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El primer ministro luxemburgués, Jean Claude Juncker, en un curioso gesto durante las reuniones celebradas ayer |
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Las confesiones europeas
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Las reuniones a dos o tres bandas, conocidas ya en la UE como 'confesionarios' se han convertido en la tabla de salvación de los líderes europeos para facilitar acuerdos políticos en cuestiones clave.
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Si se tienen que hacer perdonar muchos pecados o no queda sepultado en la intimidad de la reunión. Pero la técnica del confesionario se ha convertido para los líderes europeos que presiden la Unión Europea en uno de los recursos más utilizados para hacer desencallar los debates más arduos y complicados, especialmente tras la ampliación de la Unión Europea a 25 y 27 Estados miembros. El objetivo de esta estrategia es conocer el margen de flexibilidad de cada gobierno, sus líneas rojas y evitar que una palabra más alta que otra en un momento dado complique todavía más la búsqueda de acuerdos políticos. "Normalmente sólo los hay con las cumbres más complicadas, pero es evidente que desde la ampliación son más frecuentes porque los plenarios se han vuelto inoperantes", asegura un alto funcionario presente en estas citas europeas.
La madrugada del pasado jueves y ayer, como no podía ser de otra forma, volvió a ser el arma utilizada por la canciller alemana, Angela Merkel, para buscar salidas al malogrado tratado constitucional. Lo mismo que hicieron con anterioridad en momentos clave el primer ministro irlandés, Bertie Ahern, para cerrar durante el primer semestre de 2004 el que entonces se consideró exitoso acuerdo sobre la Constitución europea; o su homólogo luxemburgués, Jean Claude Juncker, en el caso del marco presupuestario 2007-2013, sobre el que no consiguió acuerdo y que tuvo que cerrar seis meses después el británico Tony Blair, culpable precisamente de bloquear el pacto seis meses antes.
Las importantes divergencias originadas en torno al tratado constitucional obligaron a la canciller alemana a llamar a consultas desde el primer día de la cita a los más díscolos de la familia europea. Pasada la una y media de la madrugada del pasado jueves, Merkel se reunía con el presidente polaco, Lech Kaczynski, un claro síntoma de dónde veía ella el problema. Eso sí, a la reunión acudió acompañada por el todopoderoso presidente francés, Nicolás Sarkozy, y el primer ministro lituano, Valdas Adamkus, con el objetivo quizás de calmar los ánimos tras una primera sesión de trabajo en la que el polaco no sólo reivindicó la necesidad de cambiar el sistema de voto en la toma de decisiones por la pérdida de peso de su país respecto a Alemania, sino que incluso invocó, como se temían muchos, los muertos de la Segunda Guerra Mundial en el cómputo de habitantes a tener en cuenta.
Hasta media tarde de ayer, Merkel se había encontrado con Kaczynski hasta en otras tres ocasiones, la última de ellas también con la presencia de Adamkus y Sarkozy, que ayer tuvo tiempo no sólo de hacer footing sino de pasearse por la Grand Place de Bruselas. Además, la canciller germana también tuvo que llamar al confesionario a los mandatarios de Reino Unido, Tony Blair, que acudió desde su hotel hasta la sede del Consejo dando un paseo; al de Holanda, Jens-Peter Balkenende; y al de la República checa, Mirek Topolanek, los que más problemas han planteado durante el proceso negociador iniciado a principios de este año. Por teléfono, además, mantuvo hilo directo con el futuro sustituto de Blair, Gordon Brown.
Pero los confesionarios de Merkel no fueron los únicos celebrados. Otros encuentros a dos o tres bandas también tuvieron su repercusión, como la cita entre Rodríguez Zapatero, Nicolás Sarkozy y Romano Prodi el pasado jueves que sirvió para hacer frente común en torno a la propuesta de la alemana y darle un respiro ante la presión de Londres y Varsovia. Ayer, Zapatero también tuvo ocasión de entrevistarse con su homólogo griego, Costas Karamanlis, para hablar en esta ocasión no sólo del problema polaco, sino de las recetas para hacer frente a la llegada de inmigrantes ilegales, fenómeno que también padece con especial virulencia Grecia. Lo mismo hicieron el mandatario austríaco, Alfred Gusenbauer; y su homólogo húngaro, Ferenc Gyurcsany.
"Teniendo en cuenta que el Consejo tiene 27 Estados miembros y que además participan el presidente del Parlamento Europeo y el de la Comisión, con que cada uno hable cinco minutos nos ponemos en dos horas y media sin que haya debate. Así que si no hubiera reuniones bilaterales muchos acuerdos serían imposibles"", afirma uno de los diplomáticos que habitualmente negocian en Bruselas. "En las sesiones plenarias se pueden compartir puntos de vista y opiniones, pero para negociar y concretar hay que estar en bilaterales o en pequeñas reuniones", añade otro experto en negociaciones.
El objetivo de esta técnica es conocer el margen de flexibilidad de cada gobierno y facilitar acuerdos
Desde la ampliación de la UE, las 'confesiones' se han convertido en esenciales para permitir la negociación
Merkel se encontró ayer en bilaterales con Kaczysnki, tres veces, Tony Blair, Balkenende y Mirek Topolanek |
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