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24-06-2007
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Vicenç Fisas es un firme defensor del diálogo entre todas las formaciones políticas, sin exclusiones, como método para alcanzar la paz. Fotos: marta pérez
Politika
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vicenç fisas
"En la medida en que crezca la política, ahogará y hará desaparecer la práctica del terror"
Sigue sin perder la esperanza en que el conflicto vasco llegue a su fin. Y apuesta porque aparezca de nuevo el espacio de la política como medio de resolución de conflictos. Eso sí, sin interferencias de ETA. Vicenç Fisas cree que hay que repensar cómo acabar con el problema.


catedrático por la unesco de paz y derechos humanos y director de la escuela de cultura de paz de la uAB

amaia artetxe

bilbao. ¿Cuáles han sido los motivos del fracaso del proceso de paz?

Viendo cómo van transcurriendo las cosas, no sólo desde el 30 de diciembre, sino en este medio año posterior, hay un mensaje que es el más importante: antes teníamos lo que llamamos un metaconflicto, una discusión sobre de qué va el conflicto, incluso se discutía si había o no un conflicto. Esta etapa se ha superado, por fortuna, en los últimos años y lo que ha surgido una vez abierto el proceso es lo que podríamos llamar la discusión sobre la metarresolución, sobre cómo han entendido las partes que se puede solucionar el conflicto. Y ahí hay problemas metodológicos, de desconfianzas, de ritmos...

No me pasa por alto que en estos momentos, en las últimas semanas, está ocurriendo algo bastante típico. No digo que siempre ocurra en los procesos de paz, pero por desgracia es muy habitual: el síndrome del destape, donde las partes empiezan a divulgar, con cuentagotas pero con bastante detalle, cómo fueron las cosas. Y se rompe el secreto, que es muy conveniente para dejar un espacio de cara al futuro de poder volver a intentar abrir el proceso. Lo digo porque la prensa está divulgando detalles de las conversaciones y eso no es bueno. La incapacidad para mantener los secretos es algo que luego se paga caro.

Por otro lado, técnicamente y mirando con perspectiva cómo han ido las cosas, los tiempos que se habían concertado eran demasiado cortos. Se daban plazos muy breves en un contexto donde los torpedos eran fuertes por parte de la oposición, del poder judicial… Ello, en parte, era previsible, aunque quizá nadie imaginaba que fuera con tanta intensidad. Cuando tienes muchos torpedos, te ponen zancadillas y te das tiempos cortos, la probabilidad de fracaso aumenta.

También diría que quizá ha habido compromisos que luego eran muy difíciles de cumplir o que, en todo caso, necesitaban un rodaje más largo. Esto ha facilitado la quiebra de confianza y que cada parte tuviera la impresión de que la otra no estaba cumpliendo sus compromisos.

¿Se pueden extraer lecciones de todo ello?

Por mal que ha ido el proceso, al final Batasuna, o lo que represente a la izquierda abertzale, tendrá que ser un actor que normalice su presencia en la vida política. Cuanto más se tarde en normalizar eso, más tarde tendremos una nueva posibilidad de abrir un proceso. Otra lección que creo importante señalar es que ETA ha de entender que nunca debe inmiscuirse en los temas de la agenda política, que esto no le corresponde, que no tiene ni apoyo, ni legitimidad, ni absolutamente nada para imponer eso. Y es por este motivo que me parecía sensato el esquema inicial de dos mesas. Pero una mesa no puede interferir en la otra.

Pese a todo, creo que, aunque parezca imposible a día de hoy, tarde o temprano habrá que volver a intentarlo, empezar de nuevo y ojalá se aprendan las lecciones de lo que se ha hecho mal ahora.

No parece que ese momento vaya a llegar en breve.

Nunca se sabe. Nuevamente estamos en una fase preproceso. Hemos vuelto para atrás, pero hay que volver a empezar. Habrá que intentarlo de otra manera, quizá con más realismo. ETA entiendo que va a tener muchas capturas y, por tanto, será una organización muy residual, pero que tiene capacidad de regenerarse y habrá personas que se irán introduciendo en la organización… No se va a acabar por las buenas.

El espacio de la política como método de resolución de conflictos tendrá que aparecer de nuevo, pero no se puede repetir la misma fórmula si no ha salido bien. Todas las partes implicadas tendrán que pensar qué cosas se podrían haber hecho mejor y eso implica a varios actores: al Gobierno, a ETA, a la izquierda abertzale, al Partido Socialista, a las formaciones políticas del Parlamento vasco… Cada cual tendrá que jugar un papel que en estos momentos no se ve con ninguna claridad. Hay, además, una sensación de cansancio, de desengaño… Pero por debajo de la mesa creo que habrá que continuar trabajando para crear unos hilos de comunicación que permitan, en su momento, volver a intentarlo.

