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Alexandre Vinokourov (Astana) lanza en el Peyresourde un durísimo ataque que no pudieron resistir ni Haimar Zubeldia (Euskaltel-Euskadi) ni Juanjo Cobo (Saunier Duval). Foto: efe |
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Haimar destierra el mitoÉste es el Haimar que me gustaContador pone contra las cuerdas a Rasmussen
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El de Euskaltel, más agresivo que nunca, buscó la victoria de etapa camino de Loudenvielle, donde ganó Vinokourov y el usurbildarra fue tercero y sube a la séptima plaza de la general . Atacó seis veces al líder, que pasó apuros para llegar a meta con el que es su único rival para ganar el tour.
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Roberto Laiseka
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Enviado especial
loudenvielle. "Lo que hemos disfrutado; lo que hemos sufrido". Cóctel de sentimientos a las puertas del autobús de Euskaltel-Euskadi, un barco naranja con el ancla echada a escasos doscientos metros de la línea de meta de Loudenvielle, un valle mágico donde el aire, el viento, lleva la palabra ciclismo de un lado a otro. La esparce. Arriba, en la montaña, en las desalmadas rampas del Peyresourde, un mito de brea de casi cien años de edad (se subió por primera vez en el Tour de 1910, en aquella travesía pirenáica que concluyó en Baiona, una odisea para la época), ecos del pasado y el presente se mezclan haciendo ininteligible el mensaje. Sólo gritos. Sólo gestos desencajados. Sólo naranjas exaltados. Cuneta orgullosa. Eso es lo único que son capaces de descodificar los ojos y los oídos del ciclista. Hace apenas 20 minutos que Haimar Zubeldia desfiló por esa pasarela. "Esta afición es un lujo y quería agradecérselo". Haimar eligió la mejor fórmula: presentarse ante ellos, atender a sus gritos, devolverles su apoyo fugado, como hace mucho que no se recuerda. En cabeza en el Tour. Protagonista. Haciendo soñar con un triunfo que Euskaltel lleva buscando desde Londres . "Mi objetivo era ganar la etapa, no avanzar en la general, aunque sabía que una cosa podía llevar a la otra". Se cumplió lo segundo, Haimar es séptimo en la general a 3:54 del último cajón del podio, Cadel Evans; del primero se quedó a dos puestos al ser tercero tras Alexandre Vinokourov y Kim Kirchen.
El primer blanco se le torció de salida. Mal compañero, Vinokourov, en la fuga que se hizo tras el ascenso al Col de Port, en el que Euskaltel volvía a ser mayoría. Tres corredores: Iñigo Landaluze, Zubeldia y el de todos los días, el sempiterno de las fugas, Rubén Pérez, una máquina de trabajar, una ONG: todo para los demás. Generoso. Otra exhibición de coraje naranja. A la carga. Al ataque. La nueva mentalidad inculcada por Igor González de Galdeano desde la certeza de una frase: es mejor equivocarse que estar equivocado. El empate es una derrota; una derrota peleada es un acicate, espoleadora del orgullo, para seguir probando. "Todas las mañanas Igor nos mentaliza de que hay que salir a luchar, que hay que correr de manera agresiva. Nos ha convencido de que yendo por delante todo es mucho más fácil". Cambio de mentalidad. Otro punto de vista. A quemar las naves. Giro total en el caso de Haimar. Vuelta a empezar. Desde cero. Para desterrar el mito que hablaba de él como un ciclista conservador. Ayer, camino de Loudenvielle, dejó de serlo. Carpetazo a una etapa. Empieza otra; promesa: "Hay que seguir así".
Kirchen corona Balès El Col de Port, de salida, desgranó el pelotón. Lo dividió en dos. Adelante, los que iban a luchar por la etapa. Atrás, el líder, su séquito y los pocos aspirantes al trono de Rasmussen. En el numeroso grupo delantero, amplia representación vasca, con los tres Euskaltel, Patxi Vila y Juanma Garate. A su lado, un abanico de ambiciones desesperadas buscando poner un parche al fracaso: Menchov, Hincapie, y Vinokourov, el Guadiana del ciclismo, hundido la víspera en Pailhères y portentoso de nuevo ayer. "La fuga nos interesaba, porque estaban los dos que queríamos, Haimar e Iñigo, y, además, logramos meter a Rubén", afirmó Gorka Gerrikagoitia. Adelante. El de Zaldibar se vació en la antesala de la novedad, el col de Balés, un infierno envuelto en niebla en cuyas faldas, lejos aún de la cima Landaluze cortó el grupo tras apresurar el ritmo. La avanzadilla que comandó el de Algorta se escondió entre la bruma y esperó la llegada, esperada, de Vinokourov, a cuya rueda se soldaron, Haimar, Menchov, Cobo, Kohl. Por delante, Kirchen, Garate, Arroyo y Tschopp pasaban por la cima mientras el usurbildarra enfilaba el grupo para coronar y lanzarse a un descenso al vacío, peligroso, en el que Landaluze, que había cedido al final, saltó al abismo cuando buscaba la rueda del grupo cabecero. "Creía que me quedaba allí". El algortarra pudo salir y prosiguió la marcha, pero ya no logró enlazar con Haimar, que enfiló en compañía de Vino, Garate, Arroyo, Kirchen, Kohl y Cobo el asalto a la etapa.
