bilbao. El día del llamado orgullo gay es banderín de enganche no sólo para poner altavoz a las reclamaciones de homosexuales gays y lesbianas, sino también para plantear las demandas de travestidos y transexuales.
Aunque la recientemente aprobada Ley de Identidad de Género sea la más avanzada y progresista de Europa (que en esta materia es como decir del mundo), travestidos y transexuales ven en ella un quiero y no llego a las demandas que ellos consideran básicas en su camino hacia la normal aceptación social de su propio ser.
Hoy, el clamor más potente de los colectivos y de cuantos transexuales hemos contactado, es contra la psiquiatrización de su identidad. "La identidad de género no existe como tal, ya que el género no confiere identidad", explica Andrea Muñoz, de Transexualidad-Euskadi.
Es su base argumental, defendiendo el derecho a existir de todas las identidades de género, más allá de las dos médicamente impuestas. "Impuestas precisamente por los evaluaciones psiquiátricas, que les reasigna forzosamente dentro de la dicotomía hombre-mujer sin aceptar ninguna otra posibilidad", apostilla Nerea, transexual de Donostia, en tratamiento hormonal y a la espera de tener acceso a una intervención de cambio de sexo.
Así, admitiendo que la Ley de Identidad de Género les libera de muchas trabas anteriores y les permite una identificación con su propio ser, les reconoce que les siga haciendo pasar por las terapias de grupo, los análisis clínicos, los test de la vida real, los exámenes psiquiátricos y, según su opinión, les mantenga bajo la sospecha permanente de que, como personas transexuales o transgénero, deben ser tratadas como enfermos mentales. "No, no somos enfermos mentales, ni todos somos de la farándula, ni nos dedicamos al espectáculo, ni mantenemos relaciones sexuales promiscuas, en absoluto", subrayan. "Entre nosotros/as hay de todo y lo que deseamos es que se nos trate con la misma naturalidad que a los demás: ni éramos antes delincuentes pervertidos ni ahora enfermos de tratamiento psiquiátrico", dice contundente Nerea, quien al igual que Andrea, aguardan con ansiedad el día que su carné de identidad no desentone con su aspecto físico. "Sí. La ley es un triunfo; vamos a poder cambiar nuestro DNI aunque no nos hayamos sometido a una operación de reasignación de sexo. Es un gran logro para todos y todas las activistas que llevamos años luchando por equiparar los derechos de los transexuales al resto de la ciudadanía".
respeto administrativo El cambio de nombre en el registro le da a Nerea un respeto en el trato con la administración nada desdeñable. A sus 24 primaveras nunca se sintió varón, pero no fue consciente de su género hasta pasada la adolescencia. "De mayor vas cambiando y cada vez te sientes peor con tu sexualidad. Mis aitas me apoyaron en todo momento, aunque hubo momentos muy fuertes, de desarraigo. Ellos veían que no era un tema de homosexualidad pero que había un problema. Sin embargo, el tiempo lo cura todo".
Nerea inició su tratamiento de feminización hace poco más de un año. "Mi voz siempre ha sido la de una chica y mi imagen andrógina, por lo que mi aspecto exterior no me ha dado problema alguno".
Su tratamiento comenzó cuando decidió acudir al médico de cabecera. "Antes me había informado sobre los pasos que tenía que seguir. El médico me derivó al psiquiatra y ahora estoy con un psicólogo. El tratamiento hormonal es para toda la vida", apostilla esta estudiante que acaba de concluir la carrera y que está a la búsqueda de trabajo. El tratamiento que sigue concluirá en dos años y será entonces cuando decida si se somete a una reasignación de sexo. "Espero que para entonces Osakidetza ya haya incluido en sus prestaciones la intervención". |