Kabul. Los insurgentes talibanes ampliaron ayer, por segunda vez, otras 24 horas el plazo de negociación para los 23 rehenes surcoreanos secuestrados el jueves, mientras continúan las conversaciones para conseguir su liberación. "Como el Gobierno afgano no ha intentado resolver sinceramente el problema, esta vez daremos 24 horas al Gobierno coreano para resolverlo", dijo un portavoz talibán, Qari Yousef Ahmadi.
Los rebeldes habían amenazado con ejecutar a los 18 mujeres y cinco hombres surcoreanos a las 19.00 hora local (14.30 GMT) de ayer, en caso de que las autoridades no se mostraran dispuestas a cumplir con su demanda de excarcelar a un número idéntico de presos talibanes a cambio de los retenidos. Tras dar un ultimátum que caducaba el domingo, los insurgentes habían extendido el plazo 24 horas, hasta ayer, para "discutir el asunto" con la delegación coreana que llegó al país. Otra exigencia de los insurgentes, la retirada de los 200 soldados surcoreanos integrados en la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF), ya ha sido aceptada por Seúl, que tenía prevista la salida de sus tropas del país a finales de este año.
Mientras tanto, fuerzas del Ejército, la policía y los servicios de inteligencia afganos, mantienen sitiada la zona de Qara Bagh, en el este del país, donde supuestamente se encuentran secuestradores y secuestrados. Según una fuente del Gobierno provincial, que pidió no ser identificada, el contacto con los captores ha sido establecido mediante los líderes tribales en la zona.
Ataque Una patrulla española del Equipo de Reconstrucción Provincial de Qala i Naw, en Afganistán, fue tiroteada ayer a unos cuarenta kilómetros al noreste de la base española en este enclave afgano sin que se produjeran daños personales ni materiales. Además, cuatro soldados de la OTAN murieron ayer y un quinto resultó herido cuando el convoy en el que viajaban fue alcanzado por una bomba en el este de Afganistán. La ISAF no informó de su nacionalidad.
EL último rey de Afganistán falleció ayer a los 92 años. Exiliado en Roma durante casi treinta años después de ser derrocado, volvió a cobrar protagonismo con su regreso a Kabul tras la caída del régimen talibán, cuando inauguró la Loya Jirga (Asamblea de notables) que escogió a Karzai como presidente. De etnia pashtún, igual que los talibanes, y lengua darí, Zahir Shah fue una figura central en un país caracterizado por su diversidad étnica.
Fue el responsable de modernizar el país centro-asiático tras la II Guerra Mundial, en la que Afganistán se mantuvo neutral. Zahir nació el 15 de octubre de 1914 en la capital afgana, y cursó estudios en Kabul y Francia, país en el que pasó gran parte de su juventud. Con sólo 19 años, accedió al trono después de que su padre, que sólo reinó tres años, fuera asesinado en 1933 por un estudiante de etnia hazarí.
El nuevo monarca se reveló como un gobernante abierto, liberal y progresista. Su impulso democratizador culminó en 1964 con la promulgación de la primera Constitución de la historia de Afganistán, que garantizaba la libertad y la participación democrática. La Carta Magna estableció un Parlamento bicameral elegido por sufragio universal, y dio a las mujeres el derecho al voto y a la educación, progresos que más tarde los talibán se encargarían de anular. Pero para entonces, Zahir Shah ya llevaba tiempo en el exilio: su reinado acabó en 1973 y durante 29 años no volvería a pisar suelo afgano.
Zahir Shah se encontraba en Italia para ser sometido a un tratamiento médico cuando su primo Mohammed Daud abolió la monarquía en 1973. El rey no quiso defenderse para evitar un baño de sangre, dimitió y se quedó en Roma. El país entró entonces en uno de los períodos más turbulentos de su historia, con la invasión soviética en la década de 1980 y el advenimiento del régimen talibán en 1996. Tras 29 años, la mayor parte de los cuales el país se vio sumido en conflictos internacionales y civiles, el 11-S, la invasión de Afganistán liderada por EE.UU. y el derrocamiento de los talibanes a fines de 2001 llevaron a muchos a pensar que el ex rey representaba un fuerza que podía unificar un país devastado. Shah regresó en abril de 2002.
El ex soberano aseguró que aspiraba a dedicar sus últimos años a servir a su patria, pero que no quería volver a ser rey. En junio de 2002 formalizó su disposición a ser candidato a presidente frente la Loya Jirga, pero poco después renunció no ya sólo al trono, sino también a la posibilidad de convertirse en jefe de Estado y de gobierno. Se difundió el rumor de que había cedido a la presión de EE.UU., que quería imponer para el cargo a su candidato, Hamid Karzai. Elegido presidente en 2004, Karzai gobierna Afganistán hasta hoy. |