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El madrileño Alberto Contador (Discovery Channel) espera dejar hoy el Tour de Francia visto para sentencia. Foto: efe |
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DECIMOCTAVA ETAPA
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Relojeros blandos
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Alberto Contador, Cadel Evans y Levi Leipheimer se juegan hoy el Tour en una crono llana de 55,5 kilómetros en la que el madrileño es favorito para mantener el maillot amarillo de líder; Haimar Zubeldia luchará por robarle a Carlos Sastre la cuarta plaza.
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Alain Laiseka Enviado especial
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angouleme. Un reloj blando, doblado, derretido. "El queso Camembert del espacio y el tiempo, que es tierno, extravagante, solitario y paranoico-crítico". Toda esa definición, gracia de Salvador Dalí, refiriéndose a la idea de plasmar relojes blandos en sus obras, cabe, vale, para la crono de hoy que cierra el Tour de Francia, el más extravagante, el más paranoico que se recuerda. Y todo se decidirá en la especialidad más solitaria del ciclismo, la más desalmada, la más agónica, la que enfrenta al ciclista con nada; con su imagen, su sombra que le persigue pegada al asfalto, y con la arena que cae inexorablemente como un martillo mortificador. Tierno será el defensor de la túnica amarilla. Un corredor nuevo, frescura para el ciclismo. Sonreía ayer el madrileño Alberto Contador sobre el podio instalado tras la meta de la 18ª etapa del Tour de Francia, en Angouleme, como no lo hizo la víspera, cuando la gloria ciclista se subió a sus hombros por primera vez. Alegría contenida entonces, peleada con la amargura de que fuese así, tras la exclusión del que había demostrado ser el corredor más fuerte de la carrera, el danés Michael Rasmussen. Sucesión no deseada, por dolorosa, por injusta quizás. Pero gloria al fin y al cabo. "Lo tengo y me toca defenderlo". La historia aguarda con una toalla en la mano para secarle el sudor al ciclista madrileño del Discovery Channel al otro lado de un lienzo de 55,5 kilómetros. Gloria disfrazada de copa, de Cognac. La localidad francesa acoge el epitafio de un Tour al que después de esta tarde sólo le quedará el paseo hasta París, hasta los Campos Elíseos, donde la ronda gala se convertirá en historia. Pasado. Una muesca en la memoria. Alberto Contador quiere un sitio preferencial en ese baúl oscuro. Lo quiere alumbrar como ganador, en lo más alto de un podio que se eleva hasta las nubes. Alberto toca ya el cielo con la punta de los dedos. Poco más de una hora de agonía separa al madrileño de un sueño que le sobrevino antes de lo esperado. Bienvenido sea, se dijo mientras se conjuraba para atacar hasta la extenuación a Rasmussen. Luego, la paranoia de un deporte que agoniza borró al danés y le dejó a él al frente. Sólo ante el peligro. "Este es el día más difícil de mi carrera. Puede cambiar mi vida", se limitó a decir el líder en la rueda de prensa posterior a la 18ª etapa del Tour en la que el del Discovery Channel se dejó tres segundos (fue lo que picaron los jueces cronometradores en la línea de meta) con Cadel Evans. ¿Una minucia? Se verá hoy. De momento, el colchón del madrileño es algo más fino que antes y tendrá que defender 1:50 de diferencia con el australiano del Predictor-Lotto. Levi Leipheimer, su compañero en el conjunto Discovery Channel, a la expectativa, aguarda su oportunidad. Le separan 2:49 del amarillo. La historia está de parte de Contador. En los últimos veinte años sólo cuatro corredores han perdido el amarillo en la última crono del Tour. Es la cara de la moneda; la cruz: la mitad son compatriotas suyos. Pedro Delgado se quedó a las puertas de ganar su primer Tour por el que luchó con Stephen Roche en la contrarreloj de Dijon en 1987, edición que se llevó finalmente el corredor irlandés; dos años más tarde, en 1989, fue Laurent Fignon el que se quedó compuesto y sin amarillo en su propia casa ante Greg Lemond, quien desbancó a Claudio Chiappucci en la última crono de la edición de 1990, mientras que el año pasado Óscar Pereiro entregó la túnica amarilla a Floyd Landis. En el otro bando, Delgado (1988), Miguel Indurain (1991, 92, 93, 94, 95), Bjarne Riis (1996), Jan Ullrich (1997), Marco Pantani (1998) y Lance Armstrong (1999, 2000, 2001, 2002, 2003, 2004 y 2005) salieron como entraron, de amarillo. Más estadísticas. Todas negativas para el madrileño, que nunca ha logrado vencer al australiano en una crono del Tour en las tres veces que se han enfrentado. Fue el del Predictor-Lotto superior en la apertura de la edición de 2005, una etapa de 19 kilómetros en la que se impuso Armstrong, Evans fue 35º y Contador 48º. 16 segundos separaron a ambos. En la segunda contrarreloj de ese año las diferencias fueron desorbitadas. Mal recuerdo para Contador, 40º a 4:06 de Evans, que concluyó en la séptima posición. Las dos únicas referencias válidas de esta temporada también son favorables al aussie, que fue cuarto en la crono de la Dauphiné Liberé mientras que Contador, en un día horroroso, se dejó 2:43 con él para acabar 35º. En el Tour, la lupa se posa sobre la lucha individual contra el cronómetro a la que ambos se sometieron en Albi, donde Evans aventajó en 1:14 al madrileño. Un resultado que firmaría hoy con los ojos cerrados, pues supondría la gloria. La última referencia es un guiño con malicia. Tour de Romandía de 2006. Alberto Contador defendía el maillot de líder tras su victoria en la etapa reina y lo perdió en el epílogo de la carrera en Lausanne, una contrarreloj de 20 kilómetros en la que el ganador de la etapa le arrebató también aquella otra prenda amarilla. Cadel Evans se subió en aquella ocasión a lo más alto del podio. Contador le miró desde un escalón más bajo. Hoy podría tomarse cumplida revancha. Haimar, a por sastre Los nombres que subirán mañana al podio de los Campos Elíseos están claros. Falta el orden. Contador, Evans, Leipheimer es el que más suena, claro, es como llegan. La otra lucha es la de la trastienda, la que no luce, pero en la que habrá dos corredores vascos, Haimar Zubeldia y Mikel Astarloza, peleando por avanzar en la general. El usurbildarra tiene a tiro la cuarta plaza que defiende Carlos Sastre. 27 segundos separan a ambos, una diferencia asequible para el de Euskaltel-Euskadi, que cumpliría así, uno de los objetivos que se marcó cuando el Tour partió de Londres hace ahora tres semanas. Haimar quería volver a estar entre los diez primeros. Estará. También anhelaba una etapa que tuvo cerca el día de Loudenville, cuando desterró el mito que le define como un ciclista conservador. Aquel día arriesgó, atacó y obtuvo un premio, aunque menor: puede ser cuarto en el Tour. Por el noveno puesto luchará Mikel Astarloza con el colombiano Mauricio Soler, del que le separan 11 segundos. Euskaltel-Euskadi metería así a dos corredores entre los diez mejores, algo que no ocurría desde 2003, cuando Mayo fue sexto y el propio Zubeldia, quinto. |
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