¿Qué bases debería tener un nuevo proceso?

La fórmula de las dos mesas continúa siendo válida. Es decir, que ETA sólo debería hablar con el Gobierno de la salida de los presos y del abandono de las armas y que tiene que haber un espacio en el que la política se normalice y en el que esté presente la izquierda abertzale. A Batasuna se le presionó mucho para que se legalizara, entró por el embudo de la Ley de Partidos y no le ha servido de nada. Esperar que se digan palabras mágicas, como condena, si no se aceptan variantes tampoco es una buena fórmula. Hay muchas personas que no están representadas, que en su mayoría rechazan la violencia y que se dan cuenta de que el terrorismo es una cosa a guardar en el armario de la historia. Sin embargo, si no tienen capacidad de moverse políticamente, un sector minoritario de este espectro de la sociedad puede tener la tentación de optar por la vía armada y ahí volvemos al reclutamiento de ETA. Por tanto, que se normalice la política es un factor importantísimo. Cuanta más política pueda hacer Batasuna, menos espacio va a tener ETA para actuar. Y eso es lo que dará el coraje que también ha de tener Batasuna para poner una raya muy clara, pública, de hasta aquí hemos llegado, que no se pueda traspasar. Pero debe tener posibilidades de hacer política como el resto de partidos.

Los partidos que han participado en las negociaciones creen que Batasuna está aún demasiado condicionada por ETA.

Soltar las amarras del pasado siempre cuesta mucho. No es fácil, pero eso no quiere decir que no haya una voluntad firme de hacer las cosas de otra manera y de normalizarlas por las vías democráticas. Creo que en Batasuna hay una evolución lenta pero clara desde el año 2000. Si no se acepta esta evolución y se dan incentivos para que continúe, las amarras, aunque sean más delgadas, seguirán existiendo. Para soltar amarras y actuar en absoluta y plena libertad tienes que tener un espacio por delante. Y creo que este espacio político hay que crearlo.

La Ley de Partidos es un obstáculo importante para ello.

No tanto la Ley de Partidos, sino cuatro artículos de esa ley, los que prohíben que personas que han estado en partidos ilegalizados puedan formar nuevos grupos o estar en listas electorales. Hasta que no se retiren estos cuatro artículos seguiremos teniendo el problema. Batasuna pasó por el embudo y luego se le ha dicho que no. Y no se puede hacer las dos cosas a la vez: decir tienes que pasar por la Ley de Partidos y luego ilegalizarla igual… Hay que tomárselo muy en serio: se da o no se da espacio. La política, en la medida en que crezca, va a derrumbar, a ahogar y a hacer desaparecer la práctica del terror. De este modo, ETA dejará de existir porque no tendrá ningún sentido para nadie.

Parece que los partidos políticos muestran unidad y buscan vías que no sean la estrictamente policial

No lo veo tan claro. Creo que ahora hay algo que desdibuja un poco la realidad: los pactos electorales en municipios, en las Juntas Generales, etcétera. Y eso dificulta a corto plazo pensar en una nueva estrategia para reabrir un proceso que sea ya definitivo. Por eso creo que hay que esperar unas semanas y, quede como quede la cosa, después habrá que reprensar cómo hay que hacer para finalizar este conflicto.

Si se diera esa unidad a excepción del PP ¿sería posible iniciar un proceso y llevarlo hasta el final?

Eso depende de bastantes variables: de cómo esté ETA y quién tiene el pulso; qué está dispuesto a hacer el Gobierno, si ahora se dan las condiciones para moverse o no… Pero hay tal pérdida de confianza y la presión ha sido tan enorme que va a ser mucho más complicado que antes, lo cual no quiere decir que sea imposible. Nunca hay que perder la esperanza. Pero a corto plazo, a menos que tengamos una sorpresa, creo que todos los actores están muy condicionados por cómo han ido las cosas durante este año y medio. Y tendrán que superar esas circunstacias y renovar una apuesta que tendrá que ser más sólida y que tenga credibilidad.

¿El gobierno deberá contar con todos los partidos para iniciar esa tarea y mantenerlos informados?

Si yo fuera el presidente del Gobierno no informaría absolutamente a nadie. Lo sabrían muy pocas personas. No pediría tantos permisos al Parlamento. Esa metodología no quiero descalificarla, pero es bastante diferente a cómo suelen hacerse las cosas en el ámbito internacional y te pone en una situación de riesgo, porque te quedas tan público, tan visible, que los palos y los torpedos te llegan por todas partes. Igual me equivoco, pero apostaría más bien por la discreción y por no dar tanta visibilidad si hay un nuevo intento, para no ser tan vulnerable frente a terceros.

