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Sobre arenas movedizas
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Las revueltas de militantes islámicos tras la operación de la Mezquita Roja y las críticas de los sectores liberales por la crueldad con la que dicen manejó el asunto, además de la reincorporación del presidente del Supremo, tienen a Musharraf contra las cuerdas.
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DESDE el asalto final a la Mezquita Roja hasta ayer, enfurecidos islamistas habían matado a 250 personas, incluyendo a más de 100 efectivos de las fuerzas de seguridad, en distintos actos de venganza. Inicialmente, muchos paquistaníes apoyaron la acción contra los extremistas que utilizaban el recinto como base para imponer estrictas leyes islámicas al estilo talibán, pero las informaciones de prensa que aseguraban que cientos de mujeres y niños habían sido masacrados durante la acción de las fuerzas oficiales generó un gran enfado. "La operación ha radicalizado a la sociedad", dijo Hamid Mir, un destacado periodista en el canal Geo. "Adolescentes andan buscando cinturones explosivos. La operación de la Mezquita Roja pudo lograr en una noche lo que Al Qaeda no logró durante años de duro trabajo en Pakistán", agregó.
Otros analistas no están de acuerdo con la afirmación de que los terroristas suicidas gozan de apoyo público, pero admiten que la crisis de la mezquita ha movilizado a miles de yihadistas, planteando ahora a Musharraf el mayor desafío desde que asumió el cargo en 1999. "Esa acción les dio a los extremistas una causa común para lanzar ataques contra las fuerzas de seguridad. Todo lo que creó es una gran tumba y una situación sin precedentes", indicó un analista político.
Activistas de derecha y liberales, que habían presionado al Gobierno para que actuara contra los islamistas atrincherados se vuelven ahora contra Musharraf. "Estamos consternados por la muerte de tanta gente debido al uso desproporcionado de la fuerza bruta y la acción arbitraria con la que se afrontó la situación", señaló la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán. La situación se complica aún más para Musharraf debido a la creciente presión de Washington para que lleve a cabo una acción militar contundente contra las milicias protalibán, a las que Washington responsabiliza de lanzar ataques trasfronterizos contra las fuerzas de la OTAN en Afganistán.
El dilema está claro: si Musharraf cede a las demandas estadounidenses, un asalto en las áreas tribales podría llevar a un mayor derramamiento de sangre, lo que podría rebajar aún más el apoyo público a su gestión. Pero si permanece desafiante ante Washington, el tan necesitado apoyo de EE.UU. a su régimen podría mermar y los propios estadounidenses podrían atacar a los militantes islamistas en suelo paquistaní. Tal como dijo recientemente el portavoz de la Casa Blanca, "nunca descartamos ninguna opción, incluyendo la de atacar objetivos ajusticiables". "Un revés de este tipo fomentaría una ola de resentimiento de grandes proporciones contra EE.UU. en todo el país. Cualquier partido, ya sea del Gobierno o de la oposición, que sea visto como partidario de esta política estadounidense perdería todo apoyo entre la población", indicó recientemente el Daily Nation.
"La operación en la Mezquita Roja pudo lograr en una noche lo que Al Qaeda no logró en años de trabajo"
Washington presiona a Musharraf para llevar a cabo una acción militar contundente contra las milicias protalibán |
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