkozy), y España rasca de donde puede. Cuando hablamos de la anchoa, aparece Europa. Si atendemos a los grandes movimientos de transporte por carretera, tren o avión, aparecen los ejes transfronterizos. Y si de protección global en asuntos como, por poner un ejemplo, los medicamentos, sabemos que en la Comunidad Europea es muy difícil que entren esos experimentos 'cuasi-sanitarios' fabricados por los países asiáticos a precio irrisorio y que pueden provocar la muerte. Europa es algo moderno y necesario. Porque nos obliga a mirar con más amplitud. Porque intentar ser políglota es lo mejor que le puede pasar a cualquiera. Y porque salir del txoko es muy, muy bueno. Se ven muchas cosas, de verdad. |
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