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Precio de la vivienda (II)
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Paulina Garaigorta
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EL segundo impacto del alto precio de la vivienda tiene todavía un efecto mayor que el señalado (Parte I) sobre el primer empleo de jóvenes e inmigrantes. En ausencia de un mercado desarrollado para el alquiler, una subida de los precios inmobiliarios como la que se ha producido en los últimos años hace que la capacidad de ahorro de toda una generación se tenga que dedicar a la compra de la propia vivienda.
Hoy un joven que empieza su vida laboral necesita 50 años para pagar la totalidad del principal y los intereses de la deuda contraída para comprar la vivienda, en el caso de que pueda dedicarle el 30 por ciento de su salario y de que los intereses no suban por encima del 5 por ciento. Y en el caso de que afronten en pareja dicha compra, tendrán que dedicar al pago de la misma el 30 por ciento de los dos sueldos durante un período de 25 años. Es decir, el ahorro familiar de toda una generación se invierte en el piso, y el sistema financiero le dedica más del 50 por ciento de todos los créditos a hacer posible esa inversión. El volumen total de crédito a la construcción y vivienda alcanza hoy en España la cifra de 818.000 millones de euros, casi el 85% del PIB, mientras el crédito a la industria se limita a 110.000 millones de euros. Pero además esta tendencia a favor de la vivienda y en detrimento de la industria es creciente. La Industria, que en la CAV representa el 29 por ciento del PIB y el 25 por ciento del empleo (243.000 trabajadores), recibía un 12% del crédito total en el año 2.002 y ahora recibiría solamente el 8,5 por ciento, según los datos globales del Banco de España. Por su parte el conjunto de la construcción y vivienda, que en la CAV representa el 9,2 del PIB y un 8,5 del empleo (84.000 trabajadores) recibía el año 2.002 el 40 % del crédito total y hoy recibe ya el 60%, según los mismos datos globales.
Lo preocupante de la situación en que nos encontramos es que ésta desequilibrada asignación de recursos financieros se ha concentrado en una inversión con un escaso potencial multiplicador de la producción y del empleo. Cuando se produjo la burbuja del sector Informático en EE.UU. en la década de los 90, se dedicaron también grandes recursos financieros, muchos con afán especulativo como ahora sucede aquí con la construcción, a un sector emergente que de ninguna manera aportaba a la economía en ese momento un valor añadido de tanta importancia. El precio de los valores Nasdaq llegó a descontar 130 veces los beneficios en 1.999, cuando la media histórica y el sentido común colocaban esa cifra en 14 veces como máximo. Este desequilibrio no se podía sostener y cuando la burbuja reventó muchos especuladores perdieron su dinero. Pero se había logrado poner en marcha un nuevo sector tecnológico que siguió generando empleo cualificado después de la caída de los valores en la Bolsa y también promovió un extraordinario aumento de la productividad en EE.UU. y en muchos otros países. Pero, desgraciadamente, cuando el ritmo y potencia de este tsunami de cemento y ladrillos inicie paulatinamente su desaceleración y retirada, va a dejar en la CAV una vivienda por cada 2,5 habitantes (Fundación de las Cajas de Ahorros, 2.006), y va a dejar también una generación entera de nuevos hogares endeudados por 30 años, y un grupo numeroso de jóvenes e inmigrantes poco cualificados en el paro. No hay perspectivas ni de nuevos empleos ni de aumentos de productividad para la economía. Por lo tanto el precio de la vivienda, levantado como una cometa por la enorme corriente de la financiación que se le ha concedido, ha atrapado entre sus hilos, con sugerentes ofertas bien publicitadas, el ahorro presente y futuro de las familias para financiar a un sector con una capacidad limitada, y hoy tal vez agotada, de promover el crecimiento y el empleo cualificado.
El precio de la vivienda ha atrapado el ahorro en un sector con capacidad limitada de crear empleo cualificado |
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