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Escultura Sphera, junto al edificio de la Biblioteca Vaticana. Foto: archivo |
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La Biblioteca Vaticana deberá cerrar sus puertas por reformas durante tres años
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alberga 75.000 manuscritos y 8.300 incunables. Alrededor de 20.000 investigadores de todo el mundo visitan cada año las grandiosas salas.
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Carola Frentzen
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Roma. La Biblioteca Vaticana. Sólo su mención humedece los ojos de miles de científicos de todo el mundo. La biblioteca de la Santa Sede alberga 1,6 millones de libros, entre ellos incontables ejemplares de un valor incalculable como el Codex Vaticanus, el manuscrito más importante del Nuevo Testamento que data del siglo IV.
Pero ahora la famosa colección quiere cerrar sus puertas durante tres años. Los urgentes trabajos de renovación del edificio son inminentes y hasta el momento, las numerosas protestas de los eruditos de todo el mundo no han impresionado al Vaticano.
Todo lo contrario: "Casi siempre ocurre en estos casos que al final se necesita más tiempo del previsto en un principio. Esperamos, a pesar de ello, terminar puntualmente", dijo Ambrogio Piazzoni, viceprefecto de la Biblioteca Vaticana.
Muchos de los alrededor de 20.000 investigadores que visitan las grandiosas salas cada año por motivos de estudio habían esperado hasta ahora que al menos permaneciera abierta una parte de la colección o que se creara una sala de lectura. Pero a partir del 15 de julio desaparecerán los libros y los 75.000 manuscritos, los 8.300 incunables y las 300.000 piezas monetarias, tras los gruesos muros del Vaticano. Ello significará que los numerosos investigadores que tengan que buscar nuevos campos temáticos y muchos jóvenes científicos serán obligados a modificar sus previsiones de estudio, en caso de que hayan sido enviados a consultar los fondos vaticanos durante la elaboración de sus proyectos.
"Ya hemos trasladado 400.000 libros a otra zona del edificio y ello supone realmente un trabajo duro", explicó Piazzoni. Pero la seguridad de las valiosas obras tiene prioridad, y como existen graves daños estructurales en la biblioteca, ésta debe cerrarse por completo, explicó La Repubblica.
Sin embargo, a petición se pueden sacar fotocopias y los interesados también pueden acudir al microfilm: pero para la mayoría de los eruditos esto no supone solución alguna, porque necesitan los documentos originales.
También las decenas de instituciones científicas internacionales de Roma, cuyo trabajo está casi por completo vinculado a la Biblioteca Vaticana, se enfrentan a tres años difíciles.
La creación de la colección actual comenzó en 1447 bajo el Papa Nicolas V, aunque las raíces de la actividad compiladora vaticana se remontan hasta el siglo IV. El edificio actual de la biblioteca fue encargado en 1587 por el Papa Sixto V al arquitecto Domenico Fontana, que diseñó el Salone Sistino, una sala de 70 metros de largo y 15 de ancho adornada con numerosos frescos.
Hace un par de años expertos descubrieron que un ala del edificio tenía graves problemas de estabilidad. "Hemos reflexionado una y otra vez sobre lo que debíamos hacer pero todos los técnicos nos aseguraron que ya no podíamos esperar más", explicó Piazzoni.
El ejemplar más importante es el 'Codex Vaticanus', un manuscrito del Nuevo Testamento del siglo IV |
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