El verano ha llegado a Laredo. Los aspersores y las segadoras suenan a rutina vacacional en la urbanización Jai Alai. Sin embargo, la imagen de la tragedia subsiste en el inconsciente de veinticinco familias y los temblores de la impresionante deflagración que segó la vida de seis vecinos aun les sobresalta en sus sueños. El aniversario de aquel drama se conmemorará mañana sábado con una misa.
Los síntomas de normalidad han acabado por imponerse tras una dura pugna que finalizó hace tres semanas. En ese momento, se retiraron los andamios que cubrían el edificio para dejar ver una reluciente fachada que eliminaba la macabra negrura del devastador incendio. A pesar de todo, una mirada más atenta detecta el rastro de aquella catástrofe a través de una persiana bajada que oculta el interior del piso donde se originó la explosión de gas.
El presidente de la comunidad, Antonio Montero, destaca el intenso dolor de su propietario, el getxotarra Alberto Caselles, que enviudó a los 39 años porque su mujer Reyes Barreras no pudo superar la gravedad de sus heridas. "Desde entonces no ha hecho acto de presencia en el edificio y los tabiques de la vivienda permanecen arrancados", relata. Sus hijos de 5 y 9 años padecen, un año después, los estragos de las quemaduras, con continuos injertos de piel que no han borrado del todo las secuelas. "Todavía tienen dificultades para andar", comenta Montero.
"El tiempo lo cura todo", recitan como si fuera una oración los pocos vecinos que aceptan compartir sus recuerdos de aquel día. Hasta diciembre los pisos afectados permanecieron precintados por la investigación judicial. Hace apenas un mes, el Juzgado número dos de Laredo solicitó a los residentes la declaración estimativa de sus daños. Algunos veraneantes han tenido que costear arreglos de hasta 42.000 euros en el interior de sus viviendas. Los 500.000 euros de la reforma de la fachada, que abarcó también la escalera interior y el ascensor, también han salido del bolsillo de la comunidad de vecinos. El incendio ha generado una intensa actividad judicial con tres imputados, la empresa instaladora de una cocina mixta de gas y electricidad, dos operarios y el propietario del piso. Los vecinos apuntan como posible causa la deficiente renovación de la cocina por la presencia de un conducto de gas por el que se habría producido la fatal fuga.
Más allá de farragosas cuestiones legales o fatigosos trámites económicos, los residentes de Jai Alai han tenido que luchar para imponer cordura en su amarga tristeza. "El año pasado quise irme, pero me obligué a quedarme porque si no me hubiera resultado imposible volver", reconoce Ordulia, burgalesa de nacimiento, que reparte su residencia entre Sestao y Laredo. Las toallas colgadas en las terrazas componen la típica estampa estival frente a la brutalidad de una deflagración que arrancó de cuajo las terrazas lanzándolas a 40 metros. No obstante, el vacío de la ausencia de los fallecidos se hace patente en una comunidad donde décadas de convivencia han petrificado los lazos hasta convertirla en una gran familia. Especialmente sentida ha sido la pérdida de los Bilbao, Jaime, su mujer, Trinidad López, y su hija Ana María, unos de los primeros en llegar hace 30 años. "Son y serán nuestros amigos", recalca Ordulia. |