estamos de enhorabuena. El festival de los festivales ha pasado su ecuador y en cuanto a la organización sólo cabe hacer la ola. Los promotores, las firmas colaboradoras y el Ayuntamiento merecen mucho más que el aprobado. Ellos no tienen la culpa de que el grupo estrella del viernes night pusiera menos ganas en Kobetamendi que el funcionario de Forges en la ventanilla. El público agradece que un melenas con leotardos llegado del quinto pinto suelte un par de palabras en vascuence, pero tras pagar 65 euros no se conforma con el detalle. Por lo demás, chapeau. Hay otras cosas que a uno lo alegran. La brasa paramilitar que tanto daño y tedio nos ha causado ya va menguando. Quienes durante décadas se han valido de cualquier evento para sembrar pegatas, pintadas y odios no han dado señales de vida -ni de muerte- más que en las paredes de algún baño portátil. Sin abogar por la censura, muchos sólo pedimos que nadie utilice a la masa, y menos a la masa etílica o espídica, para endosar soflamas violentas. Hasta Fermín Muguruza anduvo comedido y se limitó a recordar a los forasteros la "resistencia antifascista del pueblo vasco", sin duda refiriéndose a los miles de paisanos que llevan guardaespaldas, digo yo.
Y uno se pone contento porque la ausencia de esa carga bélica no ha eliminado -¿por qué iba a hacerlo?- la presencia de lo local. Toda la información del festi está en castellano, inglés y euskara, y en este idioma he pedido yo los katxis -tengo ya mano de click de Famobil- sin ningún problema. Mola mazo ser un país normal, una sociedad que, aun con conflictos políticos y culturales serios, va aprendiendo a cantar y bailar como cualquier hijo de vecino, sea vascón, andalusí, celta o vikingo, sin dar el coñazo a jornada completa. He engordado bastante -talo y cerveza, mala dieta- y me he dejado una pasta, y no por eso quemaré la báscula ni el cajero. |