Erdogan sale reforzado El partido islamista moderado AKP ha ganado las elecciones en Turquía con contundencia frente a los sectores laicos apoyados por el Ejército, que había planteado un pulso al Gobierno y que ahora pretenderá condicionar las reformas iniciadas.
el Partido de la Justicia y del Desarrollo (AKP), es decir, la formación islamista moderada liderada por el primer ministro Recep Tayyip Erdogan, logró el domingo una trascendental y contundente victoria en las elecciones legislativas celebradas en Turquía. Erdogan consiguió un 46,4% de los votos en unos comicios que tuvieron una alta participación, prueba del carácter especial de la cita con las urnas, tal y como lo había interiorizado la población turca. A gran distancia quedó el Partido Republicano del Pueblo (CHP), de carácter laico y que no llegó al 21%, mientras que el Partido de Acción Nacional (MHP), de extrema derecha, consiguió el 14% de los sufragios. Importantísima también será la irrupción de 23 diputados kurdos en el Parlamento. El triunfo de Erdogan supone mucho más que ganar unas simples elecciones y mantener el gobierno en el país euroasiático, algo que ya se daba por hecho. Porque, en realidad, estos comicios, que tuvieron que ser adelantados ante la convulsión política que vivía Turquía, constituían un gran test sobre el modelo mismo de país, de estado y de democracia. Tras el escrutinio ha quedado meridianamente claro que el islamismo moderado de Erdogan ha desmentido sin paliativos a aquellos que le acusaban de pretender la islamización de Turquía hasta el punto de querer imponer la sharia o ley islámica. Pocos se han creído esa acusación, que ha sido utilizada en toda su dimensión con el fin de debilitar al AKP y a Erdogan y condicionar, así, su política. La realidad es que se ha tratado de un pulso entre el partido islamista moderado y los sectores laicos muy influyentes apoyados por un Ejército poderoso y muy intervencionista, acostumbrado a ejercer y condicionar la política y al que se teme -no en vano ha protagonizado tres golpes de estado en los últimos 30 años- tanto como se le necesita. En este contexto, y frente a esta dura oposición, Erdogan ha sabido rentabilizar su gestión de casi cinco años en el gobierno, tiempo en el que ha logrado un importante crecimiento económico, la modernización del país y ha establecido una política reformista que ha puesto a Turquía en el umbral de su entrada en la Unión Europea. Un bagaje que le ha valido el respaldo de la mayoría de la población y le ha servido para ganar -de momento- este pulso con el Ejército. La mayoría del AKP, sin embargo, no es suficiente como para acometer las grandes reformas que se propone. Por ello, Erdogan, en un gesto de responsabilidad, ha descartado la arrogancia y ha tendido la mano a sus adversarios, al tiempo que ha redoblado su intención de hacer de Turquía un estado miembro de la UE. Está por ver, sin embargo, que el Ejército acepte sin más su derrota en las urnas. Ahora, a corto plazo, sería impensable un golpe de Estado pero sin duda seguirán intentando segarle a Erdogan y su Gobierno la hierba bajo los pies.