Hay 6.615 millones de personas sobre este mundo. Si el dato no les dice nada, prueben a pensar lo siguiente: según los informes anuales sobre el Estado de la Población Mundial que publica Naciones Unidas, desde 1950 hasta 1999, es decir en sólo 50 años, el mundo había doblado su población, de 3.000 a los 6.000 mencionados.
Y por si los números aún les bailan en la cabeza, lo pondremos de otra manera: al comenzar el siglo XX, la población mundial era de aproximadamente 1.500 millones de personas; hacia 1.960 se había duplicado; y hacia finales del S. XX se había cuadruplicado. Aunque es poco probable que vuelva a crecer con la misma velocidad que en los últimos decenios y, en particular, en los últimos 12 años, en que se agregaron 1.000 millones de personas.
Estas cifras demoledoras han hecho que muchos economistas, sociólogos y científicos se muestren de lo más pesimista a la hora de encarar el futuro de la humanidad. Las proyecciones para los próximos años tampoco son muy halagüeñas: el informe de 2007 anticipa que llegaremos a los 7.000 millones en apenas cuatro años. Somos muchos, somos demasiados.
El profesor Santiago Grisolía (Valencia, 6 de Enero de 1923) Premio Príncipe de Asturias de Investigación científica y técnica 1990, se lleva ocupando de este asunto durante gran parte de su carrera, y muestra una preocupación personal "desgraciadamente minoritaria", según él mismo confiesa, porque las autoridades han dejado de prestar la atención debida a este problema.
Este científico, Presidente del Comittee for Scientific Coordination de la UNESCO para el proyecto del Genoma Humano, opina que las preocupaciones de la humanidad como la escasez energética, el calentamiento global, las terribles hambrunas, la destrucción sistemática de ecosistemas, entre otras, tienen un origen común: el aumento de la población: "Hay que comer, hay que vestirse y cada año somos 80 millones más. Además, hay un límite de población. En los países del primer mundo se ha olvidado, gastamos de forma increíble y nos parece que no va a haber problemas. Es muy importante el toque de atención sobre cambio climático pero la gente no lo relaciona directamente con el incremento de la población; sólo con la producción de anhídrido carbónico y con que se acaben los combustibles", opina este experto. Además, establece diferencias entre el primer mundo y el resto del planeta, ya que el mejor medio para el control de la natalidad es el desarrollo económico y la educación. En los países en los que aumenta la enseñanza, se regula la natalidad, como pasó en España. En general, en los países del primer mundo, ha disminuido bastante, a pesar de que la Iglesia Católica se opone a los anticonceptivos. El caso es que el aumento de la población se ha desarrollado desigualmente en el mundo: en algunos países desarrollados, se han producido crecimientos negativos de población. Y los Gobiernos intentan compensarlo con políticas natalistas, como en la reciente propuesta del ejecutivo español para primar con 2.500 euros cada hijo.
Por si alguien piensa que este es un problema del Siglo XXI, debe saber que ya en el S. XIX un economista aventuraba en un ensayo, que luego se convertiría en pilar de la economía social, que ya en aquella época éramos muchos. El pesimista Malthus, (1766-1834) condenaba a la humanidad a un crecimiento que superaba con creces su modo de subsistencia. Su doctrina social carecía de factores determinantes, como considerar el desarrollo tecnológico como fuente de producción de alimentos, entre otros, pero su pensamiento se puede resumir en aquello de que "la población tiende a crecer en proporción geométrica, y el sustento se acrecienta en proporción aritmética, lo que significaba que habría lucha continua de los seres por la comida existente; sólo los más fuertes sobrevivirían en la contienda". Sin llegar a los extremos Malthusianos, Santiago Grisolía lo tiene claro: "el primer límite a la población -afirma- lo pone el terreno que se puede dedicar a la producción de alimentos. Y ahora, encima, se pretende dedicar parte de los alimentos a productos energéticos, lo que es muy grave. Una quinta parte del alimento que tomamos viene del maíz, pues la mayoría de los animales son alimentados con él. Transformarlo en bioetanol no es muy lógico, salvo para las empresas, porque el maíz está muy subvencionado en los Estados Unidos". Estas declaraciones dan una pista sobre cuáles son las prioridades en el primer mundo. Aunque Grisolía recalca que el problema está en La India y África, con sus masas empobrecidas. Y es que la ONU calcula que África habrá añadido en 2050 1.000 millones de personas a los 954 que tiene, duplicando población. En La India y los otros países de Asia centromeridional (Paquistán, Bangladesh..) crecerán un 50%.
La frágil solución de la vida en la ciudad
La urbanización da cierta esperanza. En 2008 el mundo alcanzará un hito invisible pero trascendental: por primera vez, más de la mitad de su población, alrededor de 3.300 millones de personas, vivirá en zonas urbanas, según la ONU. Para Santiago Grisolía, esto puede moderar el crecimiento de la población: "Aparte de la calidad de vida, que seguramente no va a mejorar, puede tener incluso un efecto positivo, porque generalmente la población urbana está más al corriente de hechos científicos y desea conseguir un estándar mayor de vida,". Pero ese efecto se vería sustancialmente matizado por otro importante. Gran parte de ese crecimiento urbano será de población en extrema pobreza, cuyas tasas de fecundidad no son exactamente las urbanas. La migración poblacional desde el campo a las ciudades provocará que las mujeres pobres tengan un menor uso de anticonceptivos y tasas de fecundidad más altas que sus homólogas en mejor condición económica. En algunos casos, su situación se asemeja mucho a la de las mujeres rurales" se reconoce el Informe sobre Población de 2007 de Naciones Unidas. >L. F.
La Frase
"Los recursos se acaban. Y al año somos 80 millones más de personas."
sANTIAGO GRISOLÍA
Investigador bioquímico |