Allí tentaron a la fortuna, Arroyo, y Cobo, y Vino, y otra vez el kazajo… Haimar, a su ritmo. Soltaba cuerda para volver de nueva a la altura del grupo. Confiado. Templado. "Si me cebo, exploto". Pedales alegres, como apenas recordaba. Pensaba al pasar por la estrecha pasarela de apoyo en su novia Josune, que se encontraba en alguna parte de esa montaña, y en que estaba disfrutando, en que debía aprovechar esos momentos porque el ciclismo ya muestra demasiadas veces su cara cruel… y así entretenido, desinhibido, olvidó el dolor... y pensó en atacar. Y atacó. Y a su rueda salió Cobo, y luego Vino, que remachó a ambos para irse a por su segunda etapa en el Tour. Consuelo menor. Como el de Zubeldia, tercero en la etapa y séptimo en la general. Satisfecho a medias. Aún queda el Aubisque y hay que intentarlo, hay que seguir luchando". La nueva cara de Zubeldia, la ambiciosa, la agresiva, a juego con la de Euskaltel.
los apuntes
· Día accidentado para Euskaltel. Azanza se cayó bajando el primer puerto sin sufrir daños, Landaluze se fue por un barranco bajando el Col de Bales y el coche de Caisse d'Epargne embistió al de los naranjas, por lo que Miguel Madariaga tuvo ayer molestias en las cervicales.
· Segunda jornada de descanso. El pelotón repone hoy fuerzas en Pau.
decimoquinta etapa
TOUR DE FRANCIA
Desde la cuneta
HAIMAR estuvo en la pomada, pero tenía gente en la escapada de mucho caballaje, difíciles de doblegar. Su valentía, sus ganas no obtuvieron recompensa, aunque ahora está séptimo en la clasificación general con muchas posibilidades de concluir entre los diez primeros, que era uno de sus dos objetivos cuando la carrera partió de Londres. El otro era ganar una etapa, y ayer la tuvo cerca, la rozó con los dedos. Sin embargo, no fue su tercer puesto lo que más destaco de la etapa de ayer, sino su actitud. Éste es el Haimar que me gusta, luchador. Y estoy seguro de que la afición también lo entiende así y se lo agradecerá en la etapa de mañana camino del Peyresourde. Además, confío en que esta otra manera de correr tendrá también su recompensa.
Haimar fue ayer la cabeza visible de un equipo, Euskaltel-Euskadi, que lo está bordando en el Tour. Sí, es cierto, le falta rematar, pero el que están haciendo es el mejor camino para conseguirlo. Iñigo Landaluze y Rubén Pérez tuvieron que trabajar ayer a destajo para que Haimar luchara por la victoria. Ambos estuvieron sencillamente soberbios.
¿Vinokourov? Qué se puede decir de él que no se haya dicho ya. Creo que el kazajo y Cobo eran los más fuertes de la escapada, pero el cántabro desperdició muchas fuerzas por el camino. Al final, Vino se volvió a llevar el gato al agua, lo que no deja de ser un consuelo para él después de decir adiós a su sueño de ganar el Tour.
Quedó claro en el Peyresourde, por si no lo estaba ya desde el día anterior, que Michael Rasmussen y Alberto Contador están un punto por encima de todos los demás. El madrileño atacó al danés hasta en seis ocasiones, pero, aunque pareció que podía dejarle, creo que el líder no pasó apuros y el descanso de hoy le puede beneficiar. ¿Por qué? Porque ya ha experimentado lo que es sentir la presión de los medios de comunicación, algo que puede acusar Contador, más joven e inexperto.
La lucha por el podio, en la que se ha metido, aunque lo tenga complicado, Haimar Zubeldia está bastante más abierta, con Cadel Evans, Levi Leipheimer, Andreas Klöden y Carlos Sastre en la pelea. La etapa de mañana, camino del Aubisque, va a ser espectacular, tremenda.
la cifra
5
· Etapas. Las que ha ganado Vinokourov en el Tour de Francia, una en 2003, dos en 2005 y otras tantas en la presente edición.
