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Wayne Shorter, ayer, con la placa del premio Donostiako Jazzaldia. Foto: karlos corbella |
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"Lo fundamental en el arte es la lucha por conseguir nuevos colores"
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wayne shorter ya es premio donostiako jazzaldia. El cuarteto del saxofonista estadounidense ofreció ayer un concierto en el Kursaal junto a Imani Winds.
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JUAN G. ANDRÉS
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DONOSTIA. Quizá porque el común de los mortales entiende más fácilmente el lenguaje del balompié que el del jazz, el director del festival, Miguel Martín, empleó un símil futbolístico para explicar la importancia que Wayne Shorter, nuevo premio Donostiako Jazzaldia, tiene en la historia de la música improvisada.
Recordó que cuando el saxofonista jugaba como "defensa central" en los Jazz Messengers de Art Blakey, el trompetista Miles Davis llegó en los 60 y lo fichó como "delantero" de su quinteto. Después formaría su propio equipo, Weather Report, para llevar su propuesta por otros derroteros. Con ese bagaje se lanzó a madurar una "extraordinaria" carrera en solitario que lo han situado siempre "muy por delante" de la mayor parte de los músicos de jazz.
Con camisa azul, pantalones blancos y zapatos negros, Shorter agradeció lacónicamente la concesión del premio, tal vez porque prefería expresar su gratitud con el concierto que horas después ofreció en el Kursaal. En la rueda de prensa del mediodía, prefirió destacar las virtudes de sus colaboradores de Imani Winds, un quinteto de viento cuyos discos, difíciles de encontrar por estos lares, se venden en los apartados de música clásica. El pasado año el saxofonista compuso la obra Terra Incognita para esta agrupación. Y ayer fue el estreno europeo en el que también participan el pianista Danilo Pérez, el bajista John Patitucci y el batería Brian Blade. Wayne Shorter quiso desterrar el tópico según el cual la música clásica y el jazz están "desconectados". "Nuestra misión es eliminar ilusiones falsas e ir a por la auténtica fantasía", sentenció.
trascendental No fue el único pensamiento trascendental vertido por el galardonado intérprete en sus diez minutos escasos de comparecencia. "En cualquier cosa que hagamos en el arte lo fundamental es la lucha por conseguir nuevos colores, ésos que no ves ni oyes pero que puedes percibir con el sexto sentido. Por ejemplo, el color de la eternidad, algo que en nuestro profundo interior sabemos que existe", aseguró, enigmático. A su juicio, "en el jazz ha faltado durante años esa búsqueda de color, el trabajo del pintor y el acuarelista que rastrean y mezclan colores".
No hubo oportunidad de preguntar a Shorter por sus tres visitas anteriores a Donostia ni fue posible interrogarle sobre otras cuestiones, pero los presentes en la rueda de prensa comprobaron que la mente del saxofonista que pronto cumplirá 74 años jamás descansa. Nada más recibir la placa que lo hace acreedor de la máxima distinción del certamen, declaró que el constante click de las cámaras de los fotógrafos que le asediaban le había sugerido una nueva composición. ¿La presentará en nuevos festivales? Genio y figura. |
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