Nuevo Tratado para Europa La cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la UE logró alcanzar in extremis un acuerdo que entierra de forma definitiva la fallida Constitución y sienta las bases para elaborar un nuevo texto que saque a Europa de su estancamiento.
hA sido in extremis y gracias en gran parte a la tenacidad y buen oficio de la canciller alemana Angela Merkel, pero finalmente la UE ha encontrado el clavo ardiendo que estaba buscando desesperadamente tras el rotundo fracaso cosechado por la no nata Constitución europea. La cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de los 27 estados miembros acordó de madrugada y tras dos jornadas maratonianas en Bruselas, las bases para la elaboración de un nuevo Tratado que sustituya a la Constitución. Un acuerdo que, en principio, satisface a todos y en el que todos han tenido que dejar pelos en la gatera, como todo pacto de esta envergadura que se precie. Sobre todo porque un nuevo fracaso hubiera sido un torpedo en la línea de flotación de la propia UE. A partir de ahora, al menos, están sentadas las bases sobre las que construir la Europa del futuro. Otra cosa es que llegue a buen fin y la idea de Europa se imponga sobre las cuestiones domésticas. Además, desde este momento los líderes europeos deberán explicar a los ciudadanos de la Unión cómo ha sido posible que su decidida apuesta -al menos de la mayoría- por la Constitución europea, con varios referéndums celebrados -incluido el Estado español-, haya cosechado tan rotundo fracaso que deba ser sustituida por un nuevo Tratado. Mucho tendrán, también, que mejorar las relaciones y las negociaciones y el trabajo conjunto para que el nuevo texto que se prevé presentar ya en octubre no obtenga el mismo resultado. Sobre todo porque se ha vuelto a demostrar que los intereses particulares de cada Estado priman en muchos casos sobre el interés general de Europa que tanto predican con la boca pequeña los dirigentes de los países miembros. El buen trabajo de Merkel, sin embargo, ha logrado limar las mayores asperezas en esta cumbre y ha logrado un consenso general que ahora habrá que sustentar negro sobre blanco. La postura numantina que mantenía Polonia en su negativa radical a aceptar el sistema de doble mayoría amenazaba con bloquear definitivamente la cumbre, algo que los 27 no se podían permitir en ningún caso. El aplazamiento a 2014 de este sistema de votación logró desbloquear el principal escollo para un cambio de postura de Polonia, lo que facilitó el acuerdo final. Aún es pronto para analizar el resultado de esta cumbre con perspectiva, y habrá que esperar a ver cuáles serán los principios inspiradores del nuevo Tratado. En este sentido, el enfrentamiento entre las dos grandes posturas en las que se han dividido los estados miembros puede dificultar la definición y la propia materialización del Tratado. Muerta y enterrada ya la Constitución europea, el nuevo texto correrá el riesgo de ser tan poco arriesgado y tan generalista que abandone gran parte de las cuestiones que deben ser referencia de la Europa del siglo XXI.