El ganador
· Alexandre Vinokourov. Nació el 16 de setiembre de 1973 en Kazakhstanskaya, entonces república soviética de Kazajistán, por lo que tiene 33 años. Debutó en profesionales en 1998 con el Casino, sumando seis triunfos. En 1999 ganó la Dauphiné, en 2000 pasó al Telekom, con el que levantó los brazos 35 veces (triunfos en Tour, Vuelta, Lieja, Vuelta a Suiza y Dauphiné), hasta que en 2006 recaló en el Liberty, con el que no pudo correr el Tour pero ganó tres etapas y la general de la Vuelta, con el equipo llamándose ya Astana. No ganará el Tour, pero suma dos etapas.
la película
· Km. 55: Fuga con 25 ciclistas: Arroyo (Caisse), Kirchen (T-Mobile) Arvesen y Vandevelde (CSC), Menchov (Rabobank), Turpin (AG2R), Zubeldia, Landaluze y Pérez (Euskaltel), Bennati y Vila (Lampre), Kohl (Gerolsteiner), Halgand (C. Agricole), Hincapie (Discovery), Lefèvre y Tschopp (Boygues), Albasini (Liquigas), Vaugrenard (FDJ), Garate (Quick Step), Knees (Milram), Vinokourov, Ivanov y Navarro (Astana) y Cobo (Saunier).
· Km. 174: En la subida al Peyresourde queda un quinteto en cabeza: Vinokourov, Zubeldia, Cobo, Kirchen y Arroyo. Vino corona solo. En el pelotón, Rasmussen resiste los ataques de Contador
· Km. 196: Vinokourov gana y Rasmussen sigue portando el amarillo.
El líder
· Michael Rasmussen. El danés de 33 años, ex campeón del mundo de BTT, mantuvo el amarillo pese a los ataques de Contador.
clasificaciones
decimoquinta ETAPA
1. Alexander Vinokourov (Astana) 5h34:28
2. Kim Kirchen (T-Mobile) a 49"
3. Haimar Zubeldia (Euskaltel-Euskadi) m.t.
4. Juan José Cobo (Saunier Duval) a 51"
5. Juanma Garate (Quick Step) a 2:16
GENERAL
1. Michael Rasmussen (Rabobank) 69h52:14
2. Alberto Contador (Discovery Channel) a 2:23
3. Cadel Evans (Predictor-Lotto) a 4:00
4. Levi Leipheimer (Discovery Channel) a 5:25
5 Andreas Klöden (Astana) a 5:34
decimoquinta etapa
a. laiseka
Enviado especial
loudenvielle. Guerra al conformismo. Lucha sin cuartel. Se avecina un final de Tour espectacular. Vibrante. Hoy, la carrera descansa en Pau. Armas en reposo. Piernas colgadas, en barbecho. Pero sólo un día, 24 horas de tregua para continuar a la greña. Más cera en la montaña. Más chispas, más roce entre Contador y Rasmussen. Espectáculo de quilates. El Tour es cosa de los dos. Madrileño y danés se juegan la carrera en dos capítulos: la última etapa pirenáica de mañana, camino de la estación invernal de Gourette, y la crono del sábado. Porque ayer, como el domingo en Plateau de Beille, ambos, primero y segundo de la general, volvieron a estar por encima de todos; de Cadel Evans, de Levi Leipheimer, de Andreas Klöden, de Carlos Sastre… que se jugarán un podio al que también aspira, aunque sus posibilidades son remotas, Haimar Zubeldia, séptimo tras la etapa de ayer a 3:54 del podio.
Rasmussen y Contador corren aparte, luchan por el Tour, por el amarillo que descansa todavía sobre los hombros del danés, que ayer vaciló, sufrió para seguir la rueda saltarina del heredero de Armstrong. Hasta seis veces atacó el madrileño en los últimos kilómetros de la ascensión al Peyresourde, y otras tantas le respondió el líder. A la primera de ellas fácil, solvente. La primera tentativa del madrileño acabó en miradas, tensión, como la víspera en Plateau de Beille. Palabras del amarillo, un auténtico sermón camino de la cima del último puerto de la jornada, entre un pasillo de gritos. La respuesta, siempre un ataque. Contador hablaba con las piernas. Un discurso efectivo que a punto estuvo de catapultarle en solitario hacia la meta. En su tercer ataque abrió hueco, apenas cinco metros que se quedaron ahí. El cambio de ritmo sostenido sentó al danés, que se desplomó sobre el sillín. Herido. "He sufrido", reconoció en meta. Contador amplió la renta unos metros más, pero también se dejó vencer por el dolor. Se sentó y la diferencia se estancó por unos instantes. Ambos retaron al sufrimiento cuando el pulsómetro corría ya despendolado. Luego, se volvieron a abrazar. Al gato y al ratón jugaron otras tres veces, hasta que vislumbraron la pancarta de montaña. El final del Peyresourde. Entonces enterraron el hacha y decidieron convivir hasta Loudenvielle, donde metieron otro minuto más a sus rivales. Mañana, camino del Aubisque volverán a enzarzarse, a jugarse el Tour. |
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