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El madrileño Alberto Contador (Discovery Channel) ataca al danés Michael Rasmussen (Rabobank) en las durísimas rampas del Aubisque. Foto: efe |
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DECIMOSEXTA ETAPA
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Rasmussen asesta el navajazo final
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El rabobank excluye de la carrera al líder del tour por violar el código interno tras confirmar que mintió sobre su paradero para evitar pasar cuatro controles.
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Alain Laiseka Enviado especial
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gourette. El ciclismo ha decidido abrazarse a la Ley de Murphy. Todo lo que va mal puede ir peor. Cada vez que parece que se hunde en el más profundo de los lodos amaga con asomar la cabeza... para hundirse todavía más. Ocurrió ya el año pasado. El positivo del estadounidense Floyd Landis, ganador de la edición de 2006 del Tour de Francia, auguraba un punto de inflexión... pero nada ocurrió. Se recurrió a códigos éticos que debían ser firmados por los corredores, se endurecieron los controles... y el Tour arrancó. Y se desarrolló con normalidad hasta que el martes, en la segunda jornada de descanso, se anunció el positivo de Alexandre Vinokourov. No, no era un corredor cualquiera. Era Vino, el hombre llamado a dominar esta edición de la ronda gala el que tenía que salir por la puerta de atrás. El cazador de gestas, cazado con sangre ajena justo después de firmar una de sus hazañas en Loudenvielle.
Pero el Tour, renqueante, arrodillado ante la lacra del dopaje, parecía levantarse ayer con una de esas etapas pirenáicas que alimentan su mito. En ella, Michael Rasmussen había dejado prácticamente sentenciado su amarillo tras resistir, y posteriormente doblegar, al impetuoso Alberto Contador en las rampas del mítico Aubisque. La carrera parecía que volvía a congraciarse con esa afición que merece un monumento y que tapa con aplausos y ánimos todas y cada una de las cornadas que da últimamente el deporte de las bicicletas. Pero no. El ciclismo parece llamado a no sacar la cabeza del fango. Primero se conoció el positivo del italiano Cristian Moreni (Cofidis). Otro golpe. Pero el golpe mortal estaba por llegar.
¿Pueden ir las cosas a peor para el ciclismo? Por supuesto que sí. Por la noche se dio a conocer que Michael Rasmussen, el hombre llamado a ganar este Tour por su gran rendimiento en la carretera, no iba a tomar la salida en la etapa de hoy. Así se lo había ordenado su propio equipo, el Rabobank holandés, que decide esta misma mañana si continúa en carrera o decide retirarse en bloque al igual que hicieron Astana y Cofidis. ¿La razón? Según el comunicado de la escuadra dirigida por Theo De Rooy, "el corredor no puede seguir en carrera porque ha violado nuestras normas y en esas condiciones no puede continuar corriendo con nosotros". Todo parece deberse, según señalaban a última hora de ayer fuentes del propio Rabobank, a que el equipo ha tenido conocimiento de que el corredor mintió sobre el lugar en el que se encontraba entrenando cuando debía someterse a una serie de controles. Al parecer, Rasmussen dijo que estaba en México- pasa allí largas temporadas de entrenamiento ya que allí vive la familia de su mujer y ha estado inscrito en la Federación de ese país- preparando la Grande Boucle cuando en realidad se encontraba en el norte de Italia, en Livigno, todo ello con el fin de no tener que pasar cuatro controles. Y es que la normativa antidopaje de la UCI establece que la agenda de los ciclistas debe estar en su conocimiento para los controles antidopaje por sorpresa. Si un ciclista evita tres de estos controles en un periodo de 18 meses puede considerarse que ha roto el código antidopaje y enfrentarse a una sanción de dos años de suspensión.
Rasmussen abandonó junto a un auxiliar del equipo el hotel Mercure de Pau donde se encontraba alojado junto a sus compañeros de la escuadra holandesa. Portaba una bolsa de deportes y una maleta. Eran cerca de las 23.00 horas de ayer y poco después eran los miembros de la Gendarmería los que entraban a realizar registros. Horas antes, en ese mismo hotel, tuvo lugar una reunión entre representantes del patrocinador Rabobank y los dirigentes del equipo. Ahí tomaron la decisión de sacar a Rasmussen de la carrera. Todo apunta a que también hubo presiones por parte del propio Tour de Francia, ante el temor de que ocurriera lo mismo que el año pasado con Landis, es decir, que una vez acabada la prueba saltase la noticia del positivo del vencedor. No hay que olvidar que Patrice Clerc, presidente de la ASO, sociedad organizadora de la Grande Boucle, lleva ya varios días afirmando que, en su opinión, Rasmussen tenía que ser expulsado de la carrera.
En el ojo del huracán Pese al impacto que produce el hecho de que el maillot amarillo de la ronda gala, que desde hoy pasará a lucir Alberto Contador, no tome hoy la salida, lo cierto es que hacía ya tiempo que Rasmussen se encontraba en el ojo del huracán. Concretamente desde que el jueves de la pasada semana se supo que el corredor quedaba excluido de la selección de su país para los Mundiales de fondo en carretera por no presentarse a diversos controles antidopaje.
El corredor había negado en todo momento, incluso en la salida de la etapa de ayer, cualquier relación con asuntos de dopaje, pero ha acabado asestando al ciclismo el último navajazo. ¿El final? |
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