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Santuario de Loiola, en cuya casa de ejercicios espirituales tuvieron lugar las once reuniones celebradas por PSE, PNV y Batasuna. Foto: Rubén plaza |
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PSE, Batasuna y PNV fraguaron en Loiola un acuerdo de mínimos para la normalización
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Los socialistas defendieron que mientras no hubiera muertos "todo era posible". Las reuniones a tres permitieron suavizar tensiones generadas en los contactos bilaterales entre la izquierda abertzale y PSE.
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J. Guindo / J.g. Lurgain
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donostia. La ruptura oficial del alto el fuego de ETA el pasado 6 de junio vino precedida por quince intensos meses de declaraciones públicas y de reuniones a puerta cerrada entre los diferentes agentes implicados en el proceso de pacificación y normalización de Euskal Herria. PSE, PNV y Batasuna llegaron a ponerse de acuerdo en torno a un documento para la normalización que abordaba las claves del conflicto, pero que jamás llegó a salir del lugar en el que se gestó: Loiola.
El camino para alcanzar el consenso fue largo. Sólo dos meses después de que la organización armada anunciara el cese permanente de sus acciones (22 de marzo de 2006), la viabilidad del proceso comenzó a ponerse en cuestión. En el verano de 2006, viendo que la relación entre el Gobierno y ETA comenzaba a hacer aguas y que las relaciones a dos entre el PSE-EE y Batasuna no tenían visos de progresar, en el carril de la negociación política se decide iniciar una nueva etapa de negociaciones trilaterales, en la que el PNV aparece en escena como agente conciliador entre socialistas e izquierda abertzale.
Representantes de las tres formaciones iniciaron una serie de reuniones a tres bandas que tuvieron lugar en una sala de la casa de ejercicios de los jesuitas de Loiola entre septiembre y noviembre del año pasado. Los encuentros, once en total, dieron lugar a un borrador que, a pesar de contar con el visto bueno inicial de las tres partes, acabó frustrándose por el órdago lanzado por Batasuna en el último momento.
En cualquier caso, supuso un punto de encuentro histórico entre estas tres sensibilidades en el marco de los últimos 30 años. De haber prosperado y de cumplirse los plazos previstos, este mismo mes se hubieran hecho realidad las dos Mesas de Partidos contempladas en el documento, una para el País Vasco y otra para Navarra.
¿Qué ambiente se respiró en estas reuniones, en las que la sintonía inicial derivó en tres últimas citas a cara de perro entre los interlocutores implicados? Los documentos y versiones sobre lo ocurrido durante estos días a los que ha tenido acceso DEIA demuestran que se tocó con los dedos la solución y que todo se frustró cuando parecía encauzado.
Nueve fueron los protagonistas de los encuentros trilaterales: Jesús Eguiguren y Rodolfo Ares por parte del PSE-EE, que en una de las reuniones más importantes, la del 31 de octubre, envió como sustituto de Ares a José Antonio Pastor; Josu Jon Imaz e Iñigo Urkullu desde el PNV; y Arnaldo Otegi, Rufi Etxeberria, Olatz Dañobeitia y Arantza Santesteban (éstas últimas alternativamente) por parte de la izquierda abertzale.
s.o.s. al pnv Las distancias eran patentes desde el comienzo, aunque también el deseo de alcanzar un acuerdo. De hecho, las reuniones a tres comenzaron cuando los representantes del PSE y Batasuna se dieron cuenta de que necesitaban la presencia del PNV para suavizar las tensiones y superar la quiebra de confianza entre ambos.
Es Eguiguren quien manda un S.O.S. a los jeltzales, viendo que el proceso se podía ir al traste en torno a junio de 2006, a pesar de que se trata de guardar las apariencias de cara a la opinión pública con actos como la reunión en el Hotel Amara Plaza de Donostia de los socialistas Patxi López y Rodolfo Ares con Otegi, Dañobeitia y Etxeberria.
El comunicado de ETA el 18 de agosto hablando de "bloqueo y crisis" del proceso empuja al PSE, PNV y Batasuna a activar las reuniones tripartitas para intentar salvar los trastos del proceso de normalización política, viendo que el de pacificación podía irse a pique. Socialistas y jeltzales, no obstante, no ocultan que consideran el comunicado de agosto una injerencia inadmisible de ETA en la negociación política.
El 20 de septiembre tiene lugar el primer encuentro, en el que ya se empieza a redactar un borrador del preacuerdo que pasaría a debatirse en la futura mesa de partidos, donde este texto debía llegar cerrado al menos al 50%.
Los participantes no quieren dar puntada sin hilo: convienen en dejar plasmado en un documento secreto las bases políticas de su acuerdo, los principios metodológicos para hacerlo realidad y el protocolo de gestión del proceso, que contemplaba la redacción de un acuerdo-marco final que sería depositado en el Vaticano de manera oficial.
recelos Los interlocutores de Batasuna se muestran impacientes y urgen al resto a marcar plazos para salvar la crisis abierta entre Gobierno y ETA. La puesta en escena de tres encapuchados armados en Aritxulegi la víspera del Alderdi Eguna y los actos de kale borroka no contribuyen a disipar recelos.
En octubre se suceden las reuniones y Batasuna, PNV y PSE acercan posturas y liman asperezas, a pesar de que el ambiente exterior no contribuye especialmente a que así sea: Iñaki de Juana -calificado como "un incontrolado" por la izquierda abertzale- abandona su primera huelga de hambre en medio de la polémica (8 de octubre), presuntos miembros de ETA roban 350 armas y munición en la localidad francesa de Vauvert (día 23), la Audiencia Nacional confirma el procesamiento de la cúpula de Batasuna por integración en ETA (día 24)...
A finales de mes, la resolución del Parlamento Europeo respaldando la decisión del Gobierno español de iniciar un diálogo con ETA y la declaración en la que el presidente José Luis Rodríguez Zapatero insinúa que una nueva marca de Batasuna pasaría los filtros legales permiten asomar un poco de luz sobre los negros nubarrones que se ciernen sobre el proceso.
Los de Loiola también están de enhorabuena: el 31 de octubre tienen sobre la mesa un calendario de actuación y un texto que cuenta con el visto bueno de los tres partidos. Incluso de un PSE que, en boca de un entusiasmado Eguiguren, insiste en que mientras no haya muertos "todo es posible", a pesar de que lo plasmado en el texto supone un salto cualitativo para un PSOE que podría verse atado de pies y manos por las presiones del PP. Quedaba por ver si tal afirmación podía traducirse como un cheque en blanco de la cúpula socialista o sólo revelaba su entusiasmo personal.
En lo pactado no faltan detalles: Eusko Ikaskuntza contribuiría a dar visibilidad social al acuerdo de bases alcanzado organizando un evento público en diciembre. Enero se abriría con la incorporación de una delegación de socialistas navarros a las conversaciones.
Otegi no disimula su satisfacción por un texto en el que algunos de los huesos más duros de roer de Batasuna han reconocido que se encontraba la solución al conflicto vasco. Jeltzales, socialistas y representantes de Batasuna se despiden ese 31 de octubre convencidos de haber marcado un antes y un después.
Quedan en rubricar el acuerdo de bases definitivo en la próxima cita, una vez que los respectivos órganos de decisión de sus partidos den un último vistazo al texto redactado y hagan las precisiones terminológicas que consideren oportunas -"Matices", aseguran-. Ninguno de los interlocutores imaginaba entonces que este preacuerdo recibido casi con tracas y salvas no vería la luz y quedaría condenado al destierro apenas una semana después.
Hasta algunos de los huesos más duros de roer de Batasuna reconocieron que el texto contenía la solución
Eguiguren no ocultó su entusiasmo al empezar a definirse el acuerdo, aunque suponía un salto cualitativo para el PSOE
las conversaciones de loiola (I) |
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