Bruselas. Gordon Brown, el sucesor de Tony Blair en la jefatura del Gobierno británico a partir de la próxima semana, se ha convertido en el protagonista ausente de la cumbre de Bruselas dada la inminencia del relevo. De hecho, aunque quien asiste a la cita y negocia públicamente es Blair, es público que la canciller alemana también está hablando con él. De hecho, el próximo inquilino del 10 de Downing Street continúa manteniendo la incertidumbre respecto a si se celebrará en el Reino Unido un referéndum para ratificar el tratado que resulte de esta negociación, lo que como ha sucedido con las votaciones en Francia y Holanda, podría dar al traste con el tratado constitucional que salga ahora de Bruselas en caso de que la ciudadanía británica no lo apoye lo que, además, no parece improbable.
Quizás por ello y pese a haber firmado la Constitución como los demás en 2004, el Reino Unido ha exigido ahora borrar todos los rastros constitucionales, suprimir la Carta de Derechos Fundamentales, diluir la política exterior común, restablecer el veto en la cooperación penal y ocultar la primacía del derecho comunitario. El recorte de ambiciones a la política exterior europea, que Blair ha conseguido matizar, ha preocupado especialmente en Bruselas, porque supone un freno considerable a la unión política. Fuentes comunitarias informaron de que la canciller alemana, Angela Merkel, ha mantenido durante la cumbre al menos una conversación telefónica con el mismo Brown, por indicación de Blair, para sondear soluciones a las líneas rojas del Gobierno británico.
"Es una prueba de la extraordinaria debilidad de Blair en estos momentos", añade la fuente, y puede explicar también el endurecimiento de la posición británica respecto al Tratado constitucional. Si todo va bien, Blair será el encargado de sellar el acuerdo sobre el nuevo tratado, pero corresponderá a Brown defender su ratificación ante el Parlamento británico y el resultado, como siempre ha ocurrido en Westminster con las reformas europeas, se anuncia muy reñido.
En declaraciones al diario The Times antes de viajar a la capital de la UE, Blair aseguró haber hablado con Brown sobre lo que defenderá en la cumbre porque no quiere dejarle en herencia algo "con lo que no esté contento". Reconoció que los británicos reclamarán un referéndum con independencia de lo que se acuerde en Bruselas, pero señaló que si él logra sus objetivos, prácticamente no habrá transferencia de competencias, con lo que esa consulta popular sería innecesaria. El político laborista esperaba obtener garantías de que de Bruselas saldrá sólo un tratado convencional que enmienda pero no sustituye a los anteriores. "Si no puedo decirles eso (a los británicos), nos veríamos obligados a celebrar una consulta, y en ese caso, no valdría la pena seguir", explicó Blair.
Los europeos insisten en que el esquema de la reforma para la futura política exterior de la UE no supone ninguna merma de autonomía de la diplomacia británica, porque la regla de decisión seguirá siendo la unanimidad. "Tampoco peligra su puesto permanente en el Consejo de Seguridad" y el ministro, o como se llame al final al representante europeo, actuará bajo mandato de los gobiernos, añaden fuentes. Blair, que dejará el cargo dentro de 4 días, se despide en esta cumbre como premier británico, pero su despedida de Europa podría no ser definitiva si como parece se llega a un acuerdo. |