|
|
|
El PSOE y Navarra: mal negocio
|
 |
|
Javier Ortiz
|
 |
son muchos los observadores políticos que dan por supuesto que la poco y mal disimulada oposición de la dirección central del PSOE al establecimiento de un acuerdo PSN-Na-Bai para la gobernación de Navarra se explica porque los estrategas de Ferraz temen que esa alianza podría dañar gravemente sus expectativas electorales fuera de Euskal Herria de cara a las próximas elecciones legislativas. Dan por hecho que, si los socialistas navarros pactaran con la coalición que encabezan Patxi Zabaleta y Uxue Barkos, muchos electores en principio favorables al PSOE cambiarían el sentido de su voto o renunciarían a votar, como forma de castigar a los responsables de esa decisión. Así parece pensar también el coordinador general de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, que se expresa como si resultara obvio que los gerifaltes socialistas rechazan la alianza PSN-Na-Bai en función de cálculos electoreros mezquinos y estrechos de miras. No me parece que la cosa esté tan clara, ni mucho menos.
Para empezar, las elecciones municipales y autonómicas del pasado 27-M demostraron que la ciudadanía del Ebro para abajo no ha sentido la necesidad de castigar a Zapatero por su política en relación a los asuntos de Euskadi. Aunque se votó antes de conocerse la suspensión del alto el fuego pseudopermanente de ETA, estaba en la mente de todos la barbaridad del atentado de la T4 y había general conciencia de que el proceso de paz hacía agua por los cuatro costados. Pese a ello, el electorado proclive a los socialistas no huyó a buscar cobijo en los brazos del PP, sino que se mantuvo en posiciones similares a las de la convocatoria de marzo de 2004. Los únicos sitios en los que el PSOE sufrió fuertes varapalos electorales fueron Madrid y la Comunidad Valenciana, pero en ambos casos por causas vinculadas a factores internos, propios de sus respectivas especificidades político-sociales. La variación mayor que experimentaron los resultados globales del 27-M con respecto a los de 2004 se expresó en el incremento de la abstención, pero no veo manera de vincular la menor participación electoral con la real o supuesta predisposición del Gobierno de Zapatero a resolver los problemas de Euskadi por la vía de la negociación.
Yo no he captado entre los electores del PSOE -entre los que conozco- ningún sentimiento de decepción porque esperaran una mayor belicosidad e intransigencia en relación a los asuntos vascos y se hayan encontrado con posiciones más templadas. Más bien al contrario. Lo que sí he detectado es un notable distanciamiento, provocado por los constantes esfuerzos del Gobierno de Zapatero de contemporizar con la derecha política, económica y social en los más variados terrenos.
No he visto por ningún lado -excepción hecha de los medios de comunicación capitalinos, y en contra de lo que éstos han dado a entender- que se haya producido una gran demanda social de unidad PSOE-PP con respecto a la cuestión vasca. A cambio, me consta que hay bastantes votantes del PSOE a los que exaspera que la dirección de su partido haya renunciado a seguir poniendo en solfa al PP, denunciando todo lo que ha hecho para malograr las iniciativas de pacificación y de normalización de la vida política vasca.
Lo que ven los ciudadanos españoles -tanto da que de izquierda o de derecha, porque basta con tener ojos para verlo- es que el PSOE, que ha hecho en la casi totalidad de los grandes municipios y de las comunidades autónomas de España los más denodados esfuerzos para evitar el acceso del PP al poder, forjando a tal efecto las más variopintas alianzas, se ha cerrado en banda a la posibilidad de propiciar un cambio en las instituciones navarras que dejara fuera de juego a la derecha de UPN.
Las excusas utilizadas han sido varias. A la hora de la elección de la primera autoridad de Pamplona, propició el triunfo de la candidata de UPN amparándose en el argumento de que los socialistas no podían votar lo mismo que la concejala de ANV, aunque ésta no reclamara nada a cambio. Luego vino la repetición de la jugada, sólo que en el Parlamento foral. Como en este caso no podía escudarse en el voto de ANV, optó por hablar de la necesidad de "contribuir a la integración" de la sociedad navarra. ¡Extraña integración ésa, que le lleva a coordinar sus esfuerzos con un partido que se declara dispuesto a lo que sea con tal de que la segunda fuerza política de la comunidad foral no esté presente en el gobierno de ninguna institución clave! ¡Una integración basada en la exclusión!
He oído a un dirigente socialista que trataba de justificar la colaboración del PSN con UPN alegando que es "de rigor" dar prioridad a la colaboración "entre los partidos constitucionalistas". Parece que en ese momento, con las prisas, el declarante se olvidó de que el PSC-PSOE gobierna la Generalitat catalana con ERC, partido que no acata la Constitución española. ¿Lo que allí no es de rigor, en Navarra sí?
La muy marcada impresión que dan los socialistas del eje Madrid-Navarra -pasando por Álava, que ésa es otra- es que carecen de la determinación necesaria para poner en marcha proyectos políticos trasversales, innovadores, capaces de propiciar cambios de verdadera importancia.
En mi criterio -puede que me equivoque, pero todo lo que veo apunta en esa dirección-, las elecciones generales de marzo de 2008 volverán a ser en casi todo el Estado español una especie de referéndum para dilucidar si el PP debe volver a la Moncloa o si es preferible -hechas todas las cuentas y establecidos los necesarios balances, no necesariamente brillantes- que repita Zapatero en las mismas condiciones de 2004, es decir, obligado a pactar con IU y los nacionalistas catalanes, vascos y gallegos. Si tal acaba siendo la gran opción de esos comicios, como parece que sucederá, entonces el error que están cometiendo los socialistas en Navarra lo será por partida doble: porque habrán defraudado los deseos de cambio de la mayoría de la población navarra y porque habrán demostrado al resto de la sociedad española que su oposición a la derecha cavernícola española es frágil, vacilante y circunstancial. O sea, que no merece confianza. Mal negocio.
* Es periodista
Hay constantes esfuerzos del Gobierno de Zapatero por contemporaizar con la derecha política
-
El eje socialista Madrid-Navarra carece de la determinación necesaria para proyectos innovadores |
|