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Consejeros de Condesa, Juan Jose Iribecampos, Maite Uribarren y Luis Uribarren. Foto: Sampedro |
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Una empresa mundial nacida en la localidad guipuzcoana de Arrasate
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Condesa surgió en 1954 en la cuna del movimiento cooperativo y en 1972 se trasladÓ a Legutiano.
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BIlbao. La historia de la Sociedad Conducciones y Derivados (Condesa) es el reflejó del espíritu emprendedor de una generación de vascos, buena parte de ellos guipuzcoanos, que a mediados del siglo pasado montaron los primeros talleres de lo que luego han sido empresas de primer nivel en el sector metalúrgico estatal y, en algunos casos como el que nos ocupa, europeos.
Condesa es fruto del tesón y la iniciativa de Donato Iribecampos, un industrial que montó su propia empresa en 1954 en la localidad guipuzcoana de Arrasate-Mondragón, un poco antes de que se consolidase el movimiento cooperativo en dicha localidad vasca.
Como muchos otros industriales del Alto Deba, al ver que el crecimiento de la empresa estaba constreñido por la escasez de suelo industrial en la comarca, Iribecampos apostó por ampliar su actividad en los cercanos terrenos del territorio alavés.
En 1972 dio el salto al municipio alavés de Legutiano en unos amplios terrenos cercanos a la carretera Bilbao-Vitoria no muy lejos del pantano de Santa Engracia. Desde allí se ha situado como un líder europeo en tubos de acero soldados tras adquirir el negocio de tubos en Europa, incluidas las plantas navarras, del gigante Arcelor, uno de cuyas compañías fundadoras, la francesa Usinor, fue socio de Iribecampos en Condesa desde 1992 a 2004, y ahora espera, a través de TR, consolidarse a nivel mundial. Buena parte del secreto del éxito de Condesa es la calidad de la producción con un proceso de automatización muy avanzado. >X. A. |
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