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Mesa de redacción
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Longevo
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Juan Carlos Ibarra
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ABDEL Wali Numan no figuraba en el Libro Guinness de los Récords. Es más, era un perfecto desconocido para el Gerontology Research Group de Los Ángeles, que registra a las personas más longevas del mundo. Lo uno y lo otro no preocuparía mucho a Abdel porque, seguramente, él tampoco habría oído hablar nunca de entidades con tan singular ocupación. El caso es que este anciano yemení ha muerto a los 140 años de edad, cuando en el Guinness se quedan prendados de jovencitas de 116 años.
Al señor Wali Numan le conocían en su pueblo natal como El historiador (sabiduría popular) y según las autoridades yemeníes, pasó la mayor parte de su vida haciendo labores de mediación para solucionar disputas por tierras de cultivos entre las distintas tribus de la provincia de Taez. "¿Cómo hace para vivir tantos años?", le preguntaría en una ocasión uno de los litigantes que acudían en busca de laudo. "Intentando discutir lo menos posible", le respondería el anciano. "¡Hombre! Por eso no será", el primero. "Pues no será por eso", Abdel Wali.
Pero este hombre, casado tres veces, que ha tenido cinco hijos y 80 nietos, no pasará a la historia como la personas más longeva del mundo, porque el documento en el que figura que nació en 1865 y que conserva su familia no tiene el aval de organismos como los antes citados. Al igual que aquel que había perdido una moneda en una zona oscura y la buscaba a varios metros porque allí había una farola, esto que llamamos Occidente sólo da por bueno lo que ve con sus gafas de cerca. La fotografía que saca del mundo es, por ello, bastante irreal, aunque todos convengamos en darla por buena. "¡Hombre! Eso es mucho decir", me dirán. "Pues será mucho decir", les responderé yo.
jcibarra@deia.com |
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