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Numerosas personas se reunieron en el Palacio Euskalduna ayer para celebrar los primeros treinta años de DEIA. fotos: roberto zarrabeitia/oskar martínez/zigor alkorta |
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Puentes de papel sobre la Historia
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La celebración del trigésimo aniversario de DEIA en la terraza del Palacio Euskalduna congregó a buena parte de la sociedad de Bizkaia en una tarde apacible que se 'balanceó' entre la modernidad del hoy rabioso y las alegres fiestas de los años 70, cuando vivir era duro y divertido.
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Jon Mujika
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HUBO, no vamos a negarlo ahora, incluso una rogativa a todos los santos de la meteorología para que la Tía Lluvia, hermana de la Madre Naturaleza, no acudiese a la fiesta. Por mucho que su presencia, a lo largo de estos últimos treinta años, haya empapado en más de una ocasión las páginas de DEIA -nunca con tanta fiereza como aquellas inundaciones de 1983...-, no hubiese sido elegante presentarse de improviso sobre la fantástica terraza del Palacio Euskalduna, donde ayer se celebró el trigésimo aniversario de DEIA con una fiesta de cinco jotas, cinco estrellas o cinco tenedores, según prefieran.
¿No recuerdan, verdad...? DEIA costaba entonces, en 1977, doce pesetas y un piso tres millones... ¡Cómo ha cambiado todo! A lo largo de estos 30 años el periódico ha levantado puentes de papel sobre los cauces de la Historia para que los lectores cruzasen de una a otra orilla. Han sido legión los que han hecho posible esta obra de arquitectura informativa y recordar a todos sería una quimera. Unos se fueron en pos de otras aventuras periodísticas, otros cayeron rendidos a los encantos de la jubilación (rendidos por la fatiga... ¡No se imaginan lo que se trabaja en un periódico!); algunos han fallecido ya y muchos otros siguen, al pie del cañón, prestos a desenfundar la noticia con la rapidez del Billy El Niño. A todos ellos... ¡Muchas gracias!
La fiesta tuvo el aire de psicodelia que se gastaba en aquellos tiempos. Bolas de discoteca, color y una alegría de vivir tremenda. Fue llevada con ritmo por Gabi, el rey de la improvisada discoteca y comenzó con un paseo audiovisual por la memoria de DEIA, proyectado en televisiones de plasma, los mismos que Iñaki Iriarte, primer director del periódico, hubiese acogido de buen grado en caso de que en 1977 la tecnología hubiese llegado hasta estos confines. No fue así e Iñaki describió cómo se hacía un periódico sin internet, sin la inmediatez de los teléfonos móviles, sin ése bombardeo constante de noticias que hoy cae sobre cualquier redacción del planeta. Fue, ya digo, una hermosa descripción del método artesano del periodismo...
Con ritmo trepidante, tomó la palabra el actual director de DEIA, Enrique Santarén, quien agradeció a todos los presentes -clientes, agencias, lectores, trabajadores... ¡la sociedad vasca, en suma!- su aportación a esta singladura. El presidente del Consejo de Administración, Iñaki Alzaga, puso el broche a la hora de los discursos, apenas momentos antes de que se abriesen las puertas de la modernidad con un cóctel servido en la terraza del Palacio Euskalduna en el que participaron, además de los ya citados, Juan Ugarte, el director general de DEIA, Iñaki Hernando, Marta Aguilar y decenas de trabajadores de los DEIA de ayer y hoy, el diputado general de Bizkaia, José Luis Bilbao, Ibon Areso, el consejero de Sanidad, Gabriel Inclán, Belén Greaves, José Luis Sabas, Isabel Sánchez Robles, Jon Sustatxa, el alcalde de Getxo, Imanol Landa, el navegante Unai Basurko, Marcos Muro, Ricardo Barkala, Isidro Elezgarai, Ángela Sanz, Xabier Jon Davalillo, Eva Maguregi, Miguel Ángel Arakistain, José Odriozola, Juan Manuel Unda, Aitor Salcedo, Josu Beltrán, Ainhoa Elorriaga y un buen número de invitados de cuya presencia tendrán noticia en el despliegue gráfico e informativo que realizará mañana el periódico. Poco a poco, la tarde se fue acostando y se puso en pie la noche, con una invitación al despendole y el desmelene, entre canciones de Abba y de Boney M y ese punto de melancolía que despiertan los gin tonics. |
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