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Que sí, que vale, que todo el mundo tiene derecho a evolucionar. Ramoncín se raspó la napia, se rascó el diminutivo y ahora se llama Ramón. De acuerdo. Georgie Dann publica un disco en el que arremete contra el chiringuito, la colchoneta, la paellera, la ensaladilla rusa y las gambas a la plancha. Como lo leen. Tamaña conversión se le permite a un voceras con cara de caucho y peluca de Argamboy. Pero al Athletic, no, colegas. El mejor equipo del mundo no es un amor de verano, es una fe, y tiene una filosofía muy concreta que admite alguna gotera pero no un fraudulento manguerazo. Un candidato electoral pretende traer a un andaluz y vendernos la moto aduciendo que su madre es de Barakaldo. Yo no tengo nada contra el pelotero y menos contra la Bética, pero si no es nacido aquí ni formado entre nosotros quien puede correr de extremo derecho -extrema derecha suena fatal- es su santa madre, no él. Y si yerro cambiemos las reglas e importemos por doquier, que hasta Kepa Dann regatea al contrario con sus caniculares coreografías. Y es que nos dirigimos hacia un ridículo sin fondo. Al abrirse la veda de los oriundos, allá por los setenta, se dieron casos de rauda y chusca aclimatación. A un tal Aguirre, recién aterrizado en Granada, lo aleccionaron mil veces para que dijera que su padre era de Pamplona. Así que cuando los periodistas le preguntaron sobre su origen navarro el obediente tuercebotas se aferró al guión como la laca a Tamara: navarro no, carajo, mi padre es de Pamplona. Otros delanteros afirmaban provenir de ciudades tan ibéricas como Celta, Rayo u Osasuna, y si no paramos el coladero aquí ocurrirá lo mismo. Llegará un melenas de Cuernavaca, confesará sus locas ganas de jugar en el Bilbao y cantará La Barbacoa, o sea el himno. Eso sí, su tatarabuelo materno echó un meo en el Pagasarri o un casquete en el Teide. Que ya puestos es lo mismo. |