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El Guggenheim entre cepas
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PESE a la poesía que emana del digno propósito de hacer camino al andar, en los frondosos parajes de Euskal Herria quedan pocos senderos por explorar de la mano de la curiosidad por lo desconocido, y los que quedan, mejor que sigan ocultos dentro de ese enigmático protector mar de árboles. La mayoría de las vías que surcan los variados paisajes nacieron tierra hollada y han crecido asfaltándose para el tránsito rodado en detrimento de la belleza del entorno. En algunos lugares, se ha obrado el milagro de una leve simbiosis que ha recreado una nueva suerte de hermosura. Atravesar las áridas tierras asaetadas de cepas de Rioja Alavesa por las estrechas, sinuosas y erizadas por un continuo sube y baja es per se una grata experiencia a una velocidad que permita disfrutar del entorno, si además el camino lleva a ese nuevo Elciego coronado por la joya que ha diseñado Frank Ghery para Marqués de Riscal no hay excusas para no transitarlo. El arquitecto ha encontrado, como hiciera en Bilbao con el Guggenheim, el lugar idóneo para que su obra no chirríe. Al contrario, ha vuelto a retorcer el titanio, en este caso irisado, para destacar lo que le rodea en perfecta comunión el entorno. Otro universo irreal pero tangible de Ghery.
Elciego
por Asier dÍez mon
Rincones de Euskal Herria |
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