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Euro-crisis y angloesfera
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Robert Scarcia
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desde América latina pude comprobar hasta qué punto el proceso de lo que se suele llamar la integración europea interesa e inspira a los suramericanos... Hubo veces en que me sentí un aguafiestas al tratar de explicar a los latinoamericanos que tenían la paciencia de escucharme por qué, en mi opinión, su entusiasmo estaba equivocado y por qué Europa estaba en crisis.
De vuelta al viejo continente, me desperté un 23 de junio con la noticia de que la Unión Europea tenía un nuevo tratado. Los medios de comunicación lo definieron un tratado simplificado para relanzar la construcción europea después de que los electores de Francia y Holanda hubieran rechazado el controvertido tratado constitucional en 2005. En Francia, el nuevo tratado se ha presentado como una victoria del recién electo presidente Nicolas Sarkozy. El europeísta convencido que soy pensó lo mismo que lo que dijo Pirro el rey del Epiro hace más de dos mil años: "Otra victoria como ésta y estamos derrotados...".
Después de echar un vistazo rápido a dicho tratado reformado o simplificado, una cosa me llamó la atención: símbolos de la Unión Europea como la bandera, el himno y el Día de Europa se han eliminado. Dichos elementos podrían ser considerados como marginales; sin embargo, si de verdad la bandera, el himno y el Día fueran tan insignificantes, Gran Bretaña (entre otros) no habría pedido que se quitaran... Los símbolos contribuyen en crear un vínculo entre ciudadanos e instituciones.
En los medios de comunicación se suele decir que Europa está en crisis de identidad entre otras razones a causa de los referéndums francés y holandés. No lo creo: Europa está en crisis de identidad porque se están recogiendo ahora los resultados de cuatro décadas de sabotaje británico al proyecto federalista (da igual en este caso que se trate de federación de Estados o de naciones) europeo. Estoy convencido de que en Gran Bretaña los reflejos anticontinentales son un hecho estructural y cultural.
Y es que, de hecho, el horizonte político al que aspira el Reino Unido no es Europa sino la angloesfera. Es esta una palabra que se ha puesto de moda en los países de cultura anglosajona después del fin de la guerra fría. A la angloesfera se la defina como "una civilización sin forma política concreta pero que funciona como una red (network civilization)" basada en la lengua inglesa, el sistema jurídico de common law, una cultura política común y una serie de valores comunes (entre los cuales cabe señalar una infatuación por la libertad absoluta de los mercados y cierta alergia a todo lo que huele a socialismo).
El núcleo duro de la angloesfera estaría constituido por los Estados Unidos, el Reino Unido, Australia, Irlanda y Canadá (a pesar del asunto interno de Quebec), y sus fronteras naturales estarían representadas por las élites angloparlantes de India, Sudáfrica y el Caribe.
La solidaridad (y tal vez el supremacismo) cultural entre los países de la angloesfera explica por qué, por ejemplo, los herederos del socialismo británico se sumaron a la guerra de Irak dirigida por un conservador como George Bush y, viceversa, por qué un país como los EE.UU. surgido de una guerra anticolonial contra Gran Bretaña ayudó, en 1982, a la señora Thatcher en la guerra colonial de Las Malvinas.
En efecto, la angloesfera tiene como referente histórico el antiguo Imperio británico y extiende su influencia en el mundo por medio del soft power, el poder suave de la cultura popular (y de la propaganda mediática) norteamericana. Dicho sea de otra forma, angloesfera es una palabra que describe el perfil del poder cultural colonial global en el siglo XXI.
Si la angloesfera careciera de ambiciones imperiales, Gran Bretaña saldría de la Unión Europea, para ser lo que es: un país que comparte mucho más con su antiguo imperio que con sus vecinos geográficos. Así aquellos europeos que lo quisieran, podrían construir su propia euroesfera.
Menos mal que el nuevo tratado reducido y simplificado aprobado el 23 de junio por la Unión Europea tiene una exit clause, una cláusula que permite la salida de un país de la Unión. Cuanto antes salga Londres, mejor para su propia conciencia y para nuestro futuro de europeos. |
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