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Los socorristas en una de las jornadas en las que se encargan de la vigilancia de la playa de Barinatxe, en Sopelana. |
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Salvaje, pero segura
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Un grupo de socorristas de la playa de Barinatxe, en Sopelana, relata cómo transcurren las jornadas veraniegas en el arenal y cuáles son las incidencias más comunes que tienen que atender desde sus puestos de socorro.
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Elixane Castresana
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eS un día aparentemente tranquilo, con la mar en calma, pero esa circunstancia no debe conducir a engaño, porque, como afirma Egoitz Villanueva, socorrista de la playa de Barinatxe, en Sopelana, "las corrientes tienen más fuerza cuando no hay olas". Quizás por ese riesgo a esta playa se la conoce también como La salvaje. Y para tratar de que este arenal "abierto al mar y uno de los de más oleaje del litoral vizcaino" no haga bueno su apelativo, siete socorristas vigilan desde su puesto a los bañistas entre las once de la mañana y las ocho de la tarde.
A lo largo del día establecen turnos de tal forma que siempre haya alguien en el puesto. "También comemos aquí", indica Iñaki González, coordinador del grupo. Como norma general "cuatro socorristas que permanecen aquí todos los días", sin embargo la plantilla está compuesta por un total de "siete socorristas además del coordinador", precisa Iñaki hablando de sí mismo. Por ostentar ese cargo, debe supervisar las playas de las inmediaciones.
Para su tranquilidad y la de sus compañeros Egoitz, Almudena Barba, Markel Arregui y Beñat Uriarte, los usuarios "hacen bastante caso de las recomendaciones que les damos". De ahí que la inmensa mayoría de las "alrededor de 15 incidencias", que atienden de media en una jornada laborable se deban a "cortes en las rocas, en los accesos a las playas o picaduras de salvarios". Las evacuaciones al hospital a cargo de efectivos sanitarios de la playa suponen un porcentaje más reducido de las atenciones ("los heridos suelen acudir por su propio pie cuando se trata de heridas leves"), aunque así y todo "son más habituales de lo que la gente cree", apunta Egoitz.
Están preparados para afrontarlas y emplean los ratos libres en "entrenar con una tabla de rescate especial que nos acaban de traer, hacer prácticas de politraumatismos entre nosotros... en fin, refrescar la memoria en cuanto a los conocimientos que hemos ido adquiriendo a lo largo de los años".
Una trayectoria que consideran ya dilatada a los 29 años, al calificar como "veterano" a un socorrista de esa edad. Y con el fin de renovar la plantilla conjugan ese grado de experiencia con la juventud de otro compañero que no pasa de los 20. "Este año se ha incorporado mucha gente nueva", corrobora Iñaki. "Hay quien lleva ya seis años trabajando con los que acaban de empezar", añade. Cada temporada se efectúa una selección que determina en qué arenal desempeñarán su trabajo los socorristas.
Y para ellos la etapa veraniega empieza fuerte, puesto que el mes de julio atrae a la costa "a bastante más gente que agosto". Influyen entre otros factores "que los pueblos de alrededor están en fiestas, las vacaciones escolares o la gente que se anima más que en otras épocas a practicar surf" que arrastran a estos parajes a "gran cantidad de personas procedentes sobre todo de Algorta y Sopelana", mientras que Arrietara, más grande que la recogida Barinatxe, aglutina "la afluencia del Gran Bilbao".
dudas con las banderas Con el éxodo vacacional de agosto, en cambio, la playa se convierte en territorio conquistado por turistas desplazados desde el resto del Estado junto con un buen número de extranjeros. Estos últimos se acercan hasta el puesto de socorro con una gran duda: "No saben cómo funciona el sistema de banderas, y por tanto, lo que significan los colores". Por ese desconocimiento se adentran en el mar "en los peores sitios, y tenemos que advertirles".
Lo hacen incluso si la cambiante meteorología no acompaña, ya que el peligro se multiplica. Tareas de prevención y rescate aparte, confiesan que en las jornadas con tiempo adverso el aburrimiento parece no tener fin: "¡No sabemos qué es peor, si eso o que esté a tope!". |
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