La ruptura del alto el fuego ha generado gran hastío en la sociedad. ¿Debe reactivarse y salir a la calle o es la hora de los políticos?

No, no, no. Creo que ningún conflicto en el mundo y menos el nuestro debe quedar exclusivamente en manos de partidos políticos. Es la sociedad quien tiene la palabra y es absolutamente mayoritaria la población que está hasta las narices ya. La gente puede estar unida en cosas muy básicas y tendrá que movilizarse de forma no partidista, que participar los partidos pero no sean protagónicos. Mi invitación es a dejar las pancartas partidistas en casa y salir a la calle como pueblo. Este mensaje da a entender que la violencia es una cosa del pasado y que, como se ha hecho en tantos sitios, tiene que haber mecanismos para terminar de una forma en la que nadie se sienta humillado. Y sé que es duro decir eso, sobre todo para las víctimas, pero si no, no vamos a terminar con esta historia nunca.

¿La sociedad debe reclamar diálogo?

Diálogo es una palabra que se sobreentiende que es solamente respecto a ETA y no es eso. Diálogo es entre todos los componentes de la sociedad, con sus diferentes expresiones políticas. Ese diálogo está roto, muy deteriorado, hay mucha desconfianza… Repito, es necesaria una movilización de todo el mundo. El lehendakari puede ser el convocante pero debe estar arropado por movimientos sociales y la invitación debe ser a que el pueblo diga se acabó la historia y queremos vivir de forma normalizada, sin presiones y con escenarios abiertos. No debe haber escenarios cerrados, todo se puede cambiar.

Supongo que se referirá a cambios en el marco político. Pero los intentos no han prosperado.

Por fortuna, se ha superado desde hace años, desde hace tres o cuatro años, la lógica perversa del 51%, el que tiene el 51% puede machacar al que tiene el 49%. Se buscan mayorías mucho más amplias, de ahí que el PSE-EE sea un partido bisagra, imprescindible, de la misma forma que no se puede llegar a esta mayoría suficiente sin la presencia de Batasuna. Que salgan todos es el mensaje clave para que ETA entienda de una vez que forma parte de la historia, no del presente.

Porque el final pasa por el diálogo.

El diálogo entre todos los pensamientos y todas las propuestas políticas. Me parece bien lo que se convino en Anoeta de que hubiera una mesa de partidos, pero que en primera instancia no era para hacer propuestas cerradas, de ahí que me sorprendió que Batasuna sacara el tema de Navarra.

¿Se refiere a su propuesta de marco democrático o a las informaciones que apuntan a que ETA marcó plazos para crear un órgano conjunto entre la CAV y Navarra?

Me refiero a la primera. Luego, si ETA marca plazos, peor, estamos ante dos problemas en paralelo, porque ETA querría inmiscuirse en la mesa de partidos y que no lo haga es una premisa básica para que un proceso tenga sentido.

¿Porque la paz no tiene un precio político, verdad?

Este término ha sido tan manoseado que mejor no emplearlo. Los cambios políticos los tiene que hacer la sociedad mediante sus organizaciones sociales y políticas. Y punto. ETA no tiene que entrar en esto. Y, por tanto, no es un precio político a ese nivel, lo que pasa que exige un esfuerzo en busca de consensos y de dar plenitud a la democracia, teniendo en cuenta la opinión de los ciudadanos mediante mayorías muy amplias para poder decidir determinadas cosas y consensuando cómo hacerlas. Y si esto es un precio político, entonces bienvenido, porque sería un precio muy democrático. Precio político no quiere decir cesión y ETA jamás puede pretender una cosa de este estilo, porque no es nadie para imponer nada.

el protagonista

· Carrera profesional. Vicenç Fisas es titular de la cátedra de la Unesco sobre Paz y Derechos Humanos. En la actualidad, dirige la Escuela de Cultura de Paz de la Universidad Autónoma de Barcelona y es el responsable del del programa sobre Procesos de Paz que se imparte en este centro. Colabora habitualmente con diversas publicaciones y ha escrito a lo largo de su carrera varios libros, entre ellos 'Procesos de paz y negociación en conflictos armados' o 'Alternativas de defensa y cultura de paz'.

sus frases

"Hay que trabajar en crear una comunicación que permita volver a intentar un proceso"

"ETA ha de entender que no debe inmiscuirse en los temas de la agenda política"

"Cuanta más política pueda hacer Batasuna, menos espacio tendrá ETA para actuar"

"Ningún conflicto, menos éste, debe estar exclusivamente en manos de los partidos"

"La incapacidad para mantener los secretos es algo que luego se paga caro"
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