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Víctima de su propia obsesión
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Sarkozy quería colgar a sus desconocidos difamadores "en un gancho de carnicero". Estaba pensando en su gran rival por la Presidencia, Dominique de Villepin. Ahora el ex primer ministro está en el punto de mira de la Justicia por el 'caso Clearstream'.
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EN el Gobierno francés nadie da ahora un centavo por Villepin, la antigua estrella de la política nacional. Después de Alain Juppé, otro ahijado político del ex presidente Chirac se ve amenazado por la acción de los tribunales.
Villepin se ha preparado durante dos semanas en Tahití, bien lejos de París, para prestar declaración ante el juez. El antiguo estratega jefe de Chirac ha sido inculpado de "complicidad en denuncia calumniosa" por haber azuzado presuntamente a la Justicia para que investigara a Sarkozy por corrupción y evasión de impuestos, destruyendo de paso su carrera política. Con este propósito habría hecho llegar al juez, a través de intermediarios anónimos, listas con supuestas cuentas del banco de inversiones Clearstream. Sarkozy figuraba en dos de estas relaciones falsificadas.
Quizás Villepin haya sido víctima de su propia obsesión con Sarkozy, con quien entre 2004 y 2006 mantuvo una guerra abierta por la sucesión de Chirac que casi resquebraja al Ejecutivo. La oposición presentó una moción de censura acusando a Villepin y a Sarkozy "de secuestrar al Estado por rivalidad personal". Las listas de Clearstream tenían el propósito original de aclarar a la Justicia las actividades de algunos empresarios relacionados con negocios armamentísticos turbios con Taiwan. Pero el posterior añadido del nombre de Sarkozy fue para Villepin una munición bienvenida en la lucha por el poder. Desde el comienzo, Villepin puso en marcha al servicio secreto. "Sarkozy está terminado" celebró, según el escritor Francois Olivier Giesbert. "Si los periódicos hacen su trabajo, si tienen coraje, no sobrevivirá a este escándalo".
Villepin "quiso jugar con fuego y ahora se está quemando", dijo un asesor de Sarkozy a Le Parisien. Villepin sintió siempre pasión por el desacreditado jefe de Policía de Napoleón, Joseph Fouché, y sus crueles métodos. "Nadie puede creer que sea la víctima de este affaire", agregó el asesor sobre la defensa del ex premier, que asegura haber creído sinceramente que las listas eran auténticas y actuado en interés de la nación. El escándalo habría amainado hace tiempo si Sarkozy no hubiera obligado a la Justicia a cazar a sus difamadores con una denuncia. Ahora, una ambigua figura pone a Villepin en problemas: Jean-Louis Gergorin. El ex estratega jefe de EADS, la casa matriz del constructor aeronáutico Airbus, fue quien envió las listas a los investigadores y asegura haberlo hecho por indicación de Villepin con la orden suprema de Chirac. La Justicia debe aclarar ahora el papel exacto de Gergorin y determinar si él mismo fue víctima de una intriga, para poder pronunciarse. Mientras tanto, Chirac guarda un persistente silencio. El ex presidente no quiere aportar claridad ni como testigo. Para evitarlo se escuda en su inmunidad jurídica, porque los hechos investigados ocurrieron durante su mandato.
Villepin "quiso jugar con fuego y ahora se está quemando", dijo un asesor de Sarkozy al diario 'Le Parisien'
Chirac guarda un persistente silencio. El ex presidente no quiere aportar claridad ni siquiera como testigo |
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