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27-07-2007
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Julian Schnabel, ayer, durante la presentación de la muestra de Tabacalera. Foto: nagore iraola
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Julian Schnabel Artista
Teresa Sala
DONOSTIA. Prefiere conversar sentado en las escaleras a entrar al edificio y escoger una sala. Ya han pasado varias horas desde que ha guiado a periodistas y visitantes a través de la muestra que recorre su obra. Ahora toca hablar sobre las formas y los motivos que le impulsaron a crearla. "Pregunta lo que quieras", sugiere el artista, uno de los más reconocidos del panorama artístico mundial.

¿Cómo eligió las piezas que expondría en Tabacalera?

Primero visité el edificio y luego decidí lo que quería exponer en él. De hecho, al principio no sabía que iba a exponer las pinturas en la planta baja, creía que iba a mostrar los trabajos arriba. El edificio ha cambiado mucho desde que lo vi por primera vez. Entonces, todos los luceros estaban cerrados y estaba muy oscuro. Al volver y abrir todos los luceros mostró un aspecto totalmente diferente. Ver todas las salas y decidir cuáles iba a utilizar fue muy costoso. Porque el edificio no terminaba nunca. En un momento no iba a ocupar la sala que finalmente he usado para mostrar las esculturas, y luego cambié de opinión. Pero en realidad, fue muy fácil decidir las pinturas que iba a exponer.

¿Por qué?

El edificio me dijo lo que tenía que hacer.

¿Diría que es la exposición con mayor fuerza que ha realizado?

No podría afirmar que es la más enérgica que he realizado, sería como decidir a qué hijo quieres más. Aún y todo, creo que es una exhibición muy buena sobre lo que hago y sobre cómo es mi sensibilidad. Es la forma en la que me gusta mostrar mis pinturas. Me gusta la idea de que sea aquí, en este país, y no en la ciudad de Nueva York. Esto es muy importante para mí. Me gusta traer trabajo a un lugar en el que es posible compartirlo.

En la presentación de la muestra ha afirmado que se trata de un trabajo de paz, ¿a qué se refiere?

En el mundo del arte todo está muy distorsionado. Hay pequeños núcleos de poder, la gente tiene géneros estéticos distintos. Esencialmente, lo que quiero decir es que se trata de una actividad utilitaria y práctica. Hay quien pinta y quien hace hamburguesas. Puedes ir a un lugar donde hacen hamburguesas y comerte una y también tienes la posibilidad de ir a un sitio en el que una persona pinta y ver cuadros. La libertad de entrar a un lugar y mirar tiene alma, de una forma u otra devuelve la vida. Porque a veces, por alguna razón, las cosas se enredan de forma burocrática donde están implicados distintos puntos de vista políticos, a pesar de estar todos en el mismo lado. Es muy importante la calidad de lo que das a la gente, de lo que muestras. Llevo 25 años mostrando cuadros en museos de todo el mundo. Miro alrededor todo el rato, pero ese es mi trabajo, mirar alrededor, colgar cosas. Cambio los cuadros de sitio todo el tiempo, también en mi casa. Es como si habitara un espacio. Las pinturas habitan el espacio. Cuando conocí las salas de Tabacalera, supe que mis cuadros se iban a sentir muy cómodos en ellas.

¿Cuál es el propósito que persigue al exponer su obra en Tabacalera?

Quiero preservar el edificio, estar seguro de que se construirá un museo y de que se conservará tal y como está. No quiero que hagan ningún concurso de arquitectura para arruinarlo. Creo que este edificio tiene que ser autónomo. Si lo trataran como museo podría dejar algunas obras para que estuvieran expuestas en Tabacalera. Me parece un lugar muy acogedor.

Y, ¿qué pretende lograr al mostrar su obra?

Es como preguntar cuál es el propósito del arte. Se trata de un intento para comunicar algo. Es algo inmaterial que arrastras contigo mismo, es parte de ti mismo. Creo que hay mucho poder en el arte. La vida es muy aburrida sin él, no necesariamente para mí porque yo no viviría sin arte. Es muy triste pensar en un mundo en el que no haya la posibilidad de salirse de lo ordinario.

¿Puede ser una forma de desahogarse?

Es una afirmación vital. Cuando estoy pintando estoy haciendo algo que afirma la vida. Todos morimos, pero el arte representa la vida y excluye la muerte. Cuando digo que es un acto de paz, estoy diciendo echar un vistazo a algo, porque tenéis el privilegio de mirarlo. Quizá no veáis nada, pero por lo menos aprovechad la oportunidad de mirarlo. He pasado los últimos 30 años pintando y centrado en esta particular práctica. Puede ser interesante y útil ver todo el trabajo de alguien e investigar porque esa persona trata de trabajar con los diferentes elementos que le ocupan para decirnos algo de la época que estamos viviendo.

¿Cómo supo cuál sería su camino?

Mis hermanos eran mayores que yo y cuando era niño pasaba mucho tiempo solo. Empecé a pintar cuando era muy pequeño. Mi madre fue una gran ayuda. Supongo que vio que era capaz de dibujar, le pareció algo bueno y me animó. Tuve mucho tiempo para estar solo cuando era pequeño y quizá por eso terminé haciendo muchas cosas. Al principio dibujaba gente bebiendo cerveza, barcos... Imaginaba historias en mi cabeza, y creo que todavía funciona de esta forma. A pesar de que no haya narrativa real, las cosas van surgiendo. Funciona igual que la poesía.

Pinta sobre lonas usadas o viejos mapas, ¿de dónde los saca?

Miro a todas partes y encuentro cosas. Así me encontré con el Cuartel del Carmen en Sevilla donde expuse en 1989 o el edificio de Tabacalera, aquí, en Donostia.

Tiene un estudio en Nueva York, otro en su casa de Igeldo y un tercero en Montauk, Long Island, donde pinta en un espacio sin techo. ¿Tan importante es la huella que deja la naturaleza?

Trabajo al aire libre y dejo las pinturas al aire libre. Utilizo materiales para que la lluvia no borre los trazos, pero si los borra tampoco supone nada malo. Me gusta pintar fuera, puedo ver mejor.
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