castelsarrasin. Las preguntas tienen garras. Son depredadoras. Acorralan a las respuestas, que buscan desesperadas una salida, un lugar por donde escapar. Y tropiezan siempre, porque el miedo, el pavor, las hace torpes. Son tiritonas, como una presa asediada por una manada de colmillos. En el bucólico parque Beaumont de Pau, punto de salida de la decimoséptima etapa del Tour, el proceso estaba invertido. Las respuestas esperaban, ansiosas, babeantes en muchos casos, a la pregunta, la única posible en la mañana de ayer tras la decisión del Rabobank, que estremeció el Tour, el ciclismo, la noche antes, de apartar de la carrera a Michael Rasmussen, el líder, el virtual ganador de la ronda gala después de su última y definitiva exhibición en el Aubisque. Pregunta acorralada: ¿Tiene sentido todo esto? Y sobre ella se abaten hordas de depredadoras respuestas que demuestran lo lejos que está el ciclismo de encontrar una salida. Unos hablan de hipocresía, otros se congratulan de que el danés no esté en la salida, "un tramposo menos", grita Marc Madiot, manager de la Français des Jeux, uno de los equipos que abogan por un nuevo ciclismo inmaculado, y hay quien se lamenta de haber escogido el deporte equivocado. Hay tiempo aún de bajarse del tren, nadie obliga a quedarse. Un bulo, un rumor, una excusa quizás, apartó a Rasmussen del amarillo del Tour. La que hizo llegar el ex ciclista y ahora comentarista de la RAI Davide Cassani a los oídos de todos sus oyentes durante al etapa de Tignes. El italiano dijo aquel día que había visto a Rasmussen entrenando en los Dolomitas el 13 y 14 de junio, cuando se suponía que éste se encontraba en México, en Durango, lugar de residencia de la familia de su mujer. Una llamada en la mañana del miércoles de un periodista danés tratando de confirmar esa afirmación de Cassani golpeó la primera pieza. El dominó empezó a correr. Cónclave en el hotel Mercure de Pau, en una de sus habitaciones, pocas horas después de que Rasmussen se coronase rey del Tour. Corona de espinas. Un sueño a la papelera. Lágrimas. El danés apiló todos los escombros, los metió en su maleta y se despidió del Tour por la puerta pequeña, por la que sólo pasa la desolación, para cobijarse en una posada de fracaso, donde, como diría Sabina, no había consuelo ni ascensor. La pensión donde vive el ciclismo desde hace tiempo.
"Estoy hasta las narices, han arruinado mi carrera. Es un tremendo golpe. No sé qué hacer ni a dónde ir". Rasmussen, el líder apartado, excluido, hablaba ayer enojado (cómo si no) para un diario de su país. "Estoy harto, estoy harto, estoy harto". Revelador. Concluyente. Críptico. El danés negó las afirmaciones de Cassani y aseguró que no había estado en Italia en las fechas señaladas. "Esa es la historia de un hombre que dijo haberme reconocido", dijo Rasmussen, quien afirmó no saber exactamente por qué razón había sido apartado del Tour. "Theo de Rooy no supo explicármelo. Luego, no le dijo nada a nadie, ni siquiera a los directores. Fue la acción de un hombre desesperado. Estaba loco, a punto de un ataque de nervios", desveló Rasmussen, cuyo triste adiós despertó, sin embargo, la sonrisa de sus detractores, de los que han tratado de que dejara la carrera desde que el presidente de la Federación Danesa diese a conocer que había faltado a dos controles por sorpresa. Satisfacción sin medida. La de Christian Prudhomme en la salida de la etapa. Un vistazo a la clasificación en la que aún aparecía primero Rasmussen, y un grito de orgullo, como de victoria: "Hoy la clasificación es más creíble que la de ayer. La exclusión de Rasmussen es lo mejor que nos ha pasado en los últimos días. Ahora, la carrera sigue con corredores que quieren su deporte y lo practican con respeto a las reglas".
Las palabras del director del Tour confirman la hipótesis de Óscar Pereiro y José Miguel Echavarri, esa que expande que de una u otra forma la Grande Boucle elige quién debe ganar la carrera. Rasmussen no les gustaba, claro, como tampoco les hace gracia que el gallego sea el ganador del Tour de 2006, el que no es de nadie, como el de 1996, recuperado de un caja de cartón del garaje de Bjarne Riis después de que éste reconociera haberse dopado. Pereiro no ha ganado el Tour porque Prudhomme y Clerc, Clerc y Prudhomme, no quieren. Es la idea que sobrevuela los escombros de la carrera dinamitada: Rasmussen no gustaba, mientras la imagen joven, nueva, de Contador casa con la idea que quieren vender los organizadores de la mejor carrera del mundo. Un líder fresco al que la prensa francesa ya ha empezado a pasarle el algodón. Preguntas en la rueda de prensa posterior a la etapa: "¿Está usted limpio?, ¿ha pasado todos los controles? ¿cuál es su relación con la Operación Puerto? ¿conoce a Michele Ferrari?". El madrileño sonrió, claro, en vez de levantarse, pegar un puñetazo en la mesa y salir de la sala de entrevistas dando un portazo. Respondió claro: a la primera pregunta, "por supuesto, si no, no estaría aquí"; a la segunda, un "sí" rotundo; a la tercera, "estuve en el equipo equivocado en el momento equivocado, pero todo aquello se aclaro con la UCI"; y a la cuarta, "no le he visto nunca ni he hablado con él, a mí me llevan los médicos de mi equipo".
Guerra abierta Pedalean los ciclistas por un campo de batalla lleno de minas. En los costados, atrincherados, cubiertos para no mancharse de sangre, el Tour y la UCI tiran con bala. "Es una lucha de poder", sostiene Echavarri. La última maniobra ha sonreído a la UCI. Deben estar orgullosos. Han reventado el Tour y con ello el ciclismo, de donde comen todos ellos. Da qué pensar. Se quejan ahora Prudhomme y Clerc de que Rasmussen nunca debió tomar la salida. Según el artículo 9/8220 del Reglamento Antidopaje, un corredor que se salta un control 45 días antes de que comience una vuelta de tres semanas no puede ser de la partida. Uno de los dos avisos que la UCI hizo llegar a Rasmussen por no estar localizable para pasar un control data del 28 de junio, semana y media antes de que el Tour arrancara. "Nunca debió tomar la salida, pero para ello deberíamos haber recibido todas las pruebas. Si la UCI disponía de estos elementos, debió haber evitado esta crisis", aseguraba ayer Clerc, en el mismo tono que Prudhomme, quien hablaba de la ruptura de una unión para luchar contra el dopaje pactado junto con la UCI y los equipos. "No ha sido respetada", dijo para filtrar un mensaje que descoloca: "En este deporte, la presunción de inocencia no existe, por eso hay que poner fin a esta lacra. Debemos intentar recuperar la presunción de inocencia". Ahora sí, la pregunta vuelve a ser depredadora: ¿y por qué la aniquilaron ustedes, señor Prudhomme? |