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28-07-2007
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Rubén Pérez, durante una de sus escapadas en el presente Tour de Francia.
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El ciclista generoso
El vizcaino Rubén Pérez, del equipo Euskaltel-Euskadi, es el corredor que más kilómetros ha hecho en fuga durante el presente Tour de Francia, un total de 513.
Cara de bueno, de no haber roto nunca un plato, ni siquiera un vaso, que esconde una leve sonrisa con destellos maliciosos, como de pillo, como de trasto. Es el rostro del nuevo Euskaltel-Euskadi, el que despierta a toque de diana, de corneta, en cada etapa. Dientes afilados sujetando un cuchillo. Al ataque. Rubén Pérez se ha pasado todo el Tour de Francia huyendo, escapado, como si debiera dinero a alguien. 513 kilómetros perseguido. La mayoría de ellos donando sus fuerzas, como regalándolas. Ciclista solidario. Primero donó su sudor a Iñigo Landaluze el día de Le Grand Bornand, y luego a Amets Txurruka camino de Plateau de Beille, pero antes había flirteado con el triunfo camino de la meta de Gante, donde quiso lograr lo imposible: robarles la etapa a los flamencos en su casa. No ganó, claro, pero se quedó sólo a tres kilómetros de lograrlo. "Soy un corredor combativo, bastante generoso. Mi manera de correr es estar atento y tratar de meterme en fugas". En el Tour, el mejor escaparate del planeta ciclismo, el Hollywood del deporte de las dos ruedas, ha exhibido esas dotes. "¿Explotar? No lo creo, en este Tour me he dejado ver porque soy combativo, pero el año pasado también lo fui. La diferencia es que nunca lo había hecho en un escenario como éste. En la Tirreno-Adriático, por ejemplo, creo que hice cosas muy bonitas, y también en la Vuelta a España del año pasado, lo que pasa es que entonces no tuve la suerte que estoy teniendo ahora. Más que explosión yo diría que he dado un pequeño paso, gracias al empeño y a las ganas que le he puesto", explica el corredor de Zaldibar, quien asegura estar impresionado de la grandeza del Tour. Alucinó en Londres con el gentío que había, con el ritmo de las etapas, con todo lo que mueve la carrera… "Es increíble", asegura, empujando las palabras con un gesto que refuerza la sensación que desprende, la de estar caminando sobre el mullido asfalto de una nube.

"Estoy muy contento. No sabes lo que significa para un corredor ir por los Pirineos escuchando continuamente tu nombre en boca de los aficionados. Ves que la gente está contenta contigo y para mí eso ha sido muy grande", explica. Él y Amets Txurruka han sido dos de las revelaciones de la carrera, tanto que los dos se han postulado como posibles vencedores de la combatividad en París. Un billete, el último para subir al dorado podio de los Campos Elíseos, algo histórico para Euskaltel-Euskadi. "Sería muy grande. Los dos somos jóvenes, debutante en el Tour de Francia, y creo que estamos dando la cara en todo momento. Sacar un premio de aquí, sea cual sea, sería para estar contentos. ¿Si estamos obsesionados con eso? No, claro que no, pero ¿quién puede decir que no sería enorme?".

Atleta envidioso Recuerda Rubén, rebobinando la cinta, hablando en pretérito, aquellos tiempos en los que la Sociedad de Zaldibar era un continuo bullicio de chavales. Época dorada. "Había mucha afición al ciclismo". Rubén les miraba con los ojos llenos de envidia, mientras se apretaba los cordones de las zapatillas de correr. Era atleta, "pero me gustaba más el ciclismo. ¿Por qué? No sé, siempre me han gustado los deportes individuales en los que llegas al límite del esfuerzo. Me quedé con el ciclismo y no me arrepiento. Es un ambiente que me gusta más y estoy contento de hacer lo que siempre he querido".

Dio sus primeros pedales, claro, en la Sociedad de Zaldibar, su cuna, la de su familia, en infantiles de primer año. Montaba entonces una Corbette, la de su padre, que le quedaba enorme. "Estaba contento con que yo anduviese en bici. Él siempre ha estado metido en esto, le encanta, disfruta con el ciclismo", explica Rubén, quien estuvo, también fuera de casa, a las órdenes de su padre; le tuvo como director deportivo primero en cadetes, en Mallabia, y, luego, en juveniles, en Zaldibar. Pero no fue Rubén el pionero en el mundo del ciclismo. Su hermano Edgar, siete años mayor que él (tiene otra hermana pequeña a la que también lleva siete años y, curiosamente, él porta el dorsal 77 en el Tour) corrió antes que él, pero lo dejó en juveniles. No dio el salto a aficionados. Rubén sí. Prometía. Había cubierto la etapa más hermosa del ciclismo, la de cadetes y juveniles, "en lo que todo son risas y divertimento", de tal manera que se le abrieron las puertas del Olarra aficionado. Cinco años hizo el zaldibartarra en la antesala del profesionalismo. Formaba parte entonces de la grupeta que se citaba frente al hotel San Blas, a escasos dos kilómetros de la que se encontraba cada mañana en Iurreta, la de los profesionales de Durangaldea. Julen Zubero, Gorka Amuriza, Iker Mezo, Beñat Albizuri, Egoitz Murgoitio, Ander Azpitarte, Arkaitz Berasategi… compartían sueños con él. Ahora casi todos son profesionales. Tras un 2004 nefasto por culpa de las lesiones, Rubén se conjuró para jugar su última oportunidad. "Ahora o nunca". Salió cara. Dio un brinco en 2005. Estuvo en el Orbea sólo hasta mitad de temporada. Ese tiempo le bastó para convencer a Miguel Madariaga de que tenía madera, de que podía dar el callo en el Pro Tour. Debutó con Euskaltel-Euskadi en la Subida a Urkiola de ese mismo año. Él y su inseparable compañero Albizuri, con el que se vistió definitivamente de naranja en 2006. Sueño cumplido, claro, pero como éstos son como las cebollas, que tienen capas, ha descubierto otro uno nuevo: "Quiero hacer una carrera deportiva larga y alzar los brazos algún día. ¿En el Tour? Donde sea".

"Quiero hacer una carrera deportiva larga y alzar los brazos algún día"

rubén pérez

Ciclista de Euskaltel-Euskadi

reportaje
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