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Una de las clases de Tai Chi que imparte Asier Rodríguez en Derio. |
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Inspiro confianza, expiro sabiduría
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Los jubilados de Derio se benefician de los efectos del Tai Chi Chuan y el Chi Kung, artes milenarios, que imparte Asier Rodríguez en el parque Uribe lunes y miércoles de este mes.
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Ainhoa Gondra
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MEJORAN el cuerpo, aumentando la capacidad pulmonar y el volumen óseo, y también la mente, librándose del estrés tipo a esta edad que es la ansiedad. Son algunos de los numerosos beneficios del Tai Chi Chuan y del Chi Kung, especialmente ventajosos para los que se preocupan por estar hechos unos chavales. En Derio, son catorce, doce mujeres y dos hombres, los que asisten todos los lunes y miércoles de la semana a las clases que el instructor Asier Rodríguez Martínez imparte en el parque Uribe durante este mes.
Los mayores de la localidad vizcaina de Derio dedican dos horas a la semana, los lunes y miércoles de 10.00 a 11.00, a tomar conciencia interior mediante la respiración; a ser conscientes de sus cuerpos; a conocer cuándo se encuentran tensos y cuándo relajados; a caminar mediante pasos suaves y lentos trabajando el equilibrio y todo acompañado con la respiración.
Están en manos de Asier Rodríguez Martínez, instructor de Tai Chi, yoga y maestro de taekwondo, que habla maravillas de su clase. "Todos muy animados", dispuestos a cargar energía desde primera hora del día. Su clase comienza con un estiramiento tradicional para sentir todas y cada una de las articulaciones, moverlas y estirarlas; sigue con un ejercicio de Chi Kung, movimientos terapéuticos coordinados con la respiración; avanza con el aprendizaje a caminar, trabajando el equilibrio, la estabilidad, saber coger y distribuir los pesos; y concluye con la prana- yama, o el control de la respiración consciente. A todo ello da tiempo en una hora de clase al aire libre en el parque Uribe (en caso de lluvia, en el frontón) y, de aquí, a empezar el día con energía renovada.
María Teresa Cerro tiene problemas de espalda y de huesos y ha descubierto en el Tai Chi "el complemento perfecto con el gimnasio y la piscina". Esta ama de casa de 58 años es una de las derioztarras asiduas a las clases. "Noto alivio en la parte física y muchísima relajación. Mientras haces Tai Chi, no piensas en otra cosa y el efecto es duradero. La pena es que sólo se imparte durante el mes de julio y me gustaría que se alternara algunos meses al año porque sabe a poco".
Fernando Zamora, jubilado de 67 años, no adolece de nada. Acude a clase con su mujer, Mari Carmen, y junto con Ángel son los dos únicos hombres del grupo. También, nota los beneficios físicos de la práctica, aprende a relajarse y pondrá todo de su parte para que el curso se prolongue durante el año. "Me pregunto dónde están los hombres. ¿Sólo en San Mamés? Ellas sí que son listas", sentencia. |
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