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De orines de antemano
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Xabi Larrañaga
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se lo suelto antes de que Telebilbao le dedique varios programas a la polémica: el Ayuntamiento capitalino ha decidido aumentar en un centenar la cantidad de meaderos que nos aliviarán durante la Aste Nagusia. Nuestros angustiados cuerpos dispondrán de 176 urinarios mixtos, esos que por solidaridad masculina ocupan sólo las mujeres, y 216 en exclusiva para los maromos, supongo que del tipo partida de mus o del modelo catarata impúdica.
El primero, el del mus, es esa marciana plataforma verde que mientras uno se desahoga ofrece la oportunidad de guiñar al paisano de la derecha, charlar con el de enfrente y sujetarle el katxi con las paletas al de la izquierda. Todo muy solidario y de amigotes, que parece que vas al baño como a la mili. El segundo, el de la catarata, consiste en una chapa por la que corre el agua y donde cabe organizar raudos campeonatos de puntería, esgrima, grafitos y hasta puja de tamaños, pues no hay separación entre meones. De modo que no es apto para pacatos y acomplejados. Y además salpica.
Los responsables municipales sostienen que "el nuevo parque de inodoros públicos" -¡toma ya!- atenderá veinte mil "usos" por hora, y me pregunto si llamarán así a la simple micción, vamos, al meo de toda la vida, o incluirán otra suerte de acciones que acontecen sobre y junto a la taza portátil. Añadiré, por barnizar de cultura estas líneas, que la costumbre de adjudicar retretes según el sexo no es secular, como no son iguales los hábitos al vaciar la vejiga. Contaba Heródoto de Halicarnaso, hace 2500 años, que "las mujeres egipcias orinan de pie y los hombres de cuclillas". Así que todo está inventado salvo la fórmula más higiénica y vistosa: si no un golpe de electrodos, al menos un leve calambrazo para quien mee o desbeba en la Ría. Donde más duele, claro. Y verán qué bello espectáculo, qué cruce de parábolas líquidas iluminadas